Otro cuento de Atwood que también va de criadas

“Una vez que te encuentran con un hombre en tu habitación, tú eres la culpable, sin importar cómo ha llegado él hasta allí”. Esta frase la pronuncia Sarah Gadon (Un método peligroso), la protagonista de la miniserie Alias Grace, y cobra actualidad por las recientes denuncias de abusos sexuales que han saltado a la luz en el mundo del cine aunque la escena se desarrolle en el siglo XIX.

 

La novelista canadiense Margareth Atwood, que escribió la aclamada El cuento de la criada, serie que triunfó en los Emmy, vuelve a poner en cuestión la sociedad patriarcal y esta vez se centra en la vida de una sirvienta que acaba entre rejas por un doble asesinato en el que colaboró con otro criado.

La joven Grace Marks y su familia emigran de Irlanda del Norte, donde llevaban una vida miserable, a Canadá, donde siguen en la misma situación hasta que su alcohólico y abusador padre la manda a servir a casa de un acaudalado matrimonio. De ahí pasa a estar a las órdenes de un ama de llaves (Anna Paquin, El piano), amante del señor de la casa. Y es allí donde se comete el crimen y Grace, que en ese momento tenía 16 años, acaba en la cárcel después de que la condenaran a la horca y le conmutaran la pena por 30 años de cárcel. Antes hubo un juicio y un paso por un manicomio donde los abusos y torturas estaban a la orden del día. Está basada en una historia real ocurrida en Upper, Canadá, en 1843. 

grace-1El joven alienista –que era el nombre que recibían entonces los psiquiatras- Simon Jordan (Edward Holfcroft, en la foto de la izquierda) se interesa por su historia y le propone que le cuente lo que ocurrió a fin de saber qué es lo que pasa por la cabeza de una asesina; lo hace a medio camino entre la ciencia y el morbo. Y es ahí donde radica el interés de la narración porque la joven relata lo que ve, lo que siente y lo que creen que piensan los demás de ella con una naturalidad que atrapa, con un lenguaje sencillo, que no simple, y con mucho sentimiento. En las entrevistas entre el doctor y la reclusa es ella la que manda, la que corrige, la que puntualiza, y lo hace con respeto –todas sus frases acaban en la palabra señor—y con humildad. Ademas, oímos sus pensamientos, quizás la mejor parte de la historia

Pero no está todo claro en la crónica de los hechos, que no cuadran, y queda una duda que sobrevuela casi desde el principio. ¿Una chica de rostro angelical es capaz de hacer una atrocidad? o  ¿tras esa imagen de inocencia se esconde un monstruo? Porque, además, la versión de la protagonista es la que se escucha en muchas salas de vistas: “No me acuerdo de lo que ocurrió”. Los dos últimos capítulos tiene la clave de esta historia narrada desde un punto de vista femenino y feminista. La productora es Sarah Polley (Away from hell, nominada al Oscar en 2007 como mejor guion adaptado) y la directora es Mary Harron (American psycho), de la que también fue guionista.

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 Papel para el director David Cronemberg (que ha dirigido a la protagonista en tres películas), como el reverendo metodista Verringer, un hombre que quiere ayudar a la chica y que cree que puede ser indultada por su estado mental, y cameo de la propia Atwood (foto), como una de las feligresas de los oficios dominicales en esta miniserie de seis episodios de unos 45 minutos cada uno producida por Netflix.

Hay quien comparará Alias Grace y El cuento de la criada por el hecho de haber sido escritas ambas por Atwood. La primera es una recreación de un caso real; la segunda es una ficción distópica, pero el nexo está en que la mujer queda relegada a un segundo plano en las sociedades que se describen, algo que por desgracia sigue vigente.

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