Israel-Palestina: un proceso minado

Palestinians youths hide behind a wall during clashes with Israeli security forces in the West Bank city of Hebron, 22 September 2013. efe

Palestinians youths hide behind a wall during clashes with Israeli security forces in the West Bank city of Hebron, 22 September 2013.
AGENCIA EFE

 

La muerte este fin de semana de dos soldados israelíes en Cisjordania ha devuelto al peor de los escenarios las ya de por sí débiles conversaciones de paz entre israelíes y palestinos, paralizadas desde el 2010, y que parecían encauzadas de nuevo este verano.

Varios ministros del Gobierno judío de Benjamín Netanyahu han pedido reconsiderarlas así como paralizar las liberaciones de presos palestinos previstas en julio después de la muerte de ambos militares.

El primero de ellos, Tomer Hazan, fue encontrado el sábado en un pozo cerca de la ciudad palestina de Kalkilia asesinado a manos del palestino Nidal Amer, al que conocía del trabajo, y cuyo cadáver pretendía canjear por su hermano encarcelado, según informó el Ejército israelí. Un día más tarde, Gal Kobi murió en la ciudad cisjordana de Hebrón durante la festividad judía del Sukot, según las mismas fuentes, abatido por un francotirador palestino aún desconocido.

Ambas muertes han hecho reconsiderar a un amplio sector de la población israelí, y sobre todo a parte de su clase dirigente, un cambio de rumbo en el proceso abierto.

Medio millón de israelíes y 2,5 millones de palestinos conviven en Cisjordania y Jerusalén Este, junto a la franja de Gaza, territorios ocupados por Israel tras la Guerra de los Seis Días en 1967.

Desde el anuncio de la reanudación de las conversaciones de paz, la zona se ha convertido en un foco de tensión incrementada, sobre todo en Hebrón donde medio millar de colonos israelíes conviven entre más de 100.000 palestinos, así como en la franja de Gaza, donde la crisis humanitaria ha estallado desde la caída del Gobierno de Mursi en Egipto por la destrucción paulatina de hasta el 95 por ciento de los túneles utilizados en Rafah, que hacían las veces de pulmón para los palestinos desde el Sinaí.

 

A Palestinian argues with Israeli soldiers as he tries to walk through a closed off area during clashes in the West Bank city of Hebron September 23, 2013.
REUTERS

 

En el casco antiguo de Hebrón, colonos israelíes ocuparon una casa en abril del pasado año –precisamente en la zona desde donde se realizó el disparo del francotirador el pasado domingo—lo que provocó protestas y su desalojo, y que ha sido paralizado tras el asesinato por el propio primer ministro. Esto evidencia la consideración de arma arrojadiza y de negociación de la política israelí de asentamientos.

Precisamente, esta política es una de las principales controversias entre israelíes y palestinos, con ramificaciones en otras potencias mundiales que la consideran ilegal por cuanto impide la creación de un futuro Estado de Palestina.

La semana pasada, un nutrido grupo de representantes políticos de la Unión Europea viajó a Cisjordania –el 60 por ciento del territorio está controlado por Israel– con un convoy de ayuda humanitaria para entregar unas tiendas de campaña a un centenar de beduinos cuyas chabolas fueron demolidas por el ejército israelí que controla los permisos en la zona. En dicha visita –antes lo intentó sin éxito la Cruz Roja–, se produjeron incidentes contra la delegación europea, y la consiguiente protesta del Gobierno de Israel en lo que considera una injerencia de la UE contra su política de asentamientos de colonos en Cisjordania (Samaria y Judea para Israel).

En el caso de la Franja –en realidad, un gueto– de Gaza, junto al Sinaí una de las zonas más militarizadas y convulsas de la zona ya que el nuevo gobierno militar salido del golpe en Egipto la considera un refugio de terroristas por donde se proporcionan armas a los islamistas, la medida de destruir los túneles en Rafah ha agravado la escasez de productos de primera necesidad (alimentos, medicinas y combustibles), después de que Hamás –aliada de Hizbulá, yihadista, nacionalista e islámica– se hiciera con el control de Gaza, lo que ha acrecentado la inseguridad y protestas en la zona.

“Todos debemos reconocer” que si se logra la paz entre israelíes y palestinos será “una herramienta poderosa para derrotar a los extremistas en toda la región e impulsar a aquellos que están preparados para construir un mejor futuro”, ha dicho hoy el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, en la Asamblea de las Naciones Unidas. Lo que no dice es cómo y sí qué le preocupa: la seguridad y los extremistas. Un llamamiento necesario –pero vacío en contenidos, una vez más– que parece hacer oídos sordos entre las posturas inamovibles de un amplio sector de ambas partes en conflicto que siguen pendiendo de un fino hilo, paradójicamente más fuerte para los más fuertes.

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA