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De zombis y niños

El otoño avanza y las nuevas temporadas de series televisivas comienzan a hacer su aparición en las calculadas estrategias de plataformas y productoras de TV. En esta última quincena de octubre destacan dos series: la veterana The Walking Dead llega a su octava entrega, mientras que el campanazo de Netflix Stranger Things hace lo propio con su segunda.

 

Vamos por partes. “Hay muertes muy importantes en esta temporada, lo digo para avisar a todo el mundo”, decía Andrew Lincoln, que encarna al líder de los supervivientes del holocausto zombie en una revista estadounidense. Si cuando acabó la sexta temporada el grupo estaba con la soga al cuello por el hostigamiento de Negan (Jeffrey Dean Morgan) y los suyos, en la siguiente temporada las tornas cambian radicalmente y el malo de pacotilla tiene que salir por patas. Negan, ya lo dije en otra entrada, es un malvado de segunda división, nada que ver con otros sádicos como el Gobernador, que apretaba de lo lindo. El caso es que sigo sin explicarme cómo un grupo tan violento como el de los protagonistas no se quitó de en medio a semejante personaje que pasa la mayor parte del tiempo con el cuello torcido y con un bate de béisbol al hombro como si fuera la sota de bastos. Misterios de los guionistas. Se estrena en Fox el 22 de octubre, ya mismo.

La vida era muy tranquila en Hawkins, un pueblo de Estados Unidos, en 1983 hasta que desaparece un niño. Sus amigos comienzan una búsqueda que les lleva hasta un siniestro centro donde el Gobierno lleva a cabo una serie de experimentos. Stranger Things recupera el cine de aventuras protagonizado por niños con un argumento para mayores. La serie se estrenó en 2016 y fue el éxito de la temporada de Netflix, obtuvo un Grammy y dos Globos de Oro y una excelente acogida de la crítica. Winnona Ryder, Matthew Modine y David Harbour son los adultos en esta serie en la que los chavales llevan el peso de la narración. Una recomendación: verla en versión original porque el doblaje de los niños no es muy acertado. Y otra más: atención a la banda sonora. Contiene canciones de Jefferson Airplane, The Clash, Peter Gabriel, David Bowie, Vangelis, Tangerine Dreams y un largo etcétera. Recuerda en parte a Aquellos maravillosos años. La temporada se compone de nueve capítulos que emite Netflix a partir del 27 de octubre.

Su precuela, Fear the walking dead, finiquita su segunda temporada el 15 de octubre en AMC con un doble capítulo.

También se ha estrenado la tercera entrega de Mr. Robot en Movistar +. Eliot Adlerson (Rami Malik) se enfrenta a las consecuencias del último ciberataque que perpetró contra la malvada E.Corp. La serie es complicada de seguir, en parte porque se mueve en un mundo donde de nada vale la informática a nivel usuario (esta es de altísimo nivel) y en parte porque la acción es lenta. Es dificil pillarle el aire. En esta entrega se incorpora Bobby Cannevale (Master of none, Broadwalk Empire).

Más estrenos inmediatos. Modern family vuelve mañana a Fox con su novena temporada; otra comedia, Jane the virgin, hace lo mismo en Movistar Series en versión original subtitulada (aunque la abuela siempre hable en español, con acento cubano, eso sí); The blacklist llega a su quinta entrega en la misma plataforma. Más adelante se podrá ver Mentes criminales (temporada 13 el 18 de octubre en AXN); Anatomía de Grey (el mismo día en Fox Life); Navy Investigación Criminal (día 19 en AXN); Hawaii 5.0 (el mismo día en Fox); Suit (séptima entrega el día 20 en Netflix) y Arrow (también el 20 en ScyFy).

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Otra plata, otro plomo

Muerto Pablo Emilio Escobar Gaviria -no es reventar un final sino remitirse a la historia-, la trama de la serie Narcos, que se emite a través de  Netflix se ha centrado en la tercera temporada en el cártel de Cali, acérrimo enemigo de Medellín, bajo el hilo conductor del agente de la DEA Javier Peña (Pedro Pascal, Juego de Tronos). Una pena que pasara por El Hormiguero sin ser interrogado a fondo sobre la producción más seguida de la historia de la tele. Es la misma serie, con personajes que han aparecido en las dos entregas anteriores, pero es otra historia porque sin Escobar (magnífico Walter Moura), que daba mucho juego, ya nada es lo mismo.

 

La acción se centra ahora en los autodenominados caballeros de Cali, los capos de una organización que movía el 80% de la cocaína del mundo e introducían casi una tonelada al día de droga en Estados Unidos. El jefe supremo de esta red criminal, Gilberto Rodríguez Orejuela (Damián Álvarez) tiene un plan: convertir todo lo que ganan en inversiones legales y dejar el negocio de la coca en manos de otros cárteles en un plazo de seis meses. Pero esa transición se encuentra con muchos obstáculos a pesar de tener comprado a buena parte de los poderes del Estado. Su hermano Miguel (Francisco Denis) y sus socios Pacho Herrera (Alberto Amman, Celda 216) y Chepe Santacruz (Pepe Rapazote) no coinciden con las formas del líder, que evita la violencia, y piensan que si hay que disparar, pues adelante con la balacera.

Peña sigue llevando el peso de la trama, aunque ya no cuenta con su compañero Steve Murphy (Robert Boyd Holbrook), y sigue peleando con su embajador y las autoridades colombianas para desarticular el cártel. Además, esta temporada ha contado con representación española. Javier Cámara da vida a Guillermo Palomari, el contable de la organización que llevaba en su cabeza todos los números, y Miguel Ángel Silvestre (Franklin Jurado), el hombre que movía el dinero en los paraísos fiscales. La terna se completa con un difícil de reconocer Tristán Ulloa (Lucía y el sexo), que interpreta al presidente Ernesto Samper.

Aunque el tema sigue siendo el mismo, la lucha contra el narcotráfico en Colombia, la serie es otra y no solo por la ausencia de Escobar, el Patrón del Mal por antonomasia. No hay tanta violencia, aunque los de Cali no se cortaban cuando tenían que actuar; ningún personaje está tan desarrollado en los guiones como el jefe de Medellín, y hay menos sexo. Aun así, sigue siendo una gran serie, bien ambientada, con acción, con una trama interesante y con ritmo, pero le falta ese toque de maldad que tenía el Zar de la Cocaína. El futuro de esta serie está en México, donde el narco lleva años imponiendo su ley. Tanto es así que hace unos días asesinaron a Carlos Muñoz Portal, miembro del equipo de localización que buscaba lugares para rodar la próxima temporada.

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Choque de trenes

Hollywood las elevó a la categoría de diosas y con la misma facilidad con que las subió las dejó caer cuando ya no les servían. El star system daba su últimos coletazos cuando la actriz Joan Crawford leyó la novela ¿Qué fue de Baby Jane?, escrita por Henry Farrell en 1962, que enseguida vio traducida a la gran pantalla. Había protagonizado no pocos dramones, como Un rostro de mujer (George Cukor, 1941), Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945), que le valió un Oscar a la mejor actriz, El amor que mata (Curtis Bernhart, 1949) o la magnífica Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954). Necesitaba un éxito de taquilla para relanzar su carrera y lo mismo le pasaba a otra grande entre las grandes, Bette Davis. Cautivo del deseo (John Cronwell, 1934), Jezabel (William Wyler, 1938), La loba (William Wyler, 1941) y Eva al desnudo (Joseph L. Mankievicz, 1950) son algunos de los títulos que encumbraron a esta actriz.

 

Crawford pensó en Davis para protagonizar la película y esta es la base de la serie Feud, creada por Ryan Murphy para la HBO, una historia de cómo se rodó y qué consecuencias tuvo. Era una oportunidad para que se midieran y lo que hicieron pasó a la historia del cine. Y también dos grandes actrices dan vida a las divas. Jessica Lange se mete en la piel de Crawford y Susan Sarandon hace lo propio con la Davis, un personaje al que la saca más partido que su compañera de reparto. Y es que Bette Davis era iracunda, exigente, cáustica, y sobre todo, una genial actriz. Sarandon se hace sin duda con el papel. Lange lo tuvo más difícil. Crawford no era tan ‘vistosa’ como su rival, aunque lleve la batuta de la narración y se centre en ella más la trama.

baby-jane3Desde el primer día de rodaje saltaron chispas. El director Robert Aldrich (Alfred Molina), que firmó bodrios como Cuatro tíos de Texas (1963, con Frank Sinatra y sus amigos haciendo de las suyas) o cintas que han pasado a la historia (Doce del patíbulo, 1964) tuvo que emplearse a fondo para lidiar con las dos estrellas. Caprichosas y envidiosas, Crawford y Davis impusieron sus normas, unas veces sibilinamente, pero otras con ultimátum. Entre cigarrillos y tragos de alcohol a destajo volvieron loco al director, a su ayudante, al cámara y al resto del personal del plató.

El choque de trenes fue tremendo, dentro y fuera del estudio. Los desplantes eran frecuentes y el rodaje desesperó al director y al productor Jack L. Warner (fantástico Stanley Tucci). Como curiosidad, Crawford se casó cuatro veces, la última con el magnate de la Pepsi Cola Alfred Steele. A Davis no se le ocurrió otra cosa que exigir que se instalara en el estudio una máquina de Coca Cola. Crawford se la devolvió con creces. Se las ingenió para recoger el Oscar de Ann Bancroft como mejor actriz por su papel en El milagro de Ana Sullivan . Las portadas de los diarios recogieron la foto de Joan con la estatuilla en la mano, mientras Bette se quedaba con dos palmos de narices. Y así todo. La película, o mejor dicho, todo lo que la rodeaba, era la comidilla de Hollywood, de lo que daba cuenta la cronista Hedda Hopper (Judy Davis), tan famosa por los chismorreos que escribía en sus columnas como por sus extravagantes sombreros. “Los chismes sin fuente son mi especialidad”, decía.

feud-hboEl filme relanzó relativamente la carrera de ambas. El éxito duró lo justo e hizo que pensaran en una nueva colaboración. Aldrich le echó valor y comenzó a dirigirlas en Canción de cuna para un cadáver (1964), pero a los pocos días Crawford se inventó una enfermedad y renunció y fue sustituida por Olivia de Havilland (Catherine Z. Jones), íntima de Davis y experta al igual que ella en llevarse a matar con otra actriz: en este caso con su hermana, Joan Fontaine. Hasta el final de sus días, Davis no encontró acomodo en las producciones de Hollywood y se decantó por el medio emergente, la televisión. En la revista Variety publicó el siguiente anuncio por palabras: “Madre de tres hijos. Divorciada. Norteamericana. 30 años de experiencia como actriz de cine. Capaz aún de moverse; más amable de lo que dicen los chismes. Se ofrece para trabajo en Hollywood (ya estuvo en Broadway)”. Luego dijo que era una broma. Hizo numerosos episodios pilotos de series, entre ellos Madamme Sin, que no llegó a estrenarse, participó en programas de cotilleo a los que la invitaban por la mordacidad de sus comentarios y llegó a ganar un Emmy por la serie Madre e hija (1979).

A Crawford no le fue nada bien. Se trasladó a Nueva York y por más que buscaba su agente no encontraba nada que le satisfaciera. En 1970 rodó en Gran Bretaña un engendro de serie Z titulado Trog, dirigido por Freddie Francis. Consiguió un éxito de ventas con su libro My way of life (1971), vivió recluida en un apartamento y desheredó a dos de sus hijos. Murió de cáncer de páncreas en 1977.

Lange y Sarandon están nominadas a mejor actriz de miniserie en los Emmy, lo mismo que Julie Davis como secundaria. El 17 de septiembre saldremos de dudas y veremos si Feud sigue la estela de los Oscar de ¿Qué fue de Baby Jane? Tuvo cinco nominaciones y salieron con las manos vacías. Feud se merece algo más de suerte.

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Un cuento de miedo

Poco tiene de ficticia, por desgracia, una sociedad que niega derechos a las mujeres, pero la que dibujó la escritora canadiense Margaret Atwood en su obra The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada) es el acabose. “Para ellos solo somos un útero con piernas”, llega a decir la protagonista, a la que da vida Elizabeth Moss (Mad Men). La novela se transformó en serie, producida por Hulu, y ya se ha emitido la primera temporada de diez capítulos en la plataforma HBO España.

Escrita en 1985, la teocracia se apodera de los Estados Unidos después de unos supuestos ataques islamistas. Esta situación da alas a los gobernantes para suprimir libertades y derechos y como es habitual en estos casos los más débiles son los mayores perjudicados. Lo que se describe en esta serie es una distopía, lo contrario a la utopía; o sea, una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Y peor aún, indica que se desarrolla en el presente, como si lo que está ocurriendo con las mujeres en los territorios controlados por el Estado Islámico se trasladara a Occidente bajo el manto de un gobierno ultracristiano que sigue a pies juntillas el Antiguo Testamento. ¿Quién dice que lo que cuenta este cuento no esté pasando en Siria, Irak o Afganistán? Visto lo visto, más que ciencia ficción parece un presagio.

criadas-cuatroLa protagonista (segunda por la derecha en la foto) tenía una vida anterior con nombre propio (June, cambiado por Offred, propiedad de Fred) pareja e hija, pero la capturan durante una manifestación y la instruyen para un solo fin: traer hijos al mundo. Hace años que no nacen niños y por eso unos ovarios sanos son un tesoro. El problema es que son otros quienes deciden por ti. Para llegar a ese fin debe sufrir todo tipo de vejaciones y al final es entregada a uno de los comandante del ‘revolucionario’  régimen  (Joseph Fiennes, Shakespeare in love) para tener descendencia que será criada por su esposa (Yvonne Strahovski, Chuck). El reparto lo completan Alexis Bledel (Las chicas Gilmore) y Samira Wiley (Orange is the new black)

Contada en primera persona y con numerosos flashback, está rodada en Boston y la fotografía es un olor reflejo de la trama: el cielo es gris, su ropas son de color escarlata y el ambiente, frío porque no hay mucho lugar para la esperanza, aunque hay un atisbo al final del último capítulo. La serie acaba donde acaba el libro, pero la productora ha preparado una segunda temporada. Y es que las 18 nominaciones a los premios Emmy animan bastante.

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Emmys sin ‘tronos’

Con Juego de Tronos fuera de escena -al haber estrenado su séptima temporada en julio-, otra serie de la HBO parece que va a tomar el relevo en los premios Emmy, que se entregarán el 17 de septiembre. Westworld, con 22 nominaciones, es un drama de ciencia ficción por el que apostó la productora para sustituir a los Lanister, los Stark, dragones y caminantes blancos. Creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy no tuvo el tirón del universo fantástico de los Siete Reinos, pero sí que obtuvo un reconocimiento de la crítica.

 

Basada en una película del mismo nombre (aunque en España se conoce por Almas de metal, protagonizada por Yul Brinner), la acción transcurre en un futurista parque temático del Oeste al que los visitantes acuden para hacer realidad cualquier fantasía. Los sujetos pasivos de esta ecuación son unos androides de perfecta apariencia humana que representan una y otra vez el papel de víctimas de los caprichos de los clientes. Una de las androides comienza a tener recuerdos y rompe el principio básico de su relación con los humanos: es capaz de hacerles daño.

La primera temporada, de diez episodios, se estrenó en octubre en nuestro país. Sus protagonistas principales son Evan Rachel Wood, Anthony Hopkins, Ed Harris, Thadie Newton, Jeffrey Wrigth, James Mardsen, Rodrigo Santoro y Sidse Babett Knudsen (Borgen).

this-is-usEsta serie competirá en la categoría de mejor drama con Better Call Saul, la británica The Crown, The Handmaid’s Tale (que merece capítulo aparte por sus 18 nominaciones), House of Cards, Stranger Things (también 18 nominaciones) y This Is Us (en la foto).

Fuera de esta lucha ha quedado The leftovers, que aunque no explica por qué desparece la gente, sí que tiene un final razonable para ser una obra de Damon Lindeloff, uno de los guionistas de Perdidos. 

 

Los Emmy reparten premios en 18 categorías, pero aquí solo vamos a recoger las principales:

Mejor comedia: Atlanta, Black-Ish, Master of None, las veteranas Veep, Modern Family, Silicon Valley y Unbreakable Kimmy Schmidt, que anuncia una cuarta temporada.

Mejor actor principal de miniserie: Ewan McGregor, por Fargo; Geoffrey Rush, por Genius; Benedict Cumberbatch, por Sherlock; Riz Ahmed, por The night of; John Turturro, por The night of; y Robert De Niro, por The wizard of lies.

Mejor actriz principal de miniserieFelicity Huffman, por American Crime; Nicole Kidman,por Big little lies; Reese Witherspoon, por Big little lies; Carrie Coon, por Fargo; Jessica Lange, por Feud, y Susan Sarandon, por la misma serie.

Actor principal de comedia: Donald Glover, por Atlanta; Zach Galifianakis, por Baskets; Anthony Anderson, por Black-ish; Aziz Ansari, por Master of None; William H. Macy, por Shameless, y Jeffrey Tambor, por Transparent.

Actriz principal de comedia: Pamela Adlon, por Better things; Tracee Ellis Ross, por Black-ish; Jane Fonda, por Grace and Frankie; Lily Tomlin, por Grace and Frankie; Allison Janney, por Mom; Ellie Kemper, por Unbreakable Kimmy Schmidt, y Julia Louis-Dreyfus, por Veep.

Actor principal de serie dramática: Bob Odenkirk, por Better call Saul; Kevin Spacey, por House of Cards; Liev Schreiber, por Ray Donovan; Matthew Rhys, por The Americans; Sterling K. Brown, por This is Us; Milo Ventimiglia, por This is Us; y Anthony Hopkins, por Westworld.

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Actriz principal de serie dramática: Robin Wright, por House of Cards; Viola Davis, por Cómo defender a un asesino; Keri Russell, The Americans; Claire Foy, por The Crown; Elisabeth Moss (Mad Men), por The Handmaid´s tale (foto), y Evan Rachel Wood, por Westworld.

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17.7.17

Como dice la canción de Serrat, puede que a ti te guste o puede que no, pero lo que es innegable es que Juego de Tronos es a día de hoy la serie más icónica de los últimos años. Basada en la obra de George R.R. Martin, narra la disputa por ocupar el Trono de Hierro desde donde se gobiernan los Siete Reinos. La serie ha creado un universo propio en el que se mezclan las intrigas políticas, la guerra, el sexo y sobre todo la fantasía, que ha dado lugar a legiones de seguidores.

 

Así, cada detalle, cada noticia de esta serie, se convierte en un acontecimiento. Sin ir más lejos, el segundo trailer de la temporada que se estrena a las 3.00 horas del 17 de julio batió récord de visionados en sus primeras 24 horas: 61 millones de visitas, según el portal Deadline. De momento, es el trailer más visto en la historia y las redes sociales, en especial Twitter, YouTube y Facebook, contribuyen a esta difusión.

La productora HBO dosifica con cuentagotas la información oficial y lleva con celo riguroso los detalles de rodajes, localizaciones y guiones de la próxima temporada, que será la octava y tendrá solo  seis capítulos con metraje más largo del habitual.

En la séptima tendremos la oportunidad de asistir a una batalla que dejará pequeña la de los bastardos, para muchos el mejor episodio de esta serie. Recordemos que narraba el enfrentamiento entre las tropas del Norte, lideradas por los Stark, y las huestes de los Bolton, con el sádico Ramsey como general en jefe. 7.000 extras participaron en este episodio de una hora de duración y que,  según confesaron los guionistas, está basado en la batalla de Cannas, en la que cartagineses y romanos se batieron en el año 216 antes de Cristo. Ganaron los primeros. HBO está demostrando que la televisión puede igualar en medios al cine con batallas que están a la altura de El señor de los anillos, Braveheart o Troya.

Este es el momento de ver la serie. Quien quiera seguirla desde el capítulo 1 de la primera temporada puede acudir a HBO España, Vodafone o Movistar. Esta última dispone del programa especial Seis años de Hielo y Fuego y en los perfiles de Twitter y Facebook se puede conocer  la actualidad.

Aunque este blog se declaró libre de destripes, el vídeo que viene a continuación lleva unos cuantos. Por eso solo es apto para quien quiera repasar el galimatías de situaciones de estas seis temporadas, o para desmemoriados.

 

La cita es fácil de recordar: 17.7.17 , a las 3.00 a.m. (hora española) y quien no quiera esperar hasta tan tarde puede ver el estreno a las 23.30 horas de ese lunes en Movistar Series. The winter is coming en pleno verano.

 

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En su justa medida

 

La rapidez con la que se resuelve en Londres un caso de un asesino en serie hace que las alarmas suenen en la unidad AC12 de anticorrupción policial y las sospechas de manipulación de pruebas recaen en la inspectora Roz Huntley (Thandie Newton, Westworld). Line of duty es una serie británica que cumple con los estándares a los que nos tiene acostumbrados la BBC: buenas interpretaciones, ambientación adecuada, críticas al sistema (al policial en este caso) y moderación en la violencia.

line-of-duty-fotoLa cuarta temporada, de seis episodios ( se emite en Movistar), vuelve a estar protagonizada por el mismo equipo que las anteriores (Vicky McClure, Adrian Dunbar y Martin Compston, en la foto) que se topa en esta ocasión con una inteligente inspectora que hace muy difícil encontrar pistas que la incriminen en un asesinato y le cuelga el marrón de varios crímenes a un joven con pocas luces. La narración tiene ritmo y los giros argumentales hacen que se mantenga la atención. También se agradece que no estire la trama como el chicle para producir más episodios: en esta tanda ni sobran no falta, no marean la perdiz. La única pega, si cabe, es que sigue pululando por ahí una trama de corrupción a la que solo le han hincado el diente superficialmente y eso no es bueno. Hay series que han derivado en obsesión, léase El mentalista con el dichoso John el Rojo, omnipresente y causante de todos y cada uno de los crímenes, ya sea de forma directa o indirecta. Un pestiño que rompe el interés, porque ya se sabe, tires por donde tires te encuentras con Ramírez, o John el Rojo en este caso.

El creador de la serie, Jed Mercurio, ha anunciado una quinta entrega para 2019 y esperamos que no caiga en la trampa de acudir a un personaje recurrente. De momento, Line of duty está en su justa medida y sería bueno que así siguiera.

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Motín en tiempo real

La cuarta temporada de Orange is the new black acabó en tragedia. Uno de los guardas mata a una interna y salta la chispa que faltaba para que explotara la prisión de Litchfield, en el Estado de Nueva York. La quinta entrega, que se estrenó el sábado en nuestro país, arranca con un motín que se narrará en tiempo real a lo largo de 13 capítulos que transcurren en tres días. Algo así como en 24, la serie de Kiefer Shuterland.

 

La serie comenzó como comedia -así se presentó a los Emmy del año – y se ha convertido en un melodrama con Taylor Schilling (Piper Chapman) de protagonista, una chica de clase media que acaba entre rejas por un problema de drogas. Está arropada por Laura Prepon (que interpreta a Alex Vausse, su camello y con la que mantuvo una relación sentimental), Uzo Aduba (Suzanne Ojos Locos Warren), Kate Mulgrew (Red Rezkinov) y Dasha Polanco (Dayanara Díaz).

orange-t5Las cuatro entregas anteriores han denunciado la situación por la que pasa el sistema penitenciario de Estados Unidos, con la privatización de servicios, la masificación, el abuso de poder, la corrupción policial … A esto hay que sumarle un trasfondo racial: hay una lucha entre blancas, hispanas y afroamericanas para hacerse con el control de la cocina, el huerto, la hora de la ducha, la biblioteca o lo que sea para demostrar que están por encima de las demás. Pero en esta quinta temporada se ha acabado ese enfrentamiento. La muerte de la joven Poussey (Samira Wiley) ha servido para que las presas dejen a un lado sus diferencias y se levanten contra los carceleros.

A pesar de ser una serie de prisiones, no es tan claustrofóbica como se podría esperar. Y es que las pequeñas historias personales de las protagonistas, el porqué están en la cárcel, no solo libera al espectador de contemplar una acción que se desarrolla entre los cuatro muros del talego, sino que vale para conocer el pasado de las reclusas.

Orange is the new black está basada en la novela autobiográfica del mismo nombre escrita por Piper Karman, que pasó un año en la cárcel. Jenji Kohan es la guionista junto a la anterior. La serie está producida por Netflix, que ha anunciado dos temporadas más, y se emite en la plataforma Movistar, que tiene la exclusiva durante un año.

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Demasiado tiempo

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Hasta la propia cadena que la emite (TVE) se sorprendió en su momento del éxito de El Ministerio del Tiempo. Y no es para menos. La serie llega a su tercera temporada avalada por unos 40 premios, dos Ondas incluidos, aunque la tele pública no aclara cuándo se estrenará. El viernes pasado se abrió en la delegación de RTVE en Barcelona el reparto de entrada para ver el avance, que tendrá lugar los días 2,3 y 4 de mayo en el Liceu, con largas colas de ministéricos.

 

Los productores van soltando con cuentagotas detalles de la serie y entre las principales novedades sabemos que vuelve Pacino (el personaje al que da vida Hugo Silva), que no vuelve Rodolfo Sancho, que se dividirán los 13 capítulos en dos tandas y que las emisiones comenzarán antes del verano, pero no se sabe cuándo. También que el primer episodio se titula Con en tiempo en los talones y que en él se evitará el secuestro del director inglés Alfred Hitchcok en el Festival de Cine de San Sebastián en 1958. Seguirán en pantalla Amelia (Aura Garrido), Alonso (Nacho Fresneda) , Ernesto (Juan Gea), Irene (Cayetana Guillén Cuervo), Angustias (Francesca Piñón) y Diego de Velázquez (Julián Villagrán).

El pasado abril salió a la venta un cómic (Tiempo al tiempo), un formato no habitual en las producciones españolas, como tampoco lo es que se cuente con una aplicación para móviles (El Ministerio del Tiempo Dive, en IOS y Android) con información simultánea de lo que estamos viendo en cada momento. Si quieres saber más de las temporadas anteriores se puede acudir a un post (Una llamada a tiempo) en el que Silva y Jaime Blanch (que interpreta al jefe, Salvador Martí) cuentan las misiones. Además, se pone en marcha una experiencia de realidad virtual en el que el espectador puede interactuar con los personajes en escenarios históricos y sigue activo el blog de la secretaria (Tiempo de confesiones) en el que esta funcionaria da su visión de lo que ocurre en el ministerio.

Todo esto nos dice varias cosas: que El Ministerio del Tiempo es algo más que una serie y que RTVE ha sabido aprovechar el tirón del éxito y difundirlo adaptado a los nuevos tiempos. Facebook, Twitter e Instagram son las redes sociales elegidas para su difusión, que vienen a completar una página web oficial muy entretenida.

¿A qué se debe el éxito? A que conjuga hechos históricos con la ficción en una trama bien enlazada y en la aportación de referencias a episodios y protagonistas de la historia española. Recordemos que por los capítulos han pasado Picasso, Isabel la Católica, Velázquez (que se ha quedado en nuestro tiempo), Miguel de Cervantes, Felipe II (que se aprovechó del secreto de viajar en el tiempo para hacerse onmipresente), y un largo etcétera. En la nueva tanda se contará con Becquer, Goya o Godoy, entre otros.

Comprendo el afán de los creadores, Javier y Pablo Olivares, en ampliar el contenido de cada capítulo con información extra, pero lo que no comprendo es que duren tanto esos extras. La serie quiere ocupar toda la franja del horario preferente (a partir de las 22.00 horas, por otra parte el mayor escollo para racionalizar los horarios en este país), pero lo hace a base de recordar lo que pasó en el capítulo anterior, con comentarios de actores, expertos y demás, y luego nos adelanta de qué va el que se emite a continuación. Demasiado tiempo, para mi gusto.

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Le falta un hervor

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La plataforma Netflix dio el golpe el año pasado con Stranger Things, una serie protagonizada por niños con toques de misterio, y ha vuelto a apostar por los jóvenes con Por trece razones, que se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales en Estados Unidos y Canadá, donde varios colegios han aconsejado a sus alumnos que no la vean. En Nueva Zelanda, incluso, la han clasificado para mayores de 18. Basada en una novela de Jay Asher, la serie refleja la vida en un instituto y el suicidio de una estudiante, Hannah Baker (Katherine Langford), que se siente víctima del acoso de sus compañeros y deja dictadas en trece cintas de casete -nada de nuevas tecnologías- las razones que le llevan a quitarse la vida. Las cintas, de una hora cada una, van pasando de mano en mano hasta que llegan a Clay Jensen (Dylan Minette), un pardillo que poco a poco se va dando cuenta de que cada uno tiene una parte de responsabilidad en la decisión que toma la chica. Así, a bote pronto, el argumento parece interesante y más cuando hace unos días salió a la luz el juego de la ballena azul, una serie de retos que llevaron a la muerte a una niña catalana. Pero la realidad es otra.

A los capítulos les sobra, en primer lugar, metraje, por lo que el ritmo no es tan dinámico como debe. El alumnado responde a los estereotipos más que manidos de los institutos norteamericanos: el capitán de equipo de baloncesto y sus amigos, las animadoras, el baile de fin de curso, las fiestas en casa cuando se van los padres, la decisión de ir a la universidad… sin llegar a ser Salvados por la campana (aquí no hay toque de humor alguno). Pero lo que más sorprende es la actitud de los protagonistas para con la chica: niegan conocerla, como hizo San Pedro con Jesucristo, porque en las cintas se esconde un secreto de una agresión sexual que aparece ni más ni menos que en el octavo episodio (son trece en total), demasiado tarde para interesar al espectador.
Aquí no se profundiza en el acoso ni en la violación como hizo American crime en su segunda temporada y los guionistas se fijan más en detalles que en porqués. Un tema tan delicado como el acoso escolar se merece más valentía en el planteamiento de la narración y la frase “¿quieres que hablemos?” que pronuncian los padres del chaval llega a hartar. Lo mejor de la serie, insisto, es el problema que aborda, pero como al protagonista le falta un hervor. A pesar de todo ha sido un éxito y ya se prepara una segunda temporada.