Otra plata, otro plomo

Muerto Pablo Emilio Escobar Gaviria -no es reventar un final sino remitirse a la historia-, la trama de la serie Narcos, que se emite a través de  Netflix se ha centrado en la tercera temporada en el cártel de Cali, acérrimo enemigo de Medellín, bajo el hilo conductor del agente de la DEA Javier Peña (Pedro Pascal, Juego de Tronos). Una pena que pasara por El Hormiguero sin ser interrogado a fondo sobre la producción más seguida de la historia de la tele. Es la misma serie, con personajes que han aparecido en las dos entregas anteriores, pero es otra historia porque sin Escobar (magnífico Walter Moura), que daba mucho juego, ya nada es lo mismo.

 

La acción se centra ahora en los autodenominados caballeros de Cali, los capos de una organización que movía el 80% de la cocaína del mundo e introducían casi una tonelada al día de droga en Estados Unidos. El jefe supremo de esta red criminal, Gilberto Rodríguez Orejuela (Damián Álvarez) tiene un plan: convertir todo lo que ganan en inversiones legales y dejar el negocio de la coca en manos de otros cárteles en un plazo de seis meses. Pero esa transición se encuentra con muchos obstáculos a pesar de tener comprado a buena parte de los poderes del Estado. Su hermano Miguel (Francisco Denis) y sus socios Pacho Herrera (Alberto Amman, Celda 216) y Chepe Santacruz (Pepe Rapazote) no coinciden con las formas del líder, que evita la violencia, y piensan que si hay que disparar, pues adelante con la balacera.

Peña sigue llevando el peso de la trama, aunque ya no cuenta con su compañero Steve Murphy (Robert Boyd Holbrook), y sigue peleando con su embajador y las autoridades colombianas para desarticular el cártel. Además, esta temporada ha contado con representación española. Javier Cámara da vida a Guillermo Palomari, el contable de la organización que llevaba en su cabeza todos los números, y Miguel Ángel Silvestre (Franklin Jurado), el hombre que movía el dinero en los paraísos fiscales. La terna se completa con un difícil de reconocer Tristán Ulloa (Lucía y el sexo), que interpreta al presidente Ernesto Samper.

Aunque el tema sigue siendo el mismo, la lucha contra el narcotráfico en Colombia, la serie es otra y no solo por la ausencia de Escobar, el Patrón del Mal por antonomasia. No hay tanta violencia, aunque los de Cali no se cortaban cuando tenían que actuar; ningún personaje está tan desarrollado en los guiones como el jefe de Medellín, y hay menos sexo. Aun así, sigue siendo una gran serie, bien ambientada, con acción, con una trama interesante y con ritmo, pero le falta ese toque de maldad que tenía el Zar de la Cocaína. El futuro de esta serie está en México, donde el narco lleva años imponiendo su ley. Tanto es así que hace unos días asesinaron a Carlos Muñoz Portal, miembro del equipo de localización que buscaba lugares para rodar la próxima temporada.

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