Oriente desintegrado

Reunión siria LOLA ARAQUE

Un grupo de opositores al régimen sirio es fotografiado en el interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Foto: LOLA ARAQUE / Diario CÓRDOBA

 

Hay demasiados peligros alrededor del debilitamiento de los estados de Oriente Medio y el Norte de África tras la llamada Primavera Árabe. El resurgimiento del yihadismo en la zona, sobre todo en Irak y Siria, constata el fracaso (que no la voluntad de los pueblos) de las revueltas árabes para crear gobiernos democráticos estables, incluso con la participación mayoritaria de islamistas moderados.

Después de tres años de conflictos, resulta paradójico escuchar aún a actores principales solicitando una solución en solitario en un mundo interdependiente y globalizado. Curiosamente, el paso atrás de Estados Unidos en Siria e Irak –la retirada de sus efectivos de combate y del apoyo militar a la oposición moderada–, sin ir más lejos, no ha hecho sino agravar la fragmentación de grupos rivales sobre el terreno y dar mayor protagonismo a los extremistas, con Al Qaeda a la cabeza.

Los viejos estados, otrora unidos a sangre y represión por dictadores sustentados por gobiernos extranjeros, se han convertido de facto en federaciones donde grupos  sectarios y tribales combaten entre sí. La creciente rivalidad entre suníes y chíis ha agravado la situación en Oriente Medio. Antes, el equilibrio de poder se mantenía entre la fuerza mayoritaria suní del régimen de Saddam –apoyada por saudíes, rusos y gobiernos occidentales—y la teocracia iraní. Ahora, las alianzas están en el aire con unas monarquías del Golfo contrarias al gobierno chií iraquí y también enfrentada a Al Asad en Siria con la idea de alejar al país de la influencia de Irán y la milicia chií libanesa de Hezbollah, sus rivales en la zona. Como resultado, lejos de reequilibrarse la situación con las nuevas alianzas, Siria soporta el dolor de más de un centenar de miles de muertos desde que estalló el conflicto en el 2011, sumando al problema geoestratégico el sectario entre corrientes religiosas que no entienden de fronteras.

Con Siria fragmentada, Líbano siempre en peligro e Irak en el punto de mira de todos –no hay que obviar la cuestión kurda que está por saltar por los aires–, los grupos yihadistas se han hecho fuertes en su intención de crear un gran estado islámico en la zona. Solo las tensiones de las últimas semanas entre grupos radicales, sobre todo entre los “extranjeros” del ISIS y las facciones locales del FI y Al Nusra, podría allanar el camino para la reaparición de movimientos más moderados y respaldados de nuevo por Occidente. Las declaraciones en Córdoba, durante los dos días del foro de la oposición siria, de algunos líderes religiosos llamando a la unidad, incluso con islamistas sirios, está en dicha clave: volver al origen del frente común contra el régimen de Al Asad y aislar de paso a Al Qaeda.

En medio de esta división de poderes (Asad-yihadistas-rebeldes) es donde más tiene que decir una coalición moderada siria apoyada por Occidente, lo más unificada posible. Según informó ayer New York Times, Estados Unidos podría estar reconsiderando la reanudación de la ayuda militar a la oposición moderada siria. Sin embargo, con la cumbre de Ginebra II en el punto de mira, conclusiones como las dadas esta noche en Córdoba (independencia nacional en la toma de decisiones, derrocamiento y futuro sin Asad y representantes del actual régimen, liberación de los presos políticos, etcétera, etcétera…) bien debieran ir acompañadas por instar a Irán o a Arabia Saudí (no solo a EEUU, la UE y Rusia) al diálogo y al consenso, y a trabajar entre todos por un alto el fuego y la llegada de ayuda humanitaria al pueblo sirio. El gran perjudicado, como siempre, en esta triste historia.

 

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA