Siria-Córdoba-Ginebra II

1238896_483914195038807_521300714_n

De Medina Azahara a la Casa Árabe:
Hace 12 años, Al Asad era recibido en Córdoba en la exposición “El esplendor de los Omeyas cordobeses”. En la imagen, saludando a la reina Sofía, en presencia del rey Juan Carlos I.
Foto: EFE

 

Hace más de una década, el presidente sirio, Bachar al Asad (Damasco, 1965), era recibido como aliado y amigo de España en el palacio cordobés de Medina Azahara en la exposición “El esplendor de los Omeyas cordobeses”. Mañana, Córdoba se colará de nuevo en la intrincada ruta siria con destino final en la cumbre de Ginebra II, con el futuro de Oriente Medio sobre un difícil tablero de juego.

Más allá de buenas intenciones y propuestas más o menos válidas que surjan entre algunos de los grupos opositores al régimen sirio, que aquí se darán cita hasta el viernes, lo único incuestionable es que la antigua capital del Califato omeya se ha convertido en los últimos tiempos en un destino neutral de encuentros internacionales por la paz y el diálogo. Esta será, sin duda, la mejor conclusión que ofrecer al mundo de un encuentro preparatorio más de la gran cumbre prevista para el día 22 en Suiza.

Sin embargo, quien haya seguido en los últimos meses el enrevesado conflicto sirio puede confirmar el desinterés creciente dentro de la llamada oposición sobre el terreno por iniciativas como las que se va a dar en Córdoba en los próximos dos días. Antes lo fue en Madrid (en el pasado mes de mayo) o este domingo, sin ir más lejos, también en la capital francesa, con presencia de líderes políticos, sociales y religiosos de primer orden internacional.

Desde que el Occidente político entró en escena, bien para unir en una única dirección a los que quieren echar de Siria a la familia que encabeza el presidente Al Asad –aliado geoestratégico de Rusia e Irán–, o los que, simplemente, pelean por la caída de todo el régimen, nunca antes se había mostrado tan efímero el equilibrio de poder sobre el terreno sirio; una continua confusión provocada por todo Oriente Medio y norte de África tras los levantamientos de la Primavera Árabe en 2011, con sus particularidades.

A pesar de los continuos esfuerzos por representar a la oposición política moderada, la Coalición Nacional de Siria (CNS), que estará representada en Córdoba por su viceprimer ministro, Aiad Koudsi, entre otros, cuenta cada vez con menos respaldo entre los grupos armados y políticos dentro de  Siria, según los analistas. Esta nueva fase del conflicto se presenta, además, en un momento decisivo en las aspiraciones de esta facción apoyada por más de un centenar de países, entre ellos la UE y EEUU, y que aspira a construir un gobierno de transición en su país sin Asad y convocar elecciones libres.

Lo que está en peligro en los últimos meses es la influencia occidental en la crisis. El yihadismo va en aumento. Los dos grupos más activos en el país, el Estado Islámico en Irak y al-Sham (ISIS) y el Frente al-Nusra (JAN) –vinculada a la rama iraquí de Al Qaeda– siguen aumentando su control geográfico del conflicto. En toda la región ha crecido la militancia islamista alimentada por múltiples factores: el expansionismo yihadista en la zona, la violencia sectaria, la persecución de los Hermanos Musulmanes en Egipto, la creciente presencia desestabilizadora del fundamentalismo europeo… En el contexto actual de inestabilidad entre las múltiples facciones armadas todo cabe, incluidos los últimos combates entre grupos yihadistas aliados pero competidores ideológicamente.

Al mismo tiempo, el brazo armado de la Coalición Nacional Siria (CNS), el Consejo Militar Sirio (CMS) / Ejército Libre Sirio (ELS) –formado por un sinfín de brigadas de distinta naturaleza ideológica–, ha disminuido su influencia, superado ya por grupos más radicalizados como el Frente Islámico (FI), Al-Jabha al-Islamiyya, compuesto por las principales facciones islamistas en el terreno y que antes nutrían el ELS; la fragmentación también ha golpeado la credibilidad tanto interior como exterior de esta oposición armada moderada.

 

ESTADOS VISAGRA

Pero aspectos geopolíticos más complejos complican aún más la situación en Oriente Medio. Arabia Saudí y otros estados suníes del Golfo compiten por la influencia en la zona con Irán. Las nuevas relaciones entre el estado persa y Occidente, tras las últimas negociaciones nucleares, han dado vía libre a las monarquías árabes para asumir políticas menos dependientes de sus antes aliados occidentales. A nadie se le escapa que son fuentes de ingresos importantes, sobre todo para grupos salafistas sirios.

El caso de Irán –al igual que el de Rusia—no es nuevo. La continuidad del actual régimen es clave en su política de confrontación con Israel, ya que su principal aliada sobre el terreno, y también de Al Asad, la milicia chií libanesa Hezbolah resulta clave en su estrategia disuasoria contra las amenazas israelíes de atacar sus bases nucleares. Además, Irán no fue invitada a Ginebra II –se negó a que Al Asad cediese el poder al gobierno de transición–, lo que no solo hizo aumentar su apoyo al régimen sirio, sino que reforzó las posturas menos moderadas dentro del país persa que representa su actual presidente, Hassan Rouhani, contra la línea dura que lidera la Guardia Revolucionaria. El factor sectario (chiís contra suníes) se presenta como un elemento de riesgo clave en la zona.

Como todo conflicto de esta naturaleza, los reajustes en los equilibrios de poder son constantes y toda la presión diplomática occidental se ha colocado sobre hombros de una débil CNS, en un delicado momento previo a la cumbre de finales de mes en Suiza. Aquí radica la importancia de estas reuniones previas que persiguen legitimar una apuesta común, creíble y de amplio consenso. Por todo esto no es de extrañar los cambios de registro de países tan inflexibles como EEUU en la cuestión terrorista, en sus intentos por atraer (y también por dividir) a facciones islamistas hacia el diálogo. Y es que el aumento de yihadistas europeos en Siria (también estadounidenses) desde el inicio del conflicto en 2011 va en aumento. Aún es pronto para ver si la administración Obama hará un giro a su política de apoyo a la oposición siria contra el actual régimen como único interlocutor, o entablará negociaciones con otros grupos rebeldes, prosaudíes o incluso cercanos al actual régimen, hacia una mayor participación en la hoja de ruta para poner fin a la guerra.

Mientras tanto, día tras día, el pueblo sirio se muestra decepcionado y olvidado, entre cientos de miles de muertos, millones de heridos, perseguidos y desplazados y también mártires.

Al igual que en el mes de septiembre, cuando se anunció la posibilidad de esta reunión en Córdoba, la mejor noticia está en la voluntad de algunos por el diálogo en lugar del recurso macabro de las armas.

 

-Más información sobre la evolución del conflicto sirio en “La aspillera” 

 

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA