Los Underwood vuelven

Texto de cabecera de Napoleón Bonaparte, que incluso llegó a comentar alguna edición, El Príncipe es uno de los tratados de política más influyentes de los últimos 500 años. El florentino Nicolás Maquiavelo ha dado nombre a un adjetivo, maquiavélico, para definir al tipo de persona que se vale de astucia y engaños para llegar a su objetivo. Su inspiración estuvo en César Borgia (hijo del papa español Alejandro VI), Fernando el Católico y Lorenzo de Médicis, según los expertos. No conocía a Frank Underwood (Kevin Spacey), ficticio presidente de los Estados Unidos ni a la primera dama (Robin Wright, La princesa prometida), los protagonistas de House of Cards, que a finales de este mes estrena su quinta temporada en Netflix. Un príncipe prudente no puede mantener fidelidad en las promesas cuando tal fidelidad resulta en perjuicio propio, y cuando las razones que lo hicieron prometer no existen, dice en su obra. Como anillo al dedo viene esta frase a Underwood.

 

Instalado en el poder, el mandatario afirma que “el pueblo estadounidense no sabe lo que le conviene… yo sí”, lo que da idea de que no tiene intención alguna de dejar el sillón. Ambientada en el proceso electoral de 2016, Underwood busca perpetuarse en la presidencia , aunque en esta ocasión se encuentra más distanciado de su mujer, su mejor apoyo en su carrera política y tan ambiciosa o más que él. En trayectoria de ambos hay infidelidad, traición, amenazas, extorsiones, algún crimen y medio Código Penal más. Enfrente tendrá a un duro rival republicano, Will  Conway  (Joel Kinnaman, The Killing). En el reparto también figuran Michael Kelly, Neve Campbell, Paul Sparks, Boris McGiver y Patricia Clarkson.

Esta temporada es la primera temporada en la que su creador, Beau Willimon, deja el guión en manos de Frank Pugliese y Melissa James Gibson, y es curioso que no hayan tirado del efecto Trump para incluirlo en la trama, como han hecho otras series son fondo político (Homeland, Veep). Quizás con el personaje de Spacey se basten para mantener el ritmo de la narración. Y es que “si un príncipe quiere conservar el Estado, a menudo se ve obligado a no ser bueno”, que debe ser lo que le pase a Underwood.

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