Reporteros sin libertad

Javier Espinosa. 30.03.2014. foto PACO CAMPOS

El periodista Javier Espinosa es recibido por su hijo, en la base de Torrejón, el pasado 30 de marzo tras seis meses secuestrado en Siria.
foto PACO CAMPOS

 

La imagen de Javier Espinosa recibido por su hijo en el aeropuerto después de seis meses de secuestro en Siria; la de Ricard García Vilanova, desnortado aún por el mismo cautiverio, o antes un exhausto y firme Marc Marginedas, compañero de El Periódico de Cataluña y enviado especial del Grupo Zeta, también privado de libertad en la misma zona de conflicto, deberían servir para hacernos reflexionar a todos, a este y al otro lado del muro de las libertades y los silencios, sobre nuestra profesión, lo que significa el periodismo y lo que se espera de ella.

La violencia contra los periodistas se ha disparado en los últimos años. También la presión moral y laboral. Sin ir más lejos, ayer murió tiroteada en Afganistán la fotoperiodista alemana Anja Niedringhaus, en un ataque en el que también fue herida grave la reportera canadiense Kathy Gannon. Estos son los ejemplos más dolorosos.

Los periodistas que apuntan sus historias sobre hombres desesperados encaramados a una valla en Melilla, que apuntan sobre la miseria de barrios bombardeados y masacrados en Alepo; aquellos periodistas que sobre el terreno, amenazados más que nunca, se resisten a ser llamados gestores de contenidos, servidores de grandes agencias, merecen ser considerados como héroes de nuestros tiempos porque tratan al lector como ser y no como un mero consumidor. Y se la juegan por ello.

La guerra de Siria ha evidenciado lo que significa (e implica) el silencio informativo. Sin embargo, esta realidad se puede extrapolar (con sus matices particulares) no solo a Oriente Medio, sino también a Afganistán, Ucrania, China, Estados Unidos o la cercana Melilla; frentes calientes de esta ‘guerra’ particular entre la realidad y el negocio que alcanza hasta las fronteras locales de la información.

La sociedad necesita de profesionales libres y valientes, pero más aún de empresas honestas y ahora más que nunca de quienes las sustentan con publicidad (pública o privada);  también de ciudadanos responsables que consuman un producto esencial e indisoluble de la democracia.

Siempre nos quedarán ellos, reporteros únicos. Siempre se necesitarán lectores con ansias de libertad.

 

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA