Quién dijo miedo

Hay situaciones en las que el desenlace se ve venir desde el minuto uno, pero no por eso dejan de interesar y en el caso de la serie The Terror (AMC) así es. ¿A quién se le ocurre mandar una expedición en a mediados del siglo XIX  al Ártico para buscar el paso del noroeste? Pues se le ocurrió al almirantazgo británico para encontrar un itinerario que permitiera llegar a la China y la India sin tener que recorrer medio planeta. Pero eso tenía (y tuvo) un coste muy alto. No trata esta entrada de reventar el final, que se sabe porque la historia está basada, y solo basada, en hechos reales.

 

Lo cierto es que dos navíos, HMS The Terror y HMS Erebus, zarparon de la desembocadura del Támesis el 19 de mayo de 1845 al mando del contraalmirante sir John Franklin (Ciarán Hinds, Roma, Juego de Tronos) con 128 hombres, un mono, un perro y las consiguientes ratas a bordo. La travesía fue bien hasta que llegaron al estrecho Victoria, cerca de la isla del Rey Guillermo (todo muy british) y quedaron atrapados por el hielo. Confiaban en que tenían víveres para varios años y creían que la tecnología naval de la que disponían, un chapado de hierro en la proa de los buques a modo de rompehielos,  era más que suficiente para salir de cualquier situación. Craso error, como se ve a lo largo de los diez episodios. Frente a ese optimismo, el segundo al mando, Francis Crozier (Jared Harris, Mad Men), advierte de que la presión del hielo podría, como poco, elevar los barcos y en peor de los casos reventarlos hasta que se hicieran añicos. Para colmo es que no saben ni su situación exacta. El comandante, un hombre que confía en la intervención divina, le presta bien poca atención a pesar de que los problemas comienzan a hacer su aparición. Así las cosas, la única esperanza es el deshielo, que nunca llega.

La incertidumbre hace presa en las tripulaciones y las conversaciones pasan de cuándo llegará el rescate a qué tenemos para comer, una pregunta peligrosísima. El novelista  Dann Simmons escribió una ficción sobre esta expedición que fue un éxito de ventas e introdujo una serie de factores para hacer la historia más interesante. La principal de ellas es una criatura, parecida a un oso polar gigantesco, que acosa a los marinos y que aporta el toque de misterio a la narración.

La serie tiene una magnifica factura. Rodada en  Hungría, el reparto está lleno de caras conocidas: Tobias Menzies (Outlander, Juego de Tronos), Paul Ready (Cuffs, Utopia) y Adam Nagaitis (Houdini y Doyle, Suffragette) figuran entre los principales papeles. Solo tres mujeres aparecen en pantalla: Greta Sccachi (Versalles), Caroline Boulton (Collete) –en secuencias retrospectivas-  y Nive Nielsen, actriz y cantante groenlandesa que da vida a una esquimal. Como curiosidad, varios actores tuvieron que aprender inuit, idioma que se habla en  Alaska, Canadá y Groenlandia, para dirigirse a este personaje, que también tiene su aportación esotérica al tener alguna conexión con la criatura.

grabadoLa acción se hace más tensa conforme avanzan los episodios; la convivencia es difícil cuando la comida escasea y la supervivencia tiene menos visos de prosperar. Los roces entre la tripulación van subiendo de tono y para más inri (Oh, mi God!) los mandos se van quedando sin whisky. Tan clasistas eran que la tropa y marinería bebía ron y los jefes y oficiales, agua de fuego. En ese ambiente cerrado y con el acoso constante del monstruo sigue una narración marcada por el pesimismo, de una misión condenada al fracaso y de unos hombres que ven cómo se van escapando las posibilidades de sobrevivir a 50 bajo cero y con chaquetones de lana. El diseño de producción ayuda a generar una inquietud casi constante, con una iluminación exterior gris y un hielo que se va transformando poco a poco en una tumba de mármol. De esta forma consigue que el helado espacio abierto proyecte un efecto claustrofóbico. El miedo se dosifica; una fórmula efectiva para lograr una mayor atención del espectador. Ahí se nota la mano de Ridley Scott (Alien, el octavo pasajero)

La expedición acabó mal. La Corona mandó hasta once barcos en su búsqueda y los Estados Unidos enviaron otros dos, sin resultados positivos. Solo algunos testimonios de esquimales señalaban a unos blancos famélicos que arrastraban una barcaza. A los hombres de Franklin se los tragó el hielo. Hubo que esperar al 2014 para localizar uno de los barcos y dos años después se encontró el otro. Lo que pasó en el Ártico fue un misterio durante décadas, pero las técnicas actuales de investigación han descifrado gran parte de lo que era considerado un rompecabezas.  Queda por determinar cómo murieron, aunque las autopsias de los cadáveres hallados apuntan hacia la hipotermia (cómo no), el hambre, el escorbuto…pero sigue sin saberse por qué no consiguieron alcanzar tierra firme.

Sobre mrosa