La macabra paradoja siria

A Lebanese army soldier walks past graffiti on a closed shop which reads: “You shall fall Bashar..” in Tripoli’s Sunni neighbourhood of Bab al-Tabbaneh, whose residents support the rebels battling to topple the regime in nearby Syria, during a truce with the Alawite district of Jabal Mohsen on May 27, 2013. Firefights in northern Lebanon between Sunni Muslims and Alawites — the Shiite offshoot sect to which Syrian President Bashar al-Assad belongs — killed 30 people last week, according to security sources.
AFP PHOTO / JOSEPH EID

 

La macabra paradoja es que mientras da inicio en Ginebra la 23ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la sombra de dar al traste de forma definitiva a las conversaciones de paz en Siria avanza de forma irremisible.

Los rebeldes sirios amenazan (y combaten) a Hizbulá, la milicia chií libanesa (aliada de Irán) y la violencia se extiende imparable al Líbano, un país bisagra que no supera sus diferencias regionales desde mediados de los años 70 que empezó su guerra civil y donde ayer fueron asesinados tres soldados en un puesto de control con Siria. Al margen de sus tensiones fronterizas con Israel (sofocadas en parte por las tropas de UNIFIL, donde se integró la Brimz X), la mayoría de chiítas libaneses apoyan a la minoría alauita siria de Al Asad –una secta que tiene sus raíces en el Islam chiíta–.

El caos se acrecienta con las continuas negativas de la oposición siria de aceptar un gobierno de transición no excluyente, y el tiempo y la división corre a favor de Damasco. Tras 26 meses de conflicto, hay decenas de miles de muertos y millones de desplazados, además de combustible suficiente para inflamar todo Oriente Medio.

Mañana, a instancias de Catar, Turquía y Estados Unidos –aliados y acusados por muchos países cercanos al régimen de Al Asad de dar cobertura a los rebeldes–, tendrá lugar un debate de urgencia sobre el conflicto sirio: el trío busca dar visibilidad a los rebeldes, mientras que China, India, Cuba o Pakistán, entre otros, piden un equilibrio que haga también referencia a los crímenes de la oposición siria, cada vez más fragmentada y sin control político en medio de las tensiones y divisiones internas. Y mientras, Rusia impone su liderazgo regional y da oxígeno a Al Asad.

Hoy, sin ir más lejos, horas después del anuncio de la Unión Europea de permitir que se arme a la oposición (ese conglomerado de combatientes donde encuentran sitio, incluso, yihadistas de Al Qaeda), el Gobierno ruso ha defendido la venta de armamento a Siria con el contradictorio argumento de que no sea empleado contra los rebeldes, sino para defender el régimen de Damasco.

Lo que el movimiento esconde es la dirección donde apunta Rusia. La decisión de entregar el sistema de defensa aérea S-300, a pesar de las protestas de EEUU, Francia e Israel, que ha advertido con atacar si los recibe, obedece a una política de disuasión –“un factor de estabilidad”, lo llamó Sergei Ryabkov, el viceministro de Exteriores ruso— contra las potencias occidentales y no contra grupos en acciones asimétricas. El propio senador republicado estadounidense John McCain, de viaje en Siria para entrevistarse con los rebeldes, recibió la petición de armamento pesado, una zona de exclusión aérea y ataques aéreos selectivos sobre Hizbulá y el régimen de Al Asad. He ahí la respuesta al envío.

La macabra paradoja es que todo se proclama en nombre de las libertades de la población: combates, resoluciones y ventas de armas.

 

Gráfico: RIA NOVOSTI

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Sobre la-aspillera

Rafael Romero es periodista, jefe de sección de Diario CÓRDOBA. Facebook-https://www.facebook.com/Defensacordobaweb Twitter- @DefensaCORDOBA