Nada es lo que parece

El espionaje es una de las actividades más antiguas de la humanidad y ya en el Antiguo Testamento se narran las historias de Josué (2:1-24 y 6:22-25), que contrató a dos hombres para que espiaran en Jericó, o de Dalila, la primera Mata Hari, que descubrió el secreto del poderoso Sansón. Conocer lo que hace el enemigo para anticiparse o anular sus acciones es la base del espionaje y la industria del entretenimiento se fijó hace mucho tiempo en ello.
vengadoresLa televisión encontró en la guerra fría, ese periodo que empezó nada más acabar la Segunda Guerra Mundial y terminó con el colapso de la Unión Soviética, un filón para producir series. Una de las primeras en emitirse en nuestro país fue Los Vengadores, de la ITV británica. En 1961 comenzó su andadura con Patrick McNee y la atractivísima Dianna Rigg (lady Olena Redwine de Juego de Tronos),  ambos en la imagen contigua, que se convirtió en un icono del pop.

En Estados Unidos se filmó una serie para la historia: Misión imposible (1966-1973). Atrapaba al espectador con un comienzo impactante y una música, de Lalo Schifrin, que ha quedado para la posteridad. Una vez que Jim Phels, interpretado por Peter Graves (Aterriza como puedas) recibía las instrucciones en una casete, el narrador pronunciaba una frase que se hizo famosa: “Esta grabación se autodestruirá en cinco segundos”. Estos agentes utilizaban una tecnología puntera para su época y que hoy es más que común, como los mandos a distancia o los micros. Las caracterizaciones eran otro de sus puntos fuertes, aunque ahora suenen un poco a Mortadelo y Filemón.

También marcó un hito la serie El agente de Cipol (1964-1968). Trataba de dos espías pertenecientes a una organización internacional: el estadounidense Napoleón Solo (Robert Vaughn) y el georgiano (de la Georgia de la Unión Soviética) Illya Kuryakin (David McCallum). De esa época (1965) es Yo, espía, protagonizada por Robert Culp y Bill Cosby. Tenían como tapadera ser (en serio)  un tenista y su entrenador. Más enrevesada era la inglesa El prisionero (1967) , creada por George Markstein y Patrick McGoohan, que también la protagonizó. Los personajes no tenían ni nombre y era el Número Seis quien centraba la acción en un lugar llamado La Villa, que estaba bajo el control de Número Uno. Tan curiosísima fue que se hizo una versión en Estados Unidos en 2009 con Ian McKellen (El señor de los anillos) y Jim Caviezel (La pasión de Cristo) en los papeles principales.
nikita

Más tarde llegaron la canadiense Nikita ( 1997-2001), con la rubia Peta Wilson, y Alias (2001-2006), con Jennifer Garner, por poner un par de ejemplos, y más tarde todavía la ya comentada en otra entrada The Americans. No puede faltar en este listado la magnífica Homeland, actual donde las haya.

 

 

Desde el otro punto de vista, tanto geográfico como político, encontramos dos series de similar factura. Producidas en Alemania, Deutschland 83 (2015) y El mismo cielo (2016) narran el espionaje que la Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana (RDA) ejercía sobre su vecina federal y occidental. La primera de ellas, de solo ocho episodios, se sitúa en las negociaciones entre Estados Unidos (gobernados por Ronald Reagan) y sus aliados para desplegar misiles que apuntan a Rusia y los países del Telón de Acero. El joven Martin Rauch (Jonas Nay) es reclutado para infiltrarse en la OTAN. Recordemos que “el imperio del mal” tenía su capital en Moscú, según el actor que llegó a ser presidente de la mayor potencia mundial. A la dificultad de la misión se suman las tentaciones del capitalismo, tanto las materiales como las políticas.

 

cielo

El mismo cielo, que se emite actualmente en Movistar, tiene bastante en común, aunque la acción se desarrolla 1974. Lars Weber (Tom Schilling) demuestra la lealtad a la RDA seduciendo en Berlín Occidental a una analista británica de alto rango, Sofia Hellin (El Puente).
Las dos series están salpicadas de detalles de la vida en la desaparecida Alemania comunista: nadadoras hormonadas, la falta de productos cotidianos, los automóviles utilitarios rusos, los electrodomésticos rudimentarios, la vestimenta casi uniforme, la construcción de un túnel para escapar de la RDA, el adoctrinamiento… Pero quizás lo más curioso de Deutschland 83 no sea que nada es lo que parece, las traiciones o la carga de suspense, principios básicos del cine de espionaje, sino su toque retro, atemporal, y su estética pop más que conseguida gracias, además, a la música de David Bowie, Nena o The Cure. Por algo fue la primera serie en lengua alemana emitida en Estados Unidos y con el plus de que lo hizo la más que original cadena Sundance TV.

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