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Motín en tiempo real

La cuarta temporada de Orange is the new black acabó en tragedia. Uno de los guardas mata a una interna y salta la chispa que faltaba para que explotara la prisión de Litchfield, en el Estado de Nueva York. La quinta entrega, que se estrenó el sábado en nuestro país, arranca con un motín que se narrará en tiempo real a lo largo de 13 capítulos que transcurren en tres días. Algo así como en 24, la serie de Kiefer Shuterland.

 

La serie comenzó como comedia -así se presentó a los Emmy del año – y se ha convertido en un melodrama con Taylor Schilling (Piper Chapman) de protagonista, una chica de clase media que acaba entre rejas por un problema de drogas. Está arropada por Laura Prepon (que interpreta a Alex Vausse, su camello y con la que mantuvo una relación sentimental), Uzo Aduba (Suzanne Ojos Locos Warren), Kate Mulgrew (Red Rezkinov) y Dasha Polanco (Dayanara Díaz).

orange-t5Las cuatro entregas anteriores han denunciado la situación por la que pasa el sistema penitenciario de Estados Unidos, con la privatización de servicios, la masificación, el abuso de poder, la corrupción policial … A esto hay que sumarle un trasfondo racial: hay una lucha entre blancas, hispanas y afroamericanas para hacerse con el control de la cocina, el huerto, la hora de la ducha, la biblioteca o lo que sea para demostrar que están por encima de las demás. Pero en esta quinta temporada se ha acabado ese enfrentamiento. La muerte de la joven Poussey (Samira Wiley) ha servido para que las presas dejen a un lado sus diferencias y se levanten contra los carceleros.

A pesar de ser una serie de prisiones, no es tan claustrofóbica como se podría esperar. Y es que las pequeñas historias personales de las protagonistas, el porqué están en la cárcel, no solo libera al espectador de contemplar una acción que se desarrolla entre los cuatro muros del talego, sino que vale para conocer el pasado de las reclusas.

Orange is the new black está basada en la novela autobiográfica del mismo nombre escrita por Piper Karman, que pasó un año en la cárcel. Jenji Kohan es la guionista junto a la anterior. La serie está producida por Netflix, que ha anunciado dos temporadas más, y se emite en la plataforma Movistar, que tiene la exclusiva durante un año.

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Demasiado tiempo

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Hasta la propia cadena que la emite (TVE) se sorprendió en su momento del éxito de El Ministerio del Tiempo. Y no es para menos. La serie llega a su tercera temporada avalada por unos 40 premios, dos Ondas incluidos, aunque la tele pública no aclara cuándo se estrenará. El viernes pasado se abrió en la delegación de RTVE en Barcelona el reparto de entrada para ver el avance, que tendrá lugar los días 2,3 y 4 de mayo en el Liceu, con largas colas de ministéricos.

 

Los productores van soltando con cuentagotas detalles de la serie y entre las principales novedades sabemos que vuelve Pacino (el personaje al que da vida Hugo Silva), que no vuelve Rodolfo Sancho, que se dividirán los 13 capítulos en dos tandas y que las emisiones comenzarán antes del verano, pero no se sabe cuándo. También que el primer episodio se titula Con en tiempo en los talones y que en él se evitará el secuestro del director inglés Alfred Hitchcok en el Festival de Cine de San Sebastián en 1958. Seguirán en pantalla Amelia (Aura Garrido), Alonso (Nacho Fresneda) , Ernesto (Juan Gea), Irene (Cayetana Guillén Cuervo), Angustias (Francesca Piñón) y Diego de Velázquez (Julián Villagrán).

El pasado abril salió a la venta un cómic (Tiempo al tiempo), un formato no habitual en las producciones españolas, como tampoco lo es que se cuente con una aplicación para móviles (El Ministerio del Tiempo Dive, en IOS y Android) con información simultánea de lo que estamos viendo en cada momento. Si quieres saber más de las temporadas anteriores se puede acudir a un post (Una llamada a tiempo) en el que Silva y Jaime Blanch (que interpreta al jefe, Salvador Martí) cuentan las misiones. Además, se pone en marcha una experiencia de realidad virtual en el que el espectador puede interactuar con los personajes en escenarios históricos y sigue activo el blog de la secretaria (Tiempo de confesiones) en el que esta funcionaria da su visión de lo que ocurre en el ministerio.

Todo esto nos dice varias cosas: que El Ministerio del Tiempo es algo más que una serie y que RTVE ha sabido aprovechar el tirón del éxito y difundirlo adaptado a los nuevos tiempos. Facebook, Twitter e Instagram son las redes sociales elegidas para su difusión, que vienen a completar una página web oficial muy entretenida.

¿A qué se debe el éxito? A que conjuga hechos históricos con la ficción en una trama bien enlazada y en la aportación de referencias a episodios y protagonistas de la historia española. Recordemos que por los capítulos han pasado Picasso, Isabel la Católica, Velázquez (que se ha quedado en nuestro tiempo), Miguel de Cervantes, Felipe II (que se aprovechó del secreto de viajar en el tiempo para hacerse onmipresente), y un largo etcétera. En la nueva tanda se contará con Becquer, Goya o Godoy, entre otros.

Comprendo el afán de los creadores, Javier y Pablo Olivares, en ampliar el contenido de cada capítulo con información extra, pero lo que no comprendo es que duren tanto esos extras. La serie quiere ocupar toda la franja del horario preferente (a partir de las 22.00 horas, por otra parte el mayor escollo para racionalizar los horarios en este país), pero lo hace a base de recordar lo que pasó en el capítulo anterior, con comentarios de actores, expertos y demás, y luego nos adelanta de qué va el que se emite a continuación. Demasiado tiempo, para mi gusto.

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Le falta un hervor

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La plataforma Netflix dio el golpe el año pasado con Stranger Things, una serie protagonizada por niños con toques de misterio, y ha vuelto a apostar por los jóvenes con Por trece razones, que se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales en Estados Unidos y Canadá, donde varios colegios han aconsejado a sus alumnos que no la vean. En Nueva Zelanda, incluso, la han clasificado para mayores de 18. Basada en una novela de Jay Asher, la serie refleja la vida en un instituto y el suicidio de una estudiante, Hannah Baker (Katherine Langford), que se siente víctima del acoso de sus compañeros y deja dictadas en trece cintas de casete -nada de nuevas tecnologías- las razones que le llevan a quitarse la vida. Las cintas, de una hora cada una, van pasando de mano en mano hasta que llegan a Clay Jensen (Dylan Minette), un pardillo que poco a poco se va dando cuenta de que cada uno tiene una parte de responsabilidad en la decisión que toma la chica. Así, a bote pronto, el argumento parece interesante y más cuando hace unos días salió a la luz el juego de la ballena azul, una serie de retos que llevaron a la muerte a una niña catalana. Pero la realidad es otra.

A los capítulos les sobra, en primer lugar, metraje, por lo que el ritmo no es tan dinámico como debe. El alumnado responde a los estereotipos más que manidos de los institutos norteamericanos: el capitán de equipo de baloncesto y sus amigos, las animadoras, el baile de fin de curso, las fiestas en casa cuando se van los padres, la decisión de ir a la universidad… sin llegar a ser Salvados por la campana (aquí no hay toque de humor alguno). Pero lo que más sorprende es la actitud de los protagonistas para con la chica: niegan conocerla, como hizo San Pedro con Jesucristo, porque en las cintas se esconde un secreto de una agresión sexual que aparece ni más ni menos que en el octavo episodio (son trece en total), demasiado tarde para interesar al espectador.
Aquí no se profundiza en el acoso ni en la violación como hizo American crime en su segunda temporada y los guionistas se fijan más en detalles que en porqués. Un tema tan delicado como el acoso escolar se merece más valentía en el planteamiento de la narración y la frase “¿quieres que hablemos?” que pronuncian los padres del chaval llega a hartar. Lo mejor de la serie, insisto, es el problema que aborda, pero como al protagonista le falta un hervor. A pesar de todo ha sido un éxito y ya se prepara una segunda temporada.

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Los Underwood vuelven

Texto de cabecera de Napoleón Bonaparte, que incluso llegó a comentar alguna edición, El Príncipe es uno de los tratados de política más influyentes de los últimos 500 años. El florentino Nicolás Maquiavelo ha dado nombre a un adjetivo, maquiavélico, para definir al tipo de persona que se vale de astucia y engaños para llegar a su objetivo. Su inspiración estuvo en César Borgia (hijo del papa español Alejandro VI), Fernando el Católico y Lorenzo de Médicis, según los expertos. No conocía a Frank Underwood (Kevin Spacey), ficticio presidente de los Estados Unidos ni a la primera dama (Robin Wright, La princesa prometida), los protagonistas de House of Cards, que a finales de este mes estrena su quinta temporada en Netflix. Un príncipe prudente no puede mantener fidelidad en las promesas cuando tal fidelidad resulta en perjuicio propio, y cuando las razones que lo hicieron prometer no existen, dice en su obra. Como anillo al dedo viene esta frase a Underwood.

 

Instalado en el poder, el mandatario afirma que “el pueblo estadounidense no sabe lo que le conviene… yo sí”, lo que da idea de que no tiene intención alguna de dejar el sillón. Ambientada en el proceso electoral de 2016, Underwood busca perpetuarse en la presidencia , aunque en esta ocasión se encuentra más distanciado de su mujer, su mejor apoyo en su carrera política y tan ambiciosa o más que él. En trayectoria de ambos hay infidelidad, traición, amenazas, extorsiones, algún crimen y medio Código Penal más. Enfrente tendrá a un duro rival republicano, Will  Conway  (Joel Kinnaman, The Killing). En el reparto también figuran Michael Kelly, Neve Campbell, Paul Sparks, Boris McGiver y Patricia Clarkson.

Esta temporada es la primera temporada en la que su creador, Beau Willimon, deja el guión en manos de Frank Pugliese y Melissa James Gibson, y es curioso que no hayan tirado del efecto Trump para incluirlo en la trama, como han hecho otras series son fondo político (Homeland, Veep). Quizás con el personaje de Spacey se basten para mantener el ritmo de la narración. Y es que “si un príncipe quiere conservar el Estado, a menudo se ve obligado a no ser bueno”, que debe ser lo que le pase a Underwood.

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“Te veré dentro de 25 años”

La frase la susurró la actriz Sheril Lee, que dio vida a Laura Palmer en Twin Peaks, a Dale Cooper (Kyle MacLachlan, imperturbable, mentón prominente y repeinado con brillantina), el agente de FBI enviado al pueblo que da título a la serie para desentrañar el crimen. La imagen de la cara de Laura Palmer en la bolsa de plástico ha quedado para la posteridad, lo mismo que la música de Angelo Badalamenti, el salón de las cortinas rojas, el enano que habla hacia atrás, o la Señora del Leño, que habla con los árboles… y además contó con un marketing inmejorable con solo una frase: “¿Quién mató a Laura Palmer?” Se sabe quién lo hizo desde el capítulo 7, pero este blog está libre de destripes, que es la traducción del tan manido spoiler.

UNITED STATES - DECEMBER 12:  TWIN PEAKS - Gallery - Season One - 12/12/89, Homecoming queen Laura Palmer is found dead, washed up on a riverbank wrapped in plastic sheeting. FBI Special Agent Dale Cooper (Kyle MacLaughlin) is called in to investigate the gruesome murder in the small Northwestern town of Twin Peaks. Sherilyn Fenn stars as Audrey Horne, the teenage daughter of a wealthy businessman. ,  (Photo by ABC Photo Archives/ABC via Getty Images)

El agente Cooper (Kyle McLachland)

Posiblemente estemos ante la serie más rara de la historia de la televisión, una obra que revolucionó la forma de narrar, y eso se lo debemos a David Lynch y Mike Frost. La cadena norteamericana ABC comenzó a emitir la primera temporada, de ocho capítulos, en 1990 -no existían ni HBO ni Netflix- y dos años después salió a antena la segunda tanda, aunque sus episodios se lanzaron de forma discontinua. En nuestro país se emitió en Telecinco, en pleno apogeo de las mamachicho y Emilio Aragón, y arrasó.

El argumento es bastante sencillo: Laura, la chica más popular del instituto, aparece muerta al orillas del lago Black. El agente Cooper se hace cargo del caso y con él colabora el sheriff Harry S. Truman (igual que el presidente), encarnado por Michael Ontkean. Poco a poco irán descubriendo que todo el mundo en el pueblo guarda un secreto. Lo complicado es su desarrollo y es ahí donde radica el éxito de la serie. Laura, el enano, un gigante y un sinfín de personajes se aparecen en sueños a Cooper, que debe desentrañar el significado de lo que ve, de lo que oye. El espectador está en la misma situación; sabe lo mismo que el agente, lo cual es de agradecer. Lynch da rienda suelta a su portentosa imaginación para convertir una historia policíaca en surrealismo puro, con estrambóticos personajes que viven situaciones increíbles. Alrededor de la obra del director hay un universo onírico que se desvela poco a poco. Hay que escuchar con atención a los personajes más raros para saber qué significa el salón rojo o dónde está Cooper.

enanoLa nueva entrega comenzará a emitirse en Movistar + el 21 de mayo. Al reparto original se han sumado la mayoría de actores y en esta tercera temporada se incorporan entre otros Naomi Watts, James Belushi, Michael Cera, Jennifer Jason Leigh, Tim Roth y Monica Belucci.

Desde hace meses circula material promocional distribuido y hay voces que apuntan a la decepción. El cine o televisión de Lynch no es para todos. Su particularidad lo hace querido u odiado, no hay término medio. Ya se sabe quién mató a Laura Palmer; ahora solo falta que el cineasta resuelva quién es Bob, qué pasó con Diane, si está vivo Ben Horne, el significado del caballo blanco y unas cuantas cuestiones más. O no, que a los directores de culto todo se le perdona.

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Nada es lo que parece

El espionaje es una de las actividades más antiguas de la humanidad y ya en el Antiguo Testamento se narran las historias de Josué (2:1-24 y 6:22-25), que contrató a dos hombres para que espiaran en Jericó, o de Dalila, la primera Mata Hari, que descubrió el secreto del poderoso Sansón. Conocer lo que hace el enemigo para anticiparse o anular sus acciones es la base del espionaje y la industria del entretenimiento se fijó hace mucho tiempo en ello.
vengadoresLa televisión encontró en la guerra fría, ese periodo que empezó nada más acabar la Segunda Guerra Mundial y terminó con el colapso de la Unión Soviética, un filón para producir series. Una de las primeras en emitirse en nuestro país fue Los Vengadores, de la ITV británica. En 1961 comenzó su andadura con Patrick McNee y la atractivísima Dianna Rigg (lady Olena Redwine de Juego de Tronos),  ambos en la imagen contigua, que se convirtió en un icono del pop.

En Estados Unidos se filmó una serie para la historia: Misión imposible (1966-1973). Atrapaba al espectador con un comienzo impactante y una música, de Lalo Schifrin, que ha quedado para la posteridad. Una vez que Jim Phels, interpretado por Peter Graves (Aterriza como puedas) recibía las instrucciones en una casete, el narrador pronunciaba una frase que se hizo famosa: “Esta grabación se autodestruirá en cinco segundos”. Estos agentes utilizaban una tecnología puntera para su época y que hoy es más que común, como los mandos a distancia o los micros. Las caracterizaciones eran otro de sus puntos fuertes, aunque ahora suenen un poco a Mortadelo y Filemón.

También marcó un hito la serie El agente de Cipol (1964-1968). Trataba de dos espías pertenecientes a una organización internacional: el estadounidense Napoleón Solo (Robert Vaughn) y el georgiano (de la Georgia de la Unión Soviética) Illya Kuryakin (David McCallum). De esa época (1965) es Yo, espía, protagonizada por Robert Culp y Bill Cosby. Tenían como tapadera ser (en serio)  un tenista y su entrenador. Más enrevesada era la inglesa El prisionero (1967) , creada por George Markstein y Patrick McGoohan, que también la protagonizó. Los personajes no tenían ni nombre y era el Número Seis quien centraba la acción en un lugar llamado La Villa, que estaba bajo el control de Número Uno. Tan curiosísima fue que se hizo una versión en Estados Unidos en 2009 con Ian McKellen (El señor de los anillos) y Jim Caviezel (La pasión de Cristo) en los papeles principales.
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Más tarde llegaron la canadiense Nikita ( 1997-2001), con la rubia Peta Wilson, y Alias (2001-2006), con Jennifer Garner, por poner un par de ejemplos, y más tarde todavía la ya comentada en otra entrada The Americans. No puede faltar en este listado la magnífica Homeland, actual donde las haya.

 

 

Desde el otro punto de vista, tanto geográfico como político, encontramos dos series de similar factura. Producidas en Alemania, Deutschland 83 (2015) y El mismo cielo (2016) narran el espionaje que la Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana (RDA) ejercía sobre su vecina federal y occidental. La primera de ellas, de solo ocho episodios, se sitúa en las negociaciones entre Estados Unidos (gobernados por Ronald Reagan) y sus aliados para desplegar misiles que apuntan a Rusia y los países del Telón de Acero. El joven Martin Rauch (Jonas Nay) es reclutado para infiltrarse en la OTAN. Recordemos que “el imperio del mal” tenía su capital en Moscú, según el actor que llegó a ser presidente de la mayor potencia mundial. A la dificultad de la misión se suman las tentaciones del capitalismo, tanto las materiales como las políticas.

 

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El mismo cielo, que se emite actualmente en Movistar, tiene bastante en común, aunque la acción se desarrolla 1974. Lars Weber (Tom Schilling) demuestra la lealtad a la RDA seduciendo en Berlín Occidental a una analista británica de alto rango, Sofia Hellin (El Puente).
Las dos series están salpicadas de detalles de la vida en la desaparecida Alemania comunista: nadadoras hormonadas, la falta de productos cotidianos, los automóviles utilitarios rusos, los electrodomésticos rudimentarios, la vestimenta casi uniforme, la construcción de un túnel para escapar de la RDA, el adoctrinamiento… Pero quizás lo más curioso de Deutschland 83 no sea que nada es lo que parece, las traiciones o la carga de suspense, principios básicos del cine de espionaje, sino su toque retro, atemporal, y su estética pop más que conseguida gracias, además, a la música de David Bowie, Nena o The Cure. Por algo fue la primera serie en lengua alemana emitida en Estados Unidos y con el plus de que lo hizo la más que original cadena Sundance TV.

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Espías, zombis, desaparecidos y Kate del Castillo

Candidata a diez Emmys, dos Globos de Oros y 14 Premios de la Crítica y ahí se quedó la cosa, The Americans es una de esas series que tienen muchos puntos para triunfar pero no cuaja del todo. Matthew Rhys (Cinco hermanos) y Keri Russell (Felicity) interpretan a un matrimonio de clase media en los Estados Unidos gobernados por Ronald Reagan. En realidad son una cédula durmiente del KGB, que cada vez le encarga misiones más complicadas en un momento delicado para la estabilidad mundial. Están bien entrenados y no les tiembla el pulso a la hora de liquidar a alguien o de utilizar el sexo para conseguir un objetivo.

Fox Life acaba de estrenar su quinta temporada (habrá una sexta) y consta de 13 episodios. En esta tanda, sus jefes quieren que abandonen el espionaje y vuelvan a la Unión Soviética, a lo que no parecen muy dispuestos. Merece la pena fijarse en la caracterización –por no decir disfraces– de los personajes. No siempre una peluca sirve para hacerse pasar por otro.

Una temporada que acaba es la de The Walking Dead. Rick y los suyos llegan este lunes al último episodio en el que deberán dar el do de pecho para quitarse de encima a Negan y Los Salvadores. También en Fox.

Este mes de abril se estrena temporada Prison Break (la quinta), la comedia Veep y The Leftovers. Me detengo en esta última por motivos varios. Llega a su tercera entrega una serie que puede ser tan rallante (o sea, fastidiosa y cargante) como Perdidos (Damon Lindeloff es uno de los guionistas). La trama se desarrolla en un mundo en el que el 2% de la población desaparece de repente, sin más, se evapora literalmente.

El resto intenta asimilar lo que ha pasado, pero explicaciones hay pocas. Mejor dicho, ninguna, ni nadie en níngún momento tiene una hipótesis plausible. Esto hace que proliferen extraños cultos y sectas de todo tipo. El protagonista es el jefe de policía de un pueblo de Nueva York, interpretado por Justin Theroux (Mullholand Drive). En el reparto figuran Amy Brenneman, Carrie Coon, Christopher Eccleston, Ann DowdAmanda Warren y  Liv Tyler. Seguirla requiere un poco de paciencia. Estará disponible a partir del día 16 en HBO y Movistar.

Y por último, y para amantes de emociones fuertes, la mexicana Kate del Castillo (La reina del Sur) estrena Ingobernable. La musa del Chapo Guzmán (por lo menos eso dice él) es en la ficción la primera dama mexicana que tienen grandes ideas para llevar la paz a todo su país. A los elementos típicos del culebrón ( personajes idealizados, narración de varias historias que se entrecruzan, amoríos, abundancia de capítulos, final más que esperado…) se suma la realidad, que en este caso supera con creces a cualquier argumento de telenovela. Como la Procuraduría (fiscalía) citó a la actriz para que declarara por su relación con el narcotraficante que se escapó de la cárcel por un túnel y luego dictó una orden de detención contra ella, la productora Netflix se vio obligada a que una doble filmara las escenas en territorio mexicano, mientras que Kate hacía lo propio en suelo estadounidense. Metaserie en estado puro.

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‘The OA’ y otras pifias

La forma en que se resuelve el final de una serie de televisión lo dice casi todo de ella y si hablamos de fiascos Los Serrano ocupa uno de los primeros puestos en cuanto a decepción se refiere. A pesar de que todo se reduce al sueño que había tenido Antonio Resines, esta serie tuvo versiones en  Portugal, Italia, Serbia, Grecia, la República Checa, Turquía y  Eslovenia. Fueron ocho temporadas en España con una media de 4,9 millones de espectadores, que se dice pronto.
No es la única serie que decepciona por su final. Sonado fue el de Perdidos y tampoco se quedaron atrás el de Dexter o Los Soprano. En las plataformas hay (al menos) dos series que te dejan con cara de haber perdido el tiempo.

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“Después de siete años desaparecida, una joven vuelve a casa con unas misteriosas capacidades y recluta a cinco extraños para una misión secreta”, dice la promoción de Netflix para la serie The OA. La plataforma hizo un lanzamiento por todo lo alto con un primer capítulo que dejaba varias líneas argumentales interesantes abiertas. Pero la cosa se va desinflando hasta que un par de episodios antes del final casi se desvela el pastel. Y el desenlace, esa parte que normalmente sigue a la presentación y al nudo, es penoso y lamentable, lo que se traduce en que cuando acaba tienes la sensación de que te han tomado el pelo. Atentos al baile que se inventa la protagonista, Brit Marling, que además es guionista. No contentos, los productores anuncian una segunda temporada. La española Paz Vega tuvo participación con un personaje que ni ella misma parece comprender.
american_odyssey_tv_series-132179593-mmedOtra serie que prometía es American Odissey y que acaba mal, aunque por otros motivos. La trama es interesante y gira alrededor del negocio de la guerra: Una soldado (Anna Friel), un abogado (Peter Facinelli, Nurse Jackie) y un activista/bloguero (Jake Robinson) destapan una operación encubierta en África de un poderoso contratista. Creada por el guionista y director Peter Horton (Anatomía de Grey) y los escritores Adam Armus y Kay Foster (The Following), la serie tiene acción y actualidad, pero vuelve a fallar el final. En este caso porque se prolonga en exceso y se queda en el aire. Para más inri, la productora (NBC) anunció una segunda temporada y poco después informó de que no se iba a rodar más. Un sindiós, que diría Sazatornil en Amanece que no es poco.

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Terceras temporadas que prometen

Hay ocasiones en que las productoras estiran las series como un chicle, con argumentos peregrinos para prolongar el éxito de audiencia. Pero hay otras que te dejan con ganas de más. Hace unas horas se ha sabido que dentro justo de un mes, el 19 de abril, se estrena la tercera entrega de Fargo. Basada en la película de los hermanos Coen, estamos ante una de las series más peculiares de los últimos años. Policías de pueblos de la América profunda a quienes vienen grandes investigaciones complejas (Keith Carradine y Patrick Wilson), asesinos profesionales (extraordinario Billy Bob Thorton), cobardes impenitentes (Martin Freeman), clanes mafiosos e insensatos variados (Kristen Dunn y Jesse Pleamons) han transitado por los paisajes helados de Minnesota y estados colindantes. Las diversas tramas se entrelazan a la perfección y en el guión abunda el sarcasmo, la acción y los crímenes.

 

Este tercera temporada trancurre en 2010 (la primera relataba hechos de 1979 y la segunda, de 2006) y tienen como protagonistas al escocés Ewan McGregor (Trainspotting), que hace un papel doble al dar vida a unos gemelos (atentos, que en uno de los papeles está irreconocible), y Carrie Coon (The leftovers), que interpreta a una sheriff. El creador de esta serie, Noah Hawley, adelantó que el eje de la trama es la relación entre los gemelos. También actúan Michael Stuhlbarg (Broadwalk Empire) y Shea Whigham (El lobo de Wall Street).

damian-alcazarEl protagonista indiscutible de Narcos era Pablo Escobar Gaviria, al que dio vida el brasileño Walter Moura, y aunque muerto este no cabría esperar continuación, la productora ha hecho todo lo contrario. Netflix anunció no una, sino dos temporadas más. La historia parte de los hermanos Orejuela, que heredan los contactos del narcotraficante colombiano que puso en jaque al Estado y que sembró de muertos su país. “Plata o plomo” era su lema. El protagonista de la tercera entrega será el mexicano Damián Alcázar (en la foto), que se mete en la piel de Gilberto González, jefe del cártel de Cali y enemigo de Escobar. Participan tres actores españoles: Javier Cámara, Tristán Ulloa y Miguel Ángel Silvestre.

Las dos primeras partes tienen una particular forma de narrar en la voz de un agente de la DEA Steve Murphy (Boyd Holbrook), al que le roba protagonismo Javier Peña (Pedro Pascal, el príncipe Oberyn de Juego de Tronos que duró dos telediarios), para contar el ascenso y caída de Escobar; todo ello con mucha violencia y sexo.  A finales de año se estrena.

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Estrenos antes de primavera

Las dos primeras entregas de American Crime tenían buena factura. Eran historias sólidas con buenos interprétes, y la tercera temporada, que se estrena este lunes sigue el mismo patrón. Esta serie, dirigida por John Ridley (12 años de esclavitud) cambia de historia y personajes, pero mantiene los principales actores. Regina King (premio Emmy por la primera temporadas), Felicity Huffman , Timothy Hutton y Richard Cabral figuran en el reparto, al que se suma Sandra Oh (Anatomía de Grey). La acción se traslada esta vez a Carolina del Norte y al mundo de la explotación laboral de los inmigrantes. “El sueño americano tiene un precio” es el lema de esta tercera temporada.
American crime toca con desgarro cuestiones puntiagudas de la sociedad estadounidense: la homofobia, el sistema educativo y los abusos sexuales en la primera temporada; las relaciones interraciales, las drogas, la violencia, en la segunda… Y lo hace sin pausa, con crudeza y con abundancia de primeros planos. El director da un giro en algunos capítulos para incluir testimonios reales de casos similares, acercándose al género documental. Se emite a partir de hoy en Movistar Series y son 13 episodios.

catastropheCambio de registro con Catastrophe. Un joven norteamericano y una irlandesa, que jamás se habían visto, pasan en Londres una semana de congreso y ella se queda embarazada. Rob Delaney y Sharon Horgan no solo dan vida a los protagonistas, sino que son los creadores de esta serie. Estamos ante una comedia poco convencional, con un lenguaje directo, políticamente incorrecto y que aborda el día a día de una pareja que decide seguir adelante con la relación cuando apenas se conocen. Quizá esa frescura ante la cámara venga de que Delaney se hizo famoso por promocionarse en Twitter y tener un millón de seguidores. Horgan ha sido presentadora, actriz y guionista y consiguió el éxito la comedia Pulling. Tiene el British Comedy Awards
La segunda temporada reflexiona sobre la paternidad y acaba en una crisis de pareja. Como dato curioso, la recientemente fallecida Carrie Fisher (siempre será recordada como la princesa Leia de La Guerra de las Galaxias) interpreta a la madre de él. Está disponible en Movistar Series desde el miércoles, 15 de marzo.

Otro estreno, aunque a toro pasado. Solo un inglés es capaz de ir al desierto con su traje de tweed confeccionado por un sastre de Savile Road de Londres. Eso hizo George Edward Stanhope Molyneux Herbert, más conocido como lord Carnarvon, cuando buscaba en Egipto una excavación para financiar. Encontró a un joven arqueólogo llamado Howard Carter y de ahí nació una colaboración que dio al mundo uno de los más fantásticos descubrimentos del siglo XX: la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, en la región de Luxor. El joven faraón da nombre a una miniserie británica de cuidada ambientación (como es habitual) con el trasfondo de la rivalidad entre los museos europeos y americanos que buscaban tesoros para exponer y con la primera gran guerra en marcha. El veterano Sam Neill (El piano) da vida al noble, mientras que Max Irons (The host) interpreta al arqueólogo que abrió el último sarcófago de este rey egipcio en octubre de 1925. Está producida por ITV Studio, consta de cuatro episodios y se emite en #0.
familyUn aviso para navegantes: TVE estrenó la serie española iFamily la semana pasada. Visto el primer episodio solo cabe señalar que es de la misma productora que Ana y los siete.