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Quién dijo miedo

Hay situaciones en las que el desenlace se ve venir desde el minuto uno, pero no por eso dejan de interesar y en el caso de la serie The Terror (AMC) así es. ¿A quién se le ocurre mandar una expedición en a mediados del siglo XIX  al Ártico para buscar el paso del noroeste? Pues se le ocurrió al almirantazgo británico para encontrar un itinerario que permitiera llegar a la China y la India sin tener que recorrer medio planeta. Pero eso tenía (y tuvo) un coste muy alto. No trata esta entrada de reventar el final, que se sabe porque la historia está basada, y solo basada, en hechos reales.

 

Lo cierto es que dos navíos, HMS The Terror y HMS Erebus, zarparon de la desembocadura del Támesis el 19 de mayo de 1845 al mando del contraalmirante sir John Franklin (Ciarán Hinds, Roma, Juego de Tronos) con 128 hombres, un mono, un perro y las consiguientes ratas a bordo. La travesía fue bien hasta que llegaron al estrecho Victoria, cerca de la isla del Rey Guillermo (todo muy british) y quedaron atrapados por el hielo. Confiaban en que tenían víveres para varios años y creían que la tecnología naval de la que disponían, un chapado de hierro en la proa de los buques a modo de rompehielos,  era más que suficiente para salir de cualquier situación. Craso error, como se ve a lo largo de los diez episodios. Frente a ese optimismo, el segundo al mando, Francis Crozier (Jared Harris, Mad Men), advierte de que la presión del hielo podría, como poco, elevar los barcos y en peor de los casos reventarlos hasta que se hicieran añicos. Para colmo es que no saben ni su situación exacta. El comandante, un hombre que confía en la intervención divina, le presta bien poca atención a pesar de que los problemas comienzan a hacer su aparición. Así las cosas, la única esperanza es el deshielo, que nunca llega.

La incertidumbre hace presa en las tripulaciones y las conversaciones pasan de cuándo llegará el rescate a qué tenemos para comer, una pregunta peligrosísima. El novelista  Dann Simmons escribió una ficción sobre esta expedición que fue un éxito de ventas e introdujo una serie de factores para hacer la historia más interesante. La principal de ellas es una criatura, parecida a un oso polar gigantesco, que acosa a los marinos y que aporta el toque de misterio a la narración.

La serie tiene una magnifica factura. Rodada en  Hungría, el reparto está lleno de caras conocidas: Tobias Menzies (Outlander, Juego de Tronos), Paul Ready (Cuffs, Utopia) y Adam Nagaitis (Houdini y Doyle, Suffragette) figuran entre los principales papeles. Solo tres mujeres aparecen en pantalla: Greta Sccachi (Versalles), Caroline Boulton (Collete) –en secuencias retrospectivas-  y Nive Nielsen, actriz y cantante groenlandesa que da vida a una esquimal. Como curiosidad, varios actores tuvieron que aprender inuit, idioma que se habla en  Alaska, Canadá y Groenlandia, para dirigirse a este personaje, que también tiene su aportación esotérica al tener alguna conexión con la criatura.

grabadoLa acción se hace más tensa conforme avanzan los episodios; la convivencia es difícil cuando la comida escasea y la supervivencia tiene menos visos de prosperar. Los roces entre la tripulación van subiendo de tono y para más inri (Oh, mi God!) los mandos se van quedando sin whisky. Tan clasistas eran que la tropa y marinería bebía ron y los jefes y oficiales, agua de fuego. En ese ambiente cerrado y con el acoso constante del monstruo sigue una narración marcada por el pesimismo, de una misión condenada al fracaso y de unos hombres que ven cómo se van escapando las posibilidades de sobrevivir a 50 bajo cero y con chaquetones de lana. El diseño de producción ayuda a generar una inquietud casi constante, con una iluminación exterior gris y un hielo que se va transformando poco a poco en una tumba de mármol. De esta forma consigue que el helado espacio abierto proyecte un efecto claustrofóbico. El miedo se dosifica; una fórmula efectiva para lograr una mayor atención del espectador. Ahí se nota la mano de Ridley Scott (Alien, el octavo pasajero)

La expedición acabó mal. La Corona mandó hasta once barcos en su búsqueda y los Estados Unidos enviaron otros dos, sin resultados positivos. Solo algunos testimonios de esquimales señalaban a unos blancos famélicos que arrastraban una barcaza. A los hombres de Franklin se los tragó el hielo. Hubo que esperar al 2014 para localizar uno de los barcos y dos años después se encontró el otro. Lo que pasó en el Ártico fue un misterio durante décadas, pero las técnicas actuales de investigación han descifrado gran parte de lo que era considerado un rompecabezas.  Queda por determinar cómo murieron, aunque las autopsias de los cadáveres hallados apuntan hacia la hipotermia (cómo no), el hambre, el escorbuto…pero sigue sin saberse por qué no consiguieron alcanzar tierra firme.

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Ponga un ruso en su serie

Las series de ficción política han introducido en los últimos tiempos un nuevo factor nacido en gran parte del Rusiagate, esa trama de injerencia rusa en la política occidental que ha tenido su punto álgido con la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos. El FBI empezó en 2016 a investigar la posible conexión entre la campaña de Trump y la inteligencia del país gobernado por Vladimir Putin para interferir en la elección presidencial.

 

Pero la serie que más desarrolla esta intromisión en las democracias del primer mundo no es estadounidense, sino noruega. Occupied (Movistar Series), inspirada en una idea del gran novelista Jo Nesbo, está ambientada en un futuro inmediato en el que las autoridades del país nórdico deciden decantarse por una energía limpia diseñada por sus científicos y paralizan la producción de petróleo y gas ante el avance del cambio climático. Rusia inicia una invasión para asegurar la explotación de estos recursos mientras la Unión Europea se cruza de brazos. Un movimiento de resistencia, que incluye a altos cargos y mandos del ejército, comienza a atentar contra los intereses rusos.

La primera temporada se estrenó en Noruega en el 2015 y constaba de 10 episodios. Levantó polémica en media Europa por poner en entredicho las debilidades de los sistemas democráticos y supuso una ofensa para la diplomacia rusa al presentar a esa nación como agresora cuando aún estaba caliente la invasión de Crimea. Los rusos llegaron a recordar que el Ejército Rojo liberó Noruega de los nazis. La segunda entrega, de ocho capítulos, sitúa la acción seis meses después de la invasión y en pantalla veremos a actores como Henrik MestadEldar SkarAne Dahl TorpRagnhild Gudbrandsen,Ingeborga DapkunaiteKristin Braut-Solheim y Daniel Rusten Larsen. La mayoría de ellos son caras conocidas para los seguidores de las series escandinavas.

presidentesEl personaje del ficticio presidente ruso Viktor Petrov (Lars Mkkelsen) en House of cards (Netflix) preocupó al mismísimo Putin pues se reprodujo casi calcado el encuentro entre los dos presidentes de la serie con los reales. Además, Petrov le tira los tejos a la primera dama (Robin Wright), quien intercede por un líder gay encarcelado, mientras que el maquiavélico Frank Underwood (Kevin Spacey) maquina cómo eliminar a todo el que se cruza en su camino. A Rusia no le hizo gracia el argumento de la serie y vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU la filmación de dos episodios en la sede de Nueva York.

 

No puede faltar en esta entrada Homeland (Fox). Si hay una serie que se ha ido adaptando a la actualidad, aunque sea con algún que otro bajón, es esta. Los agentes de la CIA Carry Mathison (Claire Danes) y Saul Berenson (Mandy Patinkin) han pasado por la guerra de Irak, los atentados islamistas en Europa y Estados Unidos, lucha contra el talibán sobre el terreno (con ataques de drones incluidos) o el programa nuclear iraní. En la sexta temporada una mujer es elegida presidenta de los Estados Unidos (Elizabeth Marvel) y comienza la injerencia rusa, que se prolonga a la séptima temporada.  Un complot se cierne sobre la Casa Blanca y todo apunta a que Rusia está involucrada. Habrá octava entrega.

El fantasma de la injerencia rusa planea por Europa y América con difusión sobre todo en las redes sociales de noticias destinadas a desinformar. El brexit, la crisis política que se vive en Cataluña y las elecciones en Estados Unidos y en varios países de Hispanoamérica (tremenda fue la campaña de noticias falsas en México) están bajo sospecha y las series, aunque sean de ficción, se hacen eco de estas situaciones.

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¿Falta mucho?

 

El aburrimiento hacía que el asno de Sherk (2001, Andrew Adamson y Vicky Jenson), animal cansino donde los haya, preguntara en varias ocasiones si quedaba mucho para llegar al Reino de Muy, Muy Lejano. El caso es que tenía gracia porque saca de sus casillas al ogro y a Fiona; pero, claro, se trata de una película de animación en tono de comedia.  En The Walking Dead no hay comedia, pero sí aburrimiento. La serie basada en el cómic del mismo título de Robert Kirkman sobre un apocalipsis zombi ha llegado a un punto de tedio difícil de superar.

negan-8En la sexta temporada aparece el principal causante de esta situación, Negan (Jeffrey Dean Morgan, en la foto de la derecha), el malo con los gestos más repetitivos de la pequeña pantalla. Bate de béisbol al hombro, la cabeza ladeada y sonrisa de rata, este personaje y sus secuaces, Los Salvadores, traen de cabeza al grupo de Rick Grimes (Andrew Lincoln, foto de abajo a la derecha), que ha tenido mil y un ocasiones de borrarlo del mapa. Los protagonistas de esta serie no se han cortado un pelo para quitar de en medio a todo aquel con aviesas intenciones –véase el Gobernador, los caníbales de La Terminal…– que se cruza en su camino, menos Negan y los suyos. Ni siquiera se han molestado los guionistas en explicar el origen de este sujeto ni por qué tiene tantos seguidores.rick

La octava entrega –la séptima ya fue insufrible– es la del ratón y el gato, en este caso Tom y Jerry, que no pasaban de alguna que otra jugarreta. Cien escaramuzas para capturarse unos a otros y la cosa sigue como en el primer capítulo: da la impresión de que se está formando la madre de todas las batallas, pero el enfrentamiento nunca llega. Y es que ya son muchos capítulos con esta sensación.

Habrá una novena tanda. Hace un par de meses se confirmó que la productora prepara otros 16 episodios para estrenarlos el año que viene. A este paso, los zombis van a ser los espectadores.

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Vuelven dos grandes

Las programaciones de las plataformas son a veces caprichosas y esta Semana Santa es un buen ejemplo de ello. Dos de las series más impactantes de los últimos años casi coinciden en estrenar temporada. La productora Hulu lanza la segunda entrega de la multipremiada El cuento de la criada (ocho premios Emmy el año pasado), mientras que HBO pone en pantalla otra de sus series estrella, Westworld. Vamos por partes.

 

 

La novela de Margareth Atwood acaba donde acabó la primera temporada de esa ficción distópica de un mundo gobernado por la teocracia del que solo habíamos visto una (aterradora) parte en la que las mujeres eran un cero a la izquierda y solo interesaban desde el punto de vista reproductivo. La acción del nuevo tipo de terror que refleja esta serie pasa ahora a las enigmáticas colonias, unos lugares donde acaban las díscolas y son sometidas a trabajos forzados, o al menos es eso lo que se deduce del curioso avance promocional en el que están suprimidos los diálogos. Los guiones de los 13 capítulos son independientes y  al frente del reparto sigue Elizabeth Moss (Mad Men). Le acompañan Alexis Bledel, Joseph FiennesMax Minghella, Yvonne StrahovskiSamira Wiley y Ann Dowd.  HBO estrena este Domingo de Ramos dos episodios y el resto los dosifica a razón de un capítulo cada miércoles.

 

Westworld dejó también alto el listón. El parque temático del Oeste donde el cliente puede hacer lo que le plazca con los androides da de sí para diez nuevos episodios. Esta serie no retoma la acción donde la dejó y siendo coguionista Jonathan Nolan –autor de  la novela Memento Mori que dio origen a la enrevesada Memento, dirigida por su hermano Christopher—seguro que la trama aguarda importantes giros argumentales. Rachel Evan Wood volverá a dar vida a la androide Dolores y estará acompañada en el reparto de  Jeffrey Wright, James Marsden, Thandie Newton y Ed Harris.  El dios de este mundo, Robert Ford (Anthony Hopskins) ya no aparece en esta tanda. La serie ya está disponible en HBO.

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La alteración del carbono

La existencia indefinida que logra superar la muerte, o lo que es lo mismo, la inmortalidad, es la premisa de la que parte la serie Altered Carbon (Netflix), una historia contada en diez capítulos basada en la novela del mismo nombre de Richard K. Morgan.  Abunda la ciencia ficción en formato televisivo. Ahí están la nueva entrega de Expediente X, con los agentes Mulder y Scully como en sus mejores tiempos; la ya menos hiriente Black Mirror; Electric Dreams, inspirada en las novelas de Phillip K. Dick, o Counterpart, sobre universos paralelos, por poner algunos ejemplos.

kinammanLa humanidad ha llegado a un grado de desarrollo que permite mantener en un dispositivo la conciencia de una persona y se puede transferir de un cuerpo a otro, lo que en la práctica supone la inmortalidad. La muerte física ya no es el final de todo y el final definitivo solo se produce si se destruye ese dispositivo, llamado pila cortical. Esta cuestión ya se ha abordado en otras series, léase en el episodio Black musseum de la mencionada Black Mirror. Con el toque ciberpunk de Blade Runner, un guerrillero desencantado (Joel Kinnaman, The Killing, en la foto) es asesinado y 250 años más tarde su memoria es insertada en el cuerpo de un policía por la influencia de un millonario (James Purefoy, The Following). Este le propone que investigue su muerte y todo ello le conduce a una enorme conspiración.

Bien hasta ahí, el argumento es curioso, la fotografía es buena, pasables las interpretaciones, las escenas de acción son muchas y bien rodadas, pero… después de la original presentación de una sociedad avanzada tecnológicamente y socialmente injusta el guion flojea. Uno de los proyectos televisivos más prometedores de la temporada se viene abajo porque, entre otras cosas, tiene demasiadas subtramas y da la impresión de que no se sabe por dónde va a salir el desenlace, con un personaje (la hermana) que aparece a partir del séptimo episodio, que encarna todos los males y del que no se había tenido conocimiento previo no solo de sus tejemanejes sino de si seguía con vida. Tampoco ayuda a mantener la atención unos diálogos largos y plagados de tecnicismos y es prescindible dedicar un capítulo entero a las torturas virtuales.

Habrá quien puede ver en ella los desafíos éticos que plantea la eternidad, pero no nos engañemos porque burlar la muerte solo está al alcance de los ricos, a los que retrata como una clase corruptora y extravagante ajena a las condiciones en las que vive el resto; o sea, como ocurre ahora. Y habrá quien le moleste o le guste la exhibición de desnudos, que no se sabe muy bien a cuento de qué salpican todos los episodios. La mexicana Martha Higareda (Amar te duele), que interpreta a una policía, se ha descubierto como una especialista en este campo, aunque tampoco se queda corta Dichen Lachman (Los 100).

Quien espere algo sorprendente de esta alteración del carbono se quedará en los dos o tres primeros episodios, que vienen a darle la razón a Abraham Lincoln: “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error”. El resto de la serie hubiera sido más entretenido si hubiera prescindido de clichés y acortado la duración. En definitiva, recomendable para seguidores del género; los más reticentes deberán esperar a otra serie para engancharse a la ciencia ficción.

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Humillación indirecta

En inglés se distinguen dos tipos de vergüenza: la que sentimos cuando hemos hecho algo moralmente mal (shame) y la que sentimos cuando hacemos el ridículo (embarrasement). También hay un tercer tipo de vergüenza, la vergüenza ajena, un término típicamente español, aquella que es una humillación indirecta y que tiene su punto de empatía porque nos ponemos en la piel de otro que pone en peligro su integridad al violar alguna norma social. La serie Vergüenza (Movistar) incide en esta última modalidad de la mano de Jesús (Javier Gutiérrez), un especialista en meter la pata sin ningún tipo de remordimiento; al contrario, el hombre es insistente.

 

Creada por Juan Cavestany (Dispongo de barcos) y Álvaro Fernández-Armero (Todo es mentira) cuenta la historia de un fotógrafo de bodas y bautizos con ínfulas de artista, especialista en provocar situaciones incómodas. Arrasó en los Premios Feroz como mejor serie, mejor actor (Javier Gutiérrez, El autor), mejor actriz (Malena AlterioPerdiendo el norte) , mejor actor de reparto (Miguel Rellán, Amanece, que no es poco) y encaja perfectamente en la definición del diccionario (sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos).

El formato es novedoso en el ámbito de la comedia española. No está rodada en un escenario, no tiene risas añadidas y dura cada episodio entre 20 y 25 minutos frente a la hora metida con calzador de otras series, que sí que dan vergüenza ajena. Son 10 capítulos que tendrán continuación en una segunda temporada.

Gutiérrez borda el papel de impresentable, capaz de mirarle el canalillo a su suegra sin sonrojarse, y construye ese tipo de persona que no tiene educación y no sabe (tampoco le da la gana) comportarse en público. Su pareja sueña con tener una vida normal, con quedarse embarazada, pero Jesús supone un lastre difícil de evitar. En una reciente entrevista, Gutiérrez apuntaba que la serie buscaba “incomodar al espectador”. El objetivo está más que cumplido.

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La peste suena mal

Dos mil figurantes, 130 localizaciones, 200 actores y unos 400 profesionales detrás de las cámaras son la tarjeta de presentación de la mayor producción televisiva española hasta la fecha. Diez millones de euros han costado los seis capítulos de La peste, una serie original de Movistar + creada por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, que triunfaron en los Goya con La isla mínima. El inusual despliegue de medios ha dado como resultado una muy buena acogida en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y un amplio seguimiento de la audiencia.

peste-1El argumento gira alrededor de las pesquisas de Mateo (Pablo Molinero, a la izquierda en la foto  junto a Sergio Castellanos), sentenciado por la Inquisición por imprimir biblias protestantes, para esclarecer una serie de crímenes de personas notables en la Sevilla de 1597, una ciudad amenazada por la peste, epidemia que acabó con 60.000 almas, casi la mitad de la población. La bacteria Yersinia pestis se propaga a través de las pulgas infectadas en viven en animales pequeños -léase las ratas-, las picaduras de los insectos transmiten la bacteria que viaja por venas y arterias hasta los ganglios linfáticos y la muerte se presenta en un plazo que va de la semana a los diez días, después de episodios de fiebre, vómitos y dolor de cabeza. A la estreptomicina todavía le quedaban algunos años para que hiciera su aparición.

Con una magnífica dirección artística, la acción nos lleva a las Reales Atarazanas, la Casa de Pilatos o la sala de Capitulares del Ayuntamiento. Pero sobre todo se recorre una ciudad en la que abunda la miseria. Calles embarradas permanentemente, ratas, casas que se caen, un mercado de esclavos en las cadenas de la mismísima catedral, burdeles y tabernas se suceden a lo largo de los episodios. Si Sevilla era el puerto de Indias y la capital más próspera de Occidente cabe preguntarse cómo sería la más pobre. Así, la ciudad se convierte en una protagonista más en un viaje en el tiempo para poner en contexto la narración. Y de esa forma sabemos que cuando alguien contraía la peste era abandonado a su suerte y su destino, tras el paso por los infectos hospitales, era una fosa común.

La peste bubónica paraliza la actividad de Sevilla y las autoridades deciden cerrar a cal y canto las puertas de la muralla, condenando a sus habitantes a un futuro más que incierto. Pero no a todos. Como pasa siempre en las crisis, hay quien se hace rico; poco ha cambiado desde entonces. Es el caso de Luis de Zúñiga (Paco León), a quien la peste le sirve para escalar puestos en la sociedad. En el reparto encontramos a Paco Tous, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Sergio Castellanos, Cecilia Gómez, Tomás del Estal, Antonio Dechent y Lupe del Junco.

La serie ha recibido críticas en medios y redes sociales por el acento andaluz de los actores (León, Dechent y Solo son andaluces y hablan alto y claro; Molinero es de Castellón y susurra como él solo aunque en el trailer se le oiga perfectamente), normal si la acción se desarrolla en Sevilla, aunque la dificultad para entenderlos no está en la manera de hablar, los giros o vocablos que se emplean, sino en la vocalización, más grave cuanto más joven es el actor o actriz. Claro que lo mismo pasó con Narcos. Costaba pillar el tranquillo a tanto hieputa malparido pronunciado por el actor brasileño Walter Moura. Menos mal que la serie dispone de subtítulos. Un gran fallo para una gran serie, que esperamos que se subsane en siguientes entregas.

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Salidas y entradas

 

El momento dulce que vive la industria televisiva se plasma en la cantidad y calidad de las series que se emiten a través de cadenas y plataformas y este 2017 recién acabado ha sido un buen año. A la hora de elaborar una lista las combinaciones son enormes y esta que viene a continuación solo sigue el criterio de que me han gustado

El cuento de la criada

handIndiscutible ganadora de los Emmy por muchos motivos: por su originalidad, argumento, interpretación, fotografía… La novela de la escritora canadiense Margaret Atwood llevada a la pequeña pantalla ha sido una de las grandes sorpresas de este año. El mundo teocrático que dibuja es cuanto menos preocupante vistos los derroteros de alguna que otra sociedad. La productora Hulu prepara una segunda temporada, aunque el libro no dejaba opción de seguimiento de la trama. Será un placer volver a ver a Elizabeth Moss en abril, mes para el que se ha programado el estreno de la segunda entrega.

Babylon Berlín

babylonUna muestra de que en Europa se pueden hacer buenas series. Muy original, narra las aventuras de un policía en la Alemania previa al nazismo y lo hace con unos dignísimos medios y unas buenas interpretaciones. Muy buena ambientación y una música impactante.

 

 

 

 

Strangers Things

La segunda temporada en absoluto desmerece a la primera, que fue un rotundo éxito de público y crítica. Los chicos del pequeño pueblo de Indiana que alberga una puerta de entrada a una terrorífica dimensión cumplen con creces las expectativas de una serie dirigida a los más jóvenes pero capaz de enganchar a los más mayores. Habrá tercera entrega; eso dicen en Netflix.

 

 

Narcos

Aquí no cabe aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”. Es cierto que la ausencia del Emperador de la Cocaína (Pablo Escobar) se hace notar, pero sus sucesores no desmerecen. El cártel de Cali tenía otra forma de actuar, pero seguía siendo una organización criminal como la de Medellín. El agente Javier Peña (Pedro Pascal) estuvo acompañado en esta temporada por varios actores españoles: Javier Cámara, Tristán Ulloa y Alberto Ammán. La próxima entrega se centrará en los cárteles mexicanos. El trailer ofrece una curiosa versión de uno de los boleros más famosos: Dos gardenias para ti

 


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Feud

Cambio de registro total respecto a las series anteriores. Aquí no hay violencia; hay un enfrentamiento dentro y fuera del plató entre dos de las más grandes estrellas del star system de Hollywood. Bette Davis (Susan Sarandon) y Joan Crawford (Jessica Lange) se sumergen en el rodaje del dramón ¿Qué fue de Baby Jane? Y salen a relucir sus envidias, recelos, caprichos y demás que dieron grandes dolores de cabeza al director y al productor. Es conveniente ver la peli antes de la serie.

 

 

 

 

Juego de Tronos

La serie de las series encara su recta final con su despliegue habitual de fantasía, batallas, intrigas y sexo. Solo por ver el episodio La batalla de los bastardos o el último capítulo de la temporada ya merece la pena esta superproducción, buque insignia de HBO. El interés que despiertan los Siete Reinos, el Trono de Hierro, los Stark y los Lannister es más que suficiente para seguir desde el minuto uno esta serie. Hay tiempo para ver todas las temporadas antes de que se estrene la última y seguro que entremedias gracias al pirateo saldrán a la luz detalles del desenlace. El trailer recoge los lugares de España donde se han rodado escenas.

 

Para algunos el 2018 será un año en blanco porque hasta 2019 no se estrenará la última temporada de Juego de Tronos. Hay vida más allá de esta serie y ahí van unos ejemplos.

Expediente X

Clásica donde las haya, el 8 de enero, ya mismo, se estrena en Fox la temporada 11 con Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), quien ha anunciado que será la última vez que interprete a la agente del FBI. Crish Carter sigue a los mandos de esta serie que arranca con la consabida frase de “la verdad está ahí fuera”.


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House of cards

El escándalo de las acusaciones a Kevin Spacey por abusos sexuales, con un menor incluido, llevó a la productora Netflix a variar la entrega final de la serie, que tendrá ocho episodios y que comienza a rodarse este mes. Será Robin Wrigth quien lleve la batuta de un argumento del que no ha trascendido qué futuro se le reserva al presidente Frank Underwood. Quieren estrenar antes de fin de 2018.

 


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Big little lies

Parecía una historia con principio y final, pero su éxito ha llevado a la productora HBO a anunciar una segunda temporada con siete capítulos. Nicole Kidman y Reese Witherspoon actúan y producen este drama que en la primera entrega abordó el maltrato machista. David E. Kelley, creador de esta serie basada en una novela de Lianne Moriarty, es también el guionista.

 

 

La peste

Producción española de Movistar + creada por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos que sitúan la acción en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI. Mateo Núñez (Pablo Molinero), perseguido por la Inquisición por imprimir libros prohibidos, vuelve a la capital andaluza para buscar al hijo de un amigo fallecido, pero los alguaciles le detienen. Llega a un acuerdo con el inquisidor, quien le perdonará la vida si resuelve una serie de crímenes extraños. La acción se desarrolla durante una plaga de peste negra y cuentan en el reparto con Paco León, Manuel Solo y Teresa López Arnáiz en los principales papeles.

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Lingüística forense

Con un cociente intelectual impresionante (167), una carrera en Harvard y un doctorado en Matemáticas en la Universidad de Michigan, Theodore John Kaczynski ha pasado a la historia como uno de los criminales más escurridizos de los Estados Unidos. El FBI le bautizó como Unabomber y solo después de 17 años de investigación consiguió detenerlo gracias a seguir lo que enviaba a los periódicos. Colocó 16 bombas desde 1978 hasta 1995 y estos artefactos acabaron con la vida de tres personas y causaron heridas a otras 23.

sam-worthingtonLa serie de Netflix Manhunter: Unabomber refleja el trabajo del agente Jim Fitzgerald (que por cierto es el asesor de Mentes criminales) que condujo a los policías federales hasta la remota cabaña en Montana donde el terrorista vivía sin luz y sin agua corriente. Y lo hizo gracias a una entonces novedosa técnica denominada lingüística forense. La clave de todo estuvo en que Kaczynski envió una carta a The New York Times en abril de 1995 en la que prometía cesar en la colocación de bombas si le publicaba un manifiesto, La sociedad industrial y su futuro, en el que vertía sus ideales sobre la destrucción que estaba causando la tecnología. Los rectores del diario decidieron publicarlo y el FBI tenía la esperanza de que alguien pudiera identificar al autor a través de ese escrito. Fue el hermano de Kaczynski quien alertó a un fiscal y este se puso en contacto con el FBI.

Tras su captura, Unabomber tuvo que llegar a un acuerdo con la fiscalía para evitar la pena de muerte. Aceptó ocho sentencias de cadena perpetua no revisables y cumple condena en una prisión federal de alta seguridad en Colorado.

Hasta ahí la historia, porque otra cosa es la serie. En Mindhunter, que tiene ya una entrada en este blog, asistimos a la creación de la unidad de estudio del comportamiento en los años 70 y en Manhunter: Unabomber vemos el desarrollo de estos conocimientos y la lucha de Fitzgerald (Sam Worthington, Avatar) para que sus jefes le den medios para investigar. Reveses se llevó unos cuantos porque ninguno de sus superiores creía que estudiando cómo escribe un asesino se pudiera dar con él. Al final se rindieron a la evidencia y se apropiaron de sus éxitos. Don Ackerman (Chris Noth, Sexo en Nueva York) fue el más crítico con él, le desterró al ostracismo pero no dudó de apuntarse al tanto ante la fiscal general Janet Reno (Jane Lynch, Glee).

unabomber-capuchaPaul Bettany (El Código Da Vinci, en la foto de la izquierda) encarna al terrorista y lo hace con convencimiento, sobre todo cuando conversa con su captor ya en prisión y se establece una lucha mental entre ambos que es de lo más entretenido de esta miniserie. El problema de contar una historia como esta es que se conoce el final, de ahí a que los saltos atrás sean un elemento recurrente (a veces demasiado recurrente) para situar en contexto las acciones de Unabomber. Greg Yaitanes (House) es el director de estos ocho episodios que se dejan ver.

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Una del Oeste

Hay veces en que la industria del entretenimiento no se complica la vida y recurre a lo más sencillo, a la historia clásica de buenos y malos, aunque en ocasiones se difuminen los límites. Godless es uno de esos productos. La miniserie de siete episodios de Netflix se centra en el Oeste con todos sus tópicos: vaqueros, indios (no muchos), un pueblo en medio de Nuevo México y un grupo de bandidos muy malos, como debe ser, de esos de gatillo fácil y que no dejan títere con cabeza.

frank-griffin-godless-averseriesEl joven Ray Goode (Jack O’Connell, This is England) abandona la banda de Fran Griffin (Jeff Daniels, Newsroom, en la foto de la izquierda) después del asalto a un tren, se queda con el botín y acaba en un poblado minero, La Belle, donde el sheriff Bill McNue (Scoot McNairy, Monster) le mete entre rejas. Griffin advierte de que todo aquel que dé cobijo a Goode -a quien recogió siendo un niño y al que considera su hijo- morirá y este criminal es un hombre de palabra.

Hasta aquí puede ser la trama recurrente de los westner, pero hay algún que otro detalle que la hacen distinta. La Belle es un pueblo castigado en el que solo viven mujeres y ancianos. La mina se tragó la vida de todos los hombres y son ellas las que mandan y se administran; de hecho negocian la venta con una compañía minera que quiere reanudar la explotación.

michelle-dockery-godless-netflixEspecial relevancia tienen dos personajes: Alice Fletcher (Michelle Dockery, Downton Abbey, en la foto), viuda de un indio y que vive en un rancho a las afueras, y Maggie McNue (Merrit Wever, Nurse Jacky), la hermana del sheriff. Ellas, junto al resto de vecinas, deberán hacer frente a los 30 bandidos que siguen a Griffin. Aparecen personajes femeninos muy curiosos, como la prostituta que por falta de clientes se convierte en la maestra de los niños del pueblo, la inmigrante alemana que cultiva la pintura, la dueña del hotel, que busca un marido desesperadamente… De esta forma los guionistas sitúan al espectador en un escenario distinto, pero no nos engañemos: el eje, el protagonismo de la narración es el enfrentamiento de dos hombres.

Pero la historia hace aguas. No está bien explicado por qué Goode abandona la partida de forajidos, punto fundamental en esta trama. No se sabe bien cuál es el detonante. El director Scott Frank (Caminando entre tumbas) ejecuta varias miradas atrás para ahondar en la relación entre ambos, pero no alcanza a desarrollar ese porqué. Y motivos no faltan.

El reparto es impecable, completado por Sam Waterston (Newsroom), Thomas Brodie-Sangster (Juego de Tronos), Kim Coates ( Son of Anarchy), la fotografía es buena, aunque mejorables las tomas de paisajes, y el capítulo final es lo que se espera: un tiroteo bestial.