En su justa medida

 

La rapidez con la que se resuelve en Londres un caso de un asesino en serie hace que las alarmas suenen en la unidad AC12 de anticorrupción policial y las sospechas de manipulación de pruebas recaen en la inspectora Roz Huntley (Thandie Newton, Westworld). Line of duty es una serie británica que cumple con los estándares a los que nos tiene acostumbrados la BBC: buenas interpretaciones, ambientación adecuada, críticas al sistema (al policial en este caso) y moderación en la violencia.

line-of-duty-fotoLa cuarta temporada, de seis episodios ( se emite en Movistar), vuelve a estar protagonizada por el mismo equipo que las anteriores (Vicky McClure, Adrian Dunbar y Martin Compston, en la foto) que se topa en esta ocasión con una inteligente inspectora que hace muy difícil encontrar pistas que la incriminen en un asesinato y le cuelga el marrón de varios crímenes a un joven con pocas luces. La narración tiene ritmo y los giros argumentales hacen que se mantenga la atención. También se agradece que no estire la trama como el chicle para producir más episodios: en esta tanda ni sobran no falta, no marean la perdiz. La única pega, si cabe, es que sigue pululando por ahí una trama de corrupción a la que solo le han hincado el diente superficialmente y eso no es bueno. Hay series que han derivado en obsesión, léase El mentalista con el dichoso John el Rojo, omnipresente y causante de todos y cada uno de los crímenes, ya sea de forma directa o indirecta. Un pestiño que rompe el interés, porque ya se sabe, tires por donde tires te encuentras con Ramírez, o John el Rojo en este caso.

El creador de la serie, Jed Mercurio, ha anunciado una quinta entrega para 2019 y esperamos que no caiga en la trampa de acudir a un personaje recurrente. De momento, Line of duty está en su justa medida y sería bueno que así siguiera.

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