La primera noche en Líbano

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A doce horas de camino hay un Zara enorme que hace esquina en la avenida principal de Sidón. Está a media hora exacta del aeropuerto de Beirut, y aún queda un trecho de hora y pico hasta la base de Marjayún. Esta cara de Líbano, de noche, se confunde con las faldas del Puerto de la Cruz pero sin luces. La misma colección de edificios a las afueras salpicados sin urbanismo, sin color y más fluorescencia. Valles y vaguadas. Hay ratos que intuyes que subes un puerto que parece el Mojón de Cabra, pelado y tosco, y otros una retahíla de parcelas ilegales en llano como en las afueras de Córdoba. A cada salto un cartel con banderas amarillas. “Son de Hezbolá”, me dicen. “Ese pueblo que ves ahí arriba es de mayoría chií”. Entre medias, controles y edificios a medio hacer. Estructuras habitadas por familias que toman el fresco bajo una tormenta de rayos que no cesa.

Desde el aeropuerto de la capital de Líbano hasta la base de la Brigada Guzmán el Bueno X con Naciones Unidas da tiempo a ver a oscuras todo el eclecticismo de un país complejo y más rico de lo que parece. Todo muy despacio. También pasan tres horas desde que te sella el pasaporte una joven de un cuadro de Romero de Torres hasta que llegas a tu destino. “No hago más que pensar en la cerveza de barril que me voy a tomar ya mismo”, dice uno que no llega a los veinticinco. Por supuesto, uniformado y con la gorra azul de Unifil. Su acento cordobés no es de la capital.

A menos de quince metros hay listo un convoy francés con tres blindados armados hasta los dientes. Aunque despacio y echada a la izquierda de la carretera, siempre a la izquierda, la “malla” española los cogerá antes de desviarse en el camino hacia el este.

Metula es Israel y mañana se verá a plena luz del día. Está ahí al lado. La base Miguel de Cervantes pasada la hora de silencio, las once, es perfecta. “Naciones Unidas dice que es la mejor de todas”, añade un oficial. Es cierto, es amplia, ordenada, limpia y silenciosa. Pasada la media noche no se ve a nadie. No se escucha a nadie.

En la puerta de entrada hace guardia un joven indonesio con un VEC cruzado en la vía. Ojo, descargar las armas antes de pasar. En cuatro horas en planta y con luz del sol. Qué bochorno. Faltan horas para la vuelta a casa… Todos duermen (menos los brasileños y el oficial nepalí del TOC), pero se palpa que es una noche muy especial. La primera para algunos y la última para muchos después de seis meses.

 

Vea la galería de fotos del primer día en este enlace

Más información sobre la misión de la Brilib XXII en Líbano

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA