Fronteras: el negocio que viene

Muro de separación en la frontera entre Estados Unidos y México.
(Foto: Getty Images / The Atlantic)

 

A este lado afortunado de la frontera hay quien dedica tiempo y mucho dinero en ingeniárselas para impedir a quienes están al otro lado que nos acompañen en nuestra abundancia cada vez peor repartida.

Las fronteras no solo dividen continentes, ricos de pobres, también Estados, ciudades, barrios, incluso pequeñas parcelas ilegales: muros, vallas, alambradas, cámaras térmicas, sensores, radares, satélites y drones de última generación. Una especie de fetichismo tecnológico para ver a miles de kilómetros a un indocumentado temeroso agazapado detrás de una zarza en una diminuta colina.

Hay países que las utilizan como una excusa recurrente para construir, probar y desarrollar nuevas vigilancias, nuevos artilugios que tal vez, quién sabe, un día pueden inundar las ciudades en medio de sus galopantes desigualdades. Una industria en alza con interesantes (y suculentas) ramificaciones en la vigilancia doméstica.

Hace poco más de un mes, el Senado estadounidense aprobó la ley para la reforma del sistema de inmigración y seguridad fronteriza. Al tiempo que Obama prometía la ciudadanía a millones de indocumentados que viven en los Estados Unidos —con importantes adhesiones por los beneficios económicos que esperan— avanzaba también en la construcción de una de las líneas divisorias entre naciones más vigiladas del planeta: una inversión de miles de millones de dólares que ha recibido críticas por la excesiva militarización de la zona, sobre todo con México.

Estados Unidos cuenta con alrededor de 40.000 guardias fronterizos –un pequeño Ejército creado en 1924–, en una especie de muro virtual de alta tecnología que mueve 18 mil millones de dólares anuales solo para el control de la inmigración y al que ahora se suma el terrorismo.

En los últimos años, la Patrulla Fronteriza ha dado cabida en sus filas a miles de veteranos de las guerras de Iraq y Afganistán. La revista especializada Homeland Security Today hizo una pormenorizada estimación de necesidades para la nueva ley que incluye centenares de sistemas sofisticados, miles de sensores, detectores, aparte de UAVs, helicópteros, embarcaciones, etcétera, a cuyos suculentos contratos aspiran gigantes de la industria armamentística como Northrop Grumman, Raytheon o Lockheed Martin, entre otros.

Decenas de empresas hacen cola para la siguiente ronda de lucrativos contratos. El monto total de los fondos previstos ascenderá a 46 millones de dólares, lejos aún de los 100 millones para fronteras de la primera década después de los atentados del 11-S. Insignificantes entre los aproximadamente 790 mil millones en Seguridad Nacional tras los atentados terroristas.

El negocio del flujo humano cuenta, además, con parques tecnológicos donde cientos de ingenieros y estudiantes de postgrado prueban sus artilugios en costosísimas instalaciones, en campus del sector y después en ferias y congresos internacionales. Una industria emergente.

De ser puesto en marcha el proyecto –debe pasar a su validación en la Cámara a finales de año–, y así también lo ha justificado la clase política estadounidense –¿nos suena?–, no solo significaría un impulso en la contratación de empresas de la rama y en personal, sino también para las ciudades fronterizas junto a unos complejos que darían cabida a miles de trabajadores y que estimularía el consumo en torno a ellas al más puro estilo keynesiano. Unas ciudades, cada vez más controladas y alejadas entre sí, a donde parece que han puesto sus focos aquellos que decidieron antes ir fuera a combatir la guerra contra el terror con millones de dólares y que ahora regresan a casa.

 

 

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA