Choque de trenes

Hollywood las elevó a la categoría de diosas y con la misma facilidad con que las subió las dejó caer cuando ya no les servían. El star system daba su últimos coletazos cuando la actriz Joan Crawford leyó la novela ¿Qué fue de Baby Jane?, escrita por Henry Farrell en 1962, que enseguida vio traducida a la gran pantalla. Había protagonizado no pocos dramones, como Un rostro de mujer (George Cukor, 1941), Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945), que le valió un Oscar a la mejor actriz, El amor que mata (Curtis Bernhart, 1949) o la magnífica Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954). Necesitaba un éxito de taquilla para relanzar su carrera y lo mismo le pasaba a otra grande entre las grandes, Bette Davis. Cautivo del deseo (John Cronwell, 1934), Jezabel (William Wyler, 1938), La loba (William Wyler, 1941) y Eva al desnudo (Joseph L. Mankievicz, 1950) son algunos de los títulos que encumbraron a esta actriz.

 

Crawford pensó en Davis para protagonizar la película y esta es la base de la serie Feud, creada por Ryan Murphy para la HBO, una historia de cómo se rodó y qué consecuencias tuvo. Era una oportunidad para que se midieran y lo que hicieron pasó a la historia del cine. Y también dos grandes actrices dan vida a las divas. Jessica Lange se mete en la piel de Crawford y Susan Sarandon hace lo propio con la Davis, un personaje al que la saca más partido que su compañera de reparto. Y es que Bette Davis era iracunda, exigente, cáustica, y sobre todo, una genial actriz. Sarandon se hace sin duda con el papel. Lange lo tuvo más difícil. Crawford no era tan ‘vistosa’ como su rival, aunque lleve la batuta de la narración y se centre en ella más la trama.

baby-jane3Desde el primer día de rodaje saltaron chispas. El director Robert Aldrich (Alfred Molina), que firmó bodrios como Cuatro tíos de Texas (1963, con Frank Sinatra y sus amigos haciendo de las suyas) o cintas que han pasado a la historia (Doce del patíbulo, 1964) tuvo que emplearse a fondo para lidiar con las dos estrellas. Caprichosas y envidiosas, Crawford y Davis impusieron sus normas, unas veces sibilinamente, pero otras con ultimátum. Entre cigarrillos y tragos de alcohol a destajo volvieron loco al director, a su ayudante, al cámara y al resto del personal del plató.

El choque de trenes fue tremendo, dentro y fuera del estudio. Los desplantes eran frecuentes y el rodaje desesperó al director y al productor Jack L. Warner (fantástico Stanley Tucci). Como curiosidad, Crawford se casó cuatro veces, la última con el magnate de la Pepsi Cola Alfred Steele. A Davis no se le ocurrió otra cosa que exigir que se instalara en el estudio una máquina de Coca Cola. Crawford se la devolvió con creces. Se las ingenió para recoger el Oscar de Ann Bancroft como mejor actriz por su papel en El milagro de Ana Sullivan . Las portadas de los diarios recogieron la foto de Joan con la estatuilla en la mano, mientras Bette se quedaba con dos palmos de narices. Y así todo. La película, o mejor dicho, todo lo que la rodeaba, era la comidilla de Hollywood, de lo que daba cuenta la cronista Hedda Hopper (Judy Davis), tan famosa por los chismorreos que escribía en sus columnas como por sus extravagantes sombreros. “Los chismes sin fuente son mi especialidad”, decía.

feud-hboEl filme relanzó relativamente la carrera de ambas. El éxito duró lo justo e hizo que pensaran en una nueva colaboración. Aldrich le echó valor y comenzó a dirigirlas en Canción de cuna para un cadáver (1964), pero a los pocos días Crawford se inventó una enfermedad y renunció y fue sustituida por Olivia de Havilland (Catherine Z. Jones), íntima de Davis y experta al igual que ella en llevarse a matar con otra actriz: en este caso con su hermana, Joan Fontaine. Hasta el final de sus días, Davis no encontró acomodo en las producciones de Hollywood y se decantó por el medio emergente, la televisión. En la revista Variety publicó el siguiente anuncio por palabras: “Madre de tres hijos. Divorciada. Norteamericana. 30 años de experiencia como actriz de cine. Capaz aún de moverse; más amable de lo que dicen los chismes. Se ofrece para trabajo en Hollywood (ya estuvo en Broadway)”. Luego dijo que era una broma. Hizo numerosos episodios pilotos de series, entre ellos Madamme Sin, que no llegó a estrenarse, participó en programas de cotilleo a los que la invitaban por la mordacidad de sus comentarios y llegó a ganar un Emmy por la serie Madre e hija (1979).

A Crawford no le fue nada bien. Se trasladó a Nueva York y por más que buscaba su agente no encontraba nada que le satisfaciera. En 1970 rodó en Gran Bretaña un engendro de serie Z titulado Trog, dirigido por Freddie Francis. Consiguió un éxito de ventas con su libro My way of life (1971), vivió recluida en un apartamento y desheredó a dos de sus hijos. Murió de cáncer de páncreas en 1977.

Lange y Sarandon están nominadas a mejor actriz de miniserie en los Emmy, lo mismo que Julie Davis como secundaria. El 17 de septiembre saldremos de dudas y veremos si Feud sigue la estela de los Oscar de ¿Qué fue de Baby Jane? Tuvo cinco nominaciones y salieron con las manos vacías. Feud se merece algo más de suerte.

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