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Sin motivo (aparente)

pullmanEn un apacible día de playa, una joven madre apuñala con el cuchillo de pelar la fruta sin motivo aparente a un bañista. Con este arranque la miniserie The Sinner (Netflix) consigue mantenerte pendiente de la pantalla a lo largo de sus ocho episodios. Basada en una novela de la escritora alemana Petra Hammefarh la clave del asesinato está en la mente de la protagonista Cora Tanetti (Jessica Biel, Next) y el detective Harry Ambrose (Bill Pullman, Independence Day, en  la foto) se emplea a fondo para conocer qué hizo que la chica actuara de esa forma.

 

 

 

Aquí no se trata de saber quién es el asesino, sino por qué lo hizo. Para ello, la narración recurre a numerosos saltos atrás para ofrecer una perspectiva de la vida de la chica: criada en una familia católica y con una hermana menor enferma terminal, coquetea con el sexo y las drogas y un día llega a una situación límite. Aparece tirada en un callejón y no sabe dónde ha estado durante los últimos años.

De esta forma se van conociendo poco a poco las piezas del rompecabezas de la motivación para cometer el crimen con una actuación bastante sólida de Biel, que también ejerce de productora, y de Pullman, un policía que al igual que la protagonista esconde sus propios secretos.

Lo bueno de las miniseries es que cuenta historias que se cierran –ya se sabe: presentación, nudo y desenlace– y que se pueden visionar del tirón en uno de esos fines de semana que no apetece salir a la calle. The Sinner cumple estas dos condiciones.

 

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Otro cuento de Atwood que también va de criadas

“Una vez que te encuentran con un hombre en tu habitación, tú eres la culpable, sin importar cómo ha llegado él hasta allí”. Esta frase la pronuncia Sarah Gadon (Un método peligroso), la protagonista de la miniserie Alias Grace, y cobra actualidad por las recientes denuncias de abusos sexuales que han saltado a la luz en el mundo del cine aunque la escena se desarrolle en el siglo XIX.

 

La novelista canadiense Margareth Atwood, que escribió la aclamada El cuento de la criada, serie que triunfó en los Emmy, vuelve a poner en cuestión la sociedad patriarcal y esta vez se centra en la vida de una sirvienta que acaba entre rejas por un doble asesinato en el que colaboró con otro criado.

La joven Grace Marks y su familia emigran de Irlanda del Norte, donde llevaban una vida miserable, a Canadá, donde siguen en la misma situación hasta que su alcohólico y abusador padre la manda a servir a casa de un acaudalado matrimonio. De ahí pasa a estar a las órdenes de un ama de llaves (Anna Paquin, El piano), amante del señor de la casa. Y es allí donde se comete el crimen y Grace, que en ese momento tenía 16 años, acaba en la cárcel después de que la condenaran a la horca y le conmutaran la pena por 30 años de cárcel. Antes hubo un juicio y un paso por un manicomio donde los abusos y torturas estaban a la orden del día. Está basada en una historia real ocurrida en Upper, Canadá, en 1843. 

grace-1El joven alienista –que era el nombre que recibían entonces los psiquiatras- Simon Jordan (Edward Holfcroft, en la foto de la izquierda) se interesa por su historia y le propone que le cuente lo que ocurrió a fin de saber qué es lo que pasa por la cabeza de una asesina; lo hace a medio camino entre la ciencia y el morbo. Y es ahí donde radica el interés de la narración porque la joven relata lo que ve, lo que siente y lo que creen que piensan los demás de ella con una naturalidad que atrapa, con un lenguaje sencillo, que no simple, y con mucho sentimiento. En las entrevistas entre el doctor y la reclusa es ella la que manda, la que corrige, la que puntualiza, y lo hace con respeto –todas sus frases acaban en la palabra señor—y con humildad. Ademas, oímos sus pensamientos, quizás la mejor parte de la historia

Pero no está todo claro en la crónica de los hechos, que no cuadran, y queda una duda que sobrevuela casi desde el principio. ¿Una chica de rostro angelical es capaz de hacer una atrocidad? o  ¿tras esa imagen de inocencia se esconde un monstruo? Porque, además, la versión de la protagonista es la que se escucha en muchas salas de vistas: “No me acuerdo de lo que ocurrió”. Los dos últimos capítulos tiene la clave de esta historia narrada desde un punto de vista femenino y feminista. La productora es Sarah Polley (Away from hell, nominada al Oscar en 2007 como mejor guion adaptado) y la directora es Mary Harron (American psycho), de la que también fue guionista.

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 Papel para el director David Cronemberg (que ha dirigido a la protagonista en tres películas), como el reverendo metodista Verringer, un hombre que quiere ayudar a la chica y que cree que puede ser indultada por su estado mental, y cameo de la propia Atwood (foto), como una de las feligresas de los oficios dominicales en esta miniserie de seis episodios de unos 45 minutos cada uno producida por Netflix.

Hay quien comparará Alias Grace y El cuento de la criada por el hecho de haber sido escritas ambas por Atwood. La primera es una recreación de un caso real; la segunda es una ficción distópica, pero el nexo está en que la mujer queda relegada a un segundo plano en las sociedades que se describen, algo que por desgracia sigue vigente.

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Babylon Berlín

baby-3El cóctel de miseria y opulencia nunca ha dado buenos resultados. La eterna historia de muchos momentos de la humanidad ha derivado en revoluciones y totalitarismo y Berlín, en 1929, no iba a ser una excepción. La ciudad era refugio de pobres venidos del campo tras las duras condiciones que impusieron los aliados en el Tratado de Versalles (1919) al término de la Primera Guerra Mundial, de artistas de todas las disciplinas (allí se hizo fuerte el expresionismo), de pensadores y también de exiliados de distintos puntos de Europa. Entonces no se llamaba Alemania; era la República de Weimar y Berlín rivalizaba con París. A ellos se sumaba una élite despreocupada compuesta de quienes se estaban haciendo ricos con la potente industria alemana. Mientras, un torbellino político acechaba. Solo faltaban cuatro años para que un oscuro sargento que sirvió en la gran guerra tomara el poder ganando las elecciones con un partido que tenía como símbolo una cruz gamada. Ahí cambió la historia para siempre con el Tercer Reich.

Coproducida por la cadena pública alemana ARD, la plataforma Sky 1 y las productoras  X Film Creative Pool y Beta Film, Babylon Berlín es la serie más cara de la historia de la televisión germana estrenada hasta el momento.

baby-1El policía de Colonia Gereon Rath (Volker Brusch, en la foto de la izquierda, protagonista de la miniserie Hijos del Tercer Reich) cumple una misión en Berlín para recuperar una película porno con la que están chantajeando al alcalde de la ciudad renana, que no era otro que Konrad Adenauer, uno de los padres del Mercado Común Europeo. En la trama está involucrado un grupo troskista ruso que pretende derrotar a Stalin. Una compañera temporal de la comisaría (Charlotte Ritter, Liv Lisa Fries, foto de abajo), administrativa de día y asidua del cabaret Moka Efti de noche, le ayuda en la investigación.

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Liv Lisa Fries interpreta a Charlotte Ritter

 

 

El recorrido de los personajes va de la sordidez de los platós del porno a la penuria de los hogares berlineses pasando por el lujo y derroche del cabaret: champán, prostitución, droga y música, mucha música. Alucinante, por cierto, la canción que se marca Svetlana Sorokina (Severija Janusauskaite) con Zu Asche zu Staub (Cenizas al polvo).

La serie está basada en las exitosas novelas de Volker Kutscher Sombras sobre Berlín (2007), Muerte en Berlín (2009) y Un gánster en Berlín (2010) y se ha dividido en dos temporadas (16 capítulos en total) que emite seguidas Movistar Plus Series. Coescrita y dirigida por Tom Tywkers (El perfume), el ritmo de la narración es dinámico, pero alejado de las series norteamericanas, a veces demasiado rápido. Su punto fuerte es la ambientación, desde los hogares cutres a la sede policial y el cabaret y sus entresijos. Y todo ello lo hace con un toque histórico. Una de las escenas la dedica a la manifestación del Primero de Mayo de 1929, en la que la policía se empleó a fondo contra los sindicatos obreros y que acabó con la vida de una treintena de personas. Esta brutalidad en un momento tan convulso era el prólogo de algo mucho peor que estaba por venir.

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Vuelven las cosas extrañas

Un niño que desaparece en un pequeño pueblo de Indiana en los años 80, unos amigos que salen en su busca, la policía no da con pistas, un siniestro laboratorio del Gobierno y la entrada a una terrorífica dimensión -el Mundo del Revés- con un monstruo (dermogorgon) incluido son los ingredientes de la serie Stranger Things, revelación hace un  año de la plataforma Netflix. Aclamada la primera temporada y esperada segunda, la serie no defrauda excepto el doblaje de los chicos al español. Cine (aunque sea en televisión) de aventuras juveniles cien por cien, ese que nos retrotrae a Los Goonies (Chris Columbus, 1985), Super 8 (J.J. Abrams, 2011), Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1987), E.T. (Steven Spielberg, 1982) o la poco conocida Exploradores (Joe Dante, 1985).

En esta ocasión se profundiza en el origen de Eleven (Millie Bobby Brown) y cobran protagonismo dos personajes: el pequeño Will (Noah Schnapp) y el jefe de policía Hopper (David Harbour). El primero sufre las secuelas de su desaparición y es clave en la trama de esta entrega, mientras que el policía se vuelca en desentrañar el misterio que rodea a una serie de sucesos que relaciona con el laboratorio y que no va tan descaminado. La narración arranca esta vez en la noche de Halloween y consigue mantener el ritmo, aunque se podría pensar que alguno de los nueve capítulos está de sobra en caso de que no se prolongue la serie otra (u otras) temporada más. Y es que se incorpora en el séptimo episodio un personaje prescindible: otra chica con poderes y una banda de patanes que la acompaña en sus fechorías para vengarse de quienes la tuvieron retenida como una rata de laboratorio.

En las incorporaciones destaca Bob (Sean Astin, el hobbit Sam de El señor de los anillos), que interpreta al novio de Joyce Beyers (Winnona Rider) y Max (Sadie Sink), una niña pelirroja que se hace un hueco en el grupo.

La serie sigue siendo recomendable, quizás ideal para un maratón de fin de semana ante la tele con palomitas, aunque no engancha tanto como la primera parte. Aun así, los guiños al cine de la época  como Los Cazafantasmas o Alien (atentos al episodio titulado El renacuajo) son refrescantes y solo por ir captando esos detalles merece la pena seguir Stranger Things para aquellos que vivimos los 80. Para ambientar los capítulos, la banda sonora incluye cuatro o cinco temas por episodio de grupos como The Clash, Skorpions, Bon Jovi, Duran Duran … que fueron grandes éxitos en su momento.

 

No sería justo acabar sin reseñar la promoción. Netflix ha vuelto a dar en el clavo y tal y como hizo con Narcos, los vídeos promocionales son originalísimos y muy adaptados a los españoles. Para no perdérselos.

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Cazadores de mentes

En un país como Estados Unidos con un alto índice de criminalidad (tres asesinatos por cada 100.000 habitantes, aunque lejos de los 68 de Honduras), cualquier esfuerzo que se haga para reducir esa cifra es poco. Esta cuestión de la lucha contra el crimen la han abordado cientos de series televisivas americanas, pero Mindhunter (Netflix) se centra en el aspecto del estudio de la conducta de los asesinos. Alguien dirá que ese es el argumento de Mentes criminales, que ya va por su decimotercera temporada. Mindhunter no tiene esa acción de seguir y capturar al asesino; ya están en prisión o en el psiquiátrico. La trama nos sitúa en los años 70 para narrar la historia de dos agentes del FBI, interpretados por Jonathan Groff (Glee) y Holy McCanally (El club de la lucha), que son destinados a instruir a los policías locales de todos los puntos del país en técnicas de investigación y negociación con rehenes, pero lo que de verdad les importa es conocer cómo funciona la mente de un asesino. Tratan de descifrar la pregunta del millón: ¿El asesino nace o se hace? Y más todavía: ¿Cuándo  y  por qué pasa de ser una persona normal a un individuo irrecuperable para la sociedad?

Hablamos de una década en la que abundaban los asesinos en serie en el país de las barras y estrellas. El caso más llamativo fue el de Charles Mason, que junto a su familia mató en 1971 a siete personas, entre ellas la actriz Sharon Tate (esposa del cineasta Roman Polanski), en Beverly Hills y escribieron la palabra ‘cerdo’ con sangre en las paredes. Hemos oído hablar del Hijo de Sam (David Berkovizt), que mató a seis personas en Nueva York entre 1976 y 77 y que cumple 365 años de condena; de Ted Bundy, que se llevó por delante a 30 mujeres entre el 74 y el 78; de John Wayne Gacy, el payaso asesino, que mató a 30 jovencitos, o del Asesino del Zodiaco, del que no se sabe su identidad y que confesó por carta 37 crímenes cometidos en California, aunque solo se pudieron comprobar siete. Menos conocido es Harry Lee Lucas, que se lleva la palma con 350 asesinatos en 20 años. Todo lo que vemos está basado, desgraciadamente, en hechos reales.

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Estos dos agentes se topan con Ed Kemper, magníficamente interpretado por Cameron Britton (foto), el Asesino de las Colegialas, un sujeto que mató a sus abuelos a los 15 años y cuando salió del reformatorio asesinó a seis jóvenes estudiantes en Santa Cruz (California) a las que decapitó o desmembró y luego practicó sexo con los cadáveres. Lo mismo hizo con su madre. Pues este tipo es el que abre los ojos a los policías al contarles en varias sesiones por qué lo hizo, cómo y de qué forma. “No es fácil despedazar gente; es un trabajo arduo”, dice y ahí queda eso. Es el primero en trazar un perfil del criminal en serie: varón blanco, de entre 20 y 40 años, con una infancia difícil… Algo así como el Hannibal Lecter de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). A Kemper no lo pillaron, fue él quien se entregó y la policía no creyó en un principio su relato.

Gracias a las pistas que le facilita logran que confiese un sospechoso de propinar una paliza a una anciana y de matar a otra a golpe limpio. A partir de entonces se toman su trabajo de otra forma y contactan con una psicóloga (Anna Torv, Fringe) que entra a formar parte del equipo, les orienta y les anima a investigar a fondo los casos de asesinatos fuera de lo común que las policías locales no resuelven por falta de medios o conocimiento; o ambas cosas.

El creador de esta serie es Joe Penhall y tiene entre sus directores a David Fincher, que ya abordó en Seven (1995) a los asesinos en serie. La primera entrega sienta las bases de lo que denomina en criminología estudio del comportamiento y de la conducta, se compone de 10 episodios y antes de que se estrenara ya estaba firmada una segunda temporada. Ojo al personaje que sale al principio de los capítulos y del que se revelan pocas pistas más allá de que vive en Park City  (Kansas). Apunta maneras y corre el rumor de que podría tratarse de Monte Risell, otro de los grandes, que violó y mató a cinco mujeres en 1977 cuando solo tenía 19 años.

Aunque sea difícil de creer, la serie evita la violencia; no se ven los crímenes, aunque sí manejan los policías fotos de las víctimas y escenarios de los hechos. Bastante violencia hay con la descripción de los asesinatos que hacen los propios criminales. La narración es pausada, con muchas conversaciones entre los agentes del FBI no solo del trabajo, sino de sus vidas. Mucho más interesantes son las entrevistas a los psicópatas, que cuentan con una naturalidad pasmosa cómo asesinaron a sus víctimas, por qué lo hicieron y cómo se sintieron.

Siempre ha habido y habrá series que hablen de estos criminales secuenciales, como se les denominó en un principio, como Dexter, Hannibal, True Detective o The Killing, por citar algunas. En país como Estados Unidos, donde un estudio de la Universidad de Radford estima que hay 3.204 asesinos en serie, nunca faltará trabajo para equipos como en el que se retrata en Mindhunter.

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De zombis y niños

El otoño avanza y las nuevas temporadas de series televisivas comienzan a hacer su aparición en las calculadas estrategias de plataformas y productoras de TV. En esta última quincena de octubre destacan dos series: la veterana The Walking Dead llega a su octava entrega, mientras que el campanazo de Netflix Stranger Things hace lo propio con su segunda.

 

Vamos por partes. “Hay muertes muy importantes en esta temporada, lo digo para avisar a todo el mundo”, decía Andrew Lincoln, que encarna al líder de los supervivientes del holocausto zombie en una revista estadounidense. Si cuando acabó la sexta temporada el grupo estaba con la soga al cuello por el hostigamiento de Negan (Jeffrey Dean Morgan) y los suyos, en la siguiente temporada las tornas cambian radicalmente y el malo de pacotilla tiene que salir por patas. Negan, ya lo dije en otra entrada, es un malvado de segunda división, nada que ver con otros sádicos como el Gobernador, que apretaba de lo lindo. El caso es que sigo sin explicarme cómo un grupo tan violento como el de los protagonistas no se quitó de en medio a semejante personaje que pasa la mayor parte del tiempo con el cuello torcido y con un bate de béisbol al hombro como si fuera la sota de bastos. Misterios de los guionistas. Se estrena en Fox el 22 de octubre, ya mismo.

La vida era muy tranquila en Hawkins, un pueblo de Estados Unidos, en 1983 hasta que desaparece un niño. Sus amigos comienzan una búsqueda que les lleva hasta un siniestro centro donde el Gobierno lleva a cabo una serie de experimentos. Stranger Things recupera el cine de aventuras protagonizado por niños con un argumento para mayores. La serie se estrenó en 2016 y fue el éxito de la temporada de Netflix, obtuvo un Grammy y dos Globos de Oro y una excelente acogida de la crítica. Winnona Ryder, Matthew Modine y David Harbour son los adultos en esta serie en la que los chavales llevan el peso de la narración. Una recomendación: verla en versión original porque el doblaje de los niños no es muy acertado. Y otra más: atención a la banda sonora. Contiene canciones de Jefferson Airplane, The Clash, Peter Gabriel, David Bowie, Vangelis, Tangerine Dreams y un largo etcétera. Recuerda en parte a Aquellos maravillosos años. La temporada se compone de nueve capítulos que emite Netflix a partir del 27 de octubre.

Su precuela, Fear the walking dead, finiquita su segunda temporada el 15 de octubre en AMC con un doble capítulo.

También se ha estrenado la tercera entrega de Mr. Robot en Movistar +. Eliot Adlerson (Rami Malik) se enfrenta a las consecuencias del último ciberataque que perpetró contra la malvada E.Corp. La serie es complicada de seguir, en parte porque se mueve en un mundo donde de nada vale la informática a nivel usuario (esta es de altísimo nivel) y en parte porque la acción es lenta. Es dificil pillarle el aire. En esta entrega se incorpora Bobby Cannevale (Master of none, Broadwalk Empire).

Más estrenos inmediatos. Modern family vuelve mañana a Fox con su novena temporada; otra comedia, Jane the virgin, hace lo mismo en Movistar Series en versión original subtitulada (aunque la abuela siempre hable en español, con acento cubano, eso sí); The blacklist llega a su quinta entrega en la misma plataforma. Más adelante se podrá ver Mentes criminales (temporada 13 el 18 de octubre en AXN); Anatomía de Grey (el mismo día en Fox Life); Navy Investigación Criminal (día 19 en AXN); Hawaii 5.0 (el mismo día en Fox); Suit (séptima entrega el día 20 en Netflix) y Arrow (también el 20 en ScyFy).

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Otra plata, otro plomo

Muerto Pablo Emilio Escobar Gaviria -no es reventar un final sino remitirse a la historia-, la trama de la serie Narcos, que se emite a través de  Netflix se ha centrado en la tercera temporada en el cártel de Cali, acérrimo enemigo de Medellín, bajo el hilo conductor del agente de la DEA Javier Peña (Pedro Pascal, Juego de Tronos). Una pena que pasara por El Hormiguero sin ser interrogado a fondo sobre la producción más seguida de la historia de la tele. Es la misma serie, con personajes que han aparecido en las dos entregas anteriores, pero es otra historia porque sin Escobar (magnífico Walter Moura), que daba mucho juego, ya nada es lo mismo.

 

La acción se centra ahora en los autodenominados caballeros de Cali, los capos de una organización que movía el 80% de la cocaína del mundo e introducían casi una tonelada al día de droga en Estados Unidos. El jefe supremo de esta red criminal, Gilberto Rodríguez Orejuela (Damián Álvarez) tiene un plan: convertir todo lo que ganan en inversiones legales y dejar el negocio de la coca en manos de otros cárteles en un plazo de seis meses. Pero esa transición se encuentra con muchos obstáculos a pesar de tener comprado a buena parte de los poderes del Estado. Su hermano Miguel (Francisco Denis) y sus socios Pacho Herrera (Alberto Amman, Celda 216) y Chepe Santacruz (Pepe Rapazote) no coinciden con las formas del líder, que evita la violencia, y piensan que si hay que disparar, pues adelante con la balacera.

Peña sigue llevando el peso de la trama, aunque ya no cuenta con su compañero Steve Murphy (Robert Boyd Holbrook), y sigue peleando con su embajador y las autoridades colombianas para desarticular el cártel. Además, esta temporada ha contado con representación española. Javier Cámara da vida a Guillermo Palomari, el contable de la organización que llevaba en su cabeza todos los números, y Miguel Ángel Silvestre (Franklin Jurado), el hombre que movía el dinero en los paraísos fiscales. La terna se completa con un difícil de reconocer Tristán Ulloa (Lucía y el sexo), que interpreta al presidente Ernesto Samper.

Aunque el tema sigue siendo el mismo, la lucha contra el narcotráfico en Colombia, la serie es otra y no solo por la ausencia de Escobar, el Patrón del Mal por antonomasia. No hay tanta violencia, aunque los de Cali no se cortaban cuando tenían que actuar; ningún personaje está tan desarrollado en los guiones como el jefe de Medellín, y hay menos sexo. Aun así, sigue siendo una gran serie, bien ambientada, con acción, con una trama interesante y con ritmo, pero le falta ese toque de maldad que tenía el Zar de la Cocaína. El futuro de esta serie está en México, donde el narco lleva años imponiendo su ley. Tanto es así que hace unos días asesinaron a Carlos Muñoz Portal, miembro del equipo de localización que buscaba lugares para rodar la próxima temporada.

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Choque de trenes

Hollywood las elevó a la categoría de diosas y con la misma facilidad con que las subió las dejó caer cuando ya no les servían. El star system daba su últimos coletazos cuando la actriz Joan Crawford leyó la novela ¿Qué fue de Baby Jane?, escrita por Henry Farrell en 1962, que enseguida vio traducida a la gran pantalla. Había protagonizado no pocos dramones, como Un rostro de mujer (George Cukor, 1941), Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945), que le valió un Oscar a la mejor actriz, El amor que mata (Curtis Bernhart, 1949) o la magnífica Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954). Necesitaba un éxito de taquilla para relanzar su carrera y lo mismo le pasaba a otra grande entre las grandes, Bette Davis. Cautivo del deseo (John Cronwell, 1934), Jezabel (William Wyler, 1938), La loba (William Wyler, 1941) y Eva al desnudo (Joseph L. Mankievicz, 1950) son algunos de los títulos que encumbraron a esta actriz.

 

Crawford pensó en Davis para protagonizar la película y esta es la base de la serie Feud, creada por Ryan Murphy para la HBO, una historia de cómo se rodó y qué consecuencias tuvo. Era una oportunidad para que se midieran y lo que hicieron pasó a la historia del cine. Y también dos grandes actrices dan vida a las divas. Jessica Lange se mete en la piel de Crawford y Susan Sarandon hace lo propio con la Davis, un personaje al que la saca más partido que su compañera de reparto. Y es que Bette Davis era iracunda, exigente, cáustica, y sobre todo, una genial actriz. Sarandon se hace sin duda con el papel. Lange lo tuvo más difícil. Crawford no era tan ‘vistosa’ como su rival, aunque lleve la batuta de la narración y se centre en ella más la trama.

baby-jane3Desde el primer día de rodaje saltaron chispas. El director Robert Aldrich (Alfred Molina), que firmó bodrios como Cuatro tíos de Texas (1963, con Frank Sinatra y sus amigos haciendo de las suyas) o cintas que han pasado a la historia (Doce del patíbulo, 1964) tuvo que emplearse a fondo para lidiar con las dos estrellas. Caprichosas y envidiosas, Crawford y Davis impusieron sus normas, unas veces sibilinamente, pero otras con ultimátum. Entre cigarrillos y tragos de alcohol a destajo volvieron loco al director, a su ayudante, al cámara y al resto del personal del plató.

El choque de trenes fue tremendo, dentro y fuera del estudio. Los desplantes eran frecuentes y el rodaje desesperó al director y al productor Jack L. Warner (fantástico Stanley Tucci). Como curiosidad, Crawford se casó cuatro veces, la última con el magnate de la Pepsi Cola Alfred Steele. A Davis no se le ocurrió otra cosa que exigir que se instalara en el estudio una máquina de Coca Cola. Crawford se la devolvió con creces. Se las ingenió para recoger el Oscar de Ann Bancroft como mejor actriz por su papel en El milagro de Ana Sullivan . Las portadas de los diarios recogieron la foto de Joan con la estatuilla en la mano, mientras Bette se quedaba con dos palmos de narices. Y así todo. La película, o mejor dicho, todo lo que la rodeaba, era la comidilla de Hollywood, de lo que daba cuenta la cronista Hedda Hopper (Judy Davis), tan famosa por los chismorreos que escribía en sus columnas como por sus extravagantes sombreros. “Los chismes sin fuente son mi especialidad”, decía.

feud-hboEl filme relanzó relativamente la carrera de ambas. El éxito duró lo justo e hizo que pensaran en una nueva colaboración. Aldrich le echó valor y comenzó a dirigirlas en Canción de cuna para un cadáver (1964), pero a los pocos días Crawford se inventó una enfermedad y renunció y fue sustituida por Olivia de Havilland (Catherine Z. Jones), íntima de Davis y experta al igual que ella en llevarse a matar con otra actriz: en este caso con su hermana, Joan Fontaine. Hasta el final de sus días, Davis no encontró acomodo en las producciones de Hollywood y se decantó por el medio emergente, la televisión. En la revista Variety publicó el siguiente anuncio por palabras: “Madre de tres hijos. Divorciada. Norteamericana. 30 años de experiencia como actriz de cine. Capaz aún de moverse; más amable de lo que dicen los chismes. Se ofrece para trabajo en Hollywood (ya estuvo en Broadway)”. Luego dijo que era una broma. Hizo numerosos episodios pilotos de series, entre ellos Madamme Sin, que no llegó a estrenarse, participó en programas de cotilleo a los que la invitaban por la mordacidad de sus comentarios y llegó a ganar un Emmy por la serie Madre e hija (1979).

A Crawford no le fue nada bien. Se trasladó a Nueva York y por más que buscaba su agente no encontraba nada que le satisfaciera. En 1970 rodó en Gran Bretaña un engendro de serie Z titulado Trog, dirigido por Freddie Francis. Consiguió un éxito de ventas con su libro My way of life (1971), vivió recluida en un apartamento y desheredó a dos de sus hijos. Murió de cáncer de páncreas en 1977.

Lange y Sarandon están nominadas a mejor actriz de miniserie en los Emmy, lo mismo que Julie Davis como secundaria. El 17 de septiembre saldremos de dudas y veremos si Feud sigue la estela de los Oscar de ¿Qué fue de Baby Jane? Tuvo cinco nominaciones y salieron con las manos vacías. Feud se merece algo más de suerte.

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Un cuento de miedo

Poco tiene de ficticia, por desgracia, una sociedad que niega derechos a las mujeres, pero la que dibujó la escritora canadiense Margaret Atwood en su obra The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada) es el acabose. “Para ellos solo somos un útero con piernas”, llega a decir la protagonista, a la que da vida Elizabeth Moss (Mad Men). La novela se transformó en serie, producida por Hulu, y ya se ha emitido la primera temporada de diez capítulos en la plataforma HBO España.

Escrita en 1985, la teocracia se apodera de los Estados Unidos después de unos supuestos ataques islamistas. Esta situación da alas a los gobernantes para suprimir libertades y derechos y como es habitual en estos casos los más débiles son los mayores perjudicados. Lo que se describe en esta serie es una distopía, lo contrario a la utopía; o sea, una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Y peor aún, indica que se desarrolla en el presente, como si lo que está ocurriendo con las mujeres en los territorios controlados por el Estado Islámico se trasladara a Occidente bajo el manto de un gobierno ultracristiano que sigue a pies juntillas el Antiguo Testamento. ¿Quién dice que lo que cuenta este cuento no esté pasando en Siria, Irak o Afganistán? Visto lo visto, más que ciencia ficción parece un presagio.

criadas-cuatroLa protagonista (segunda por la derecha en la foto) tenía una vida anterior con nombre propio (June, cambiado por Offred, propiedad de Fred) pareja e hija, pero la capturan durante una manifestación y la instruyen para un solo fin: traer hijos al mundo. Hace años que no nacen niños y por eso unos ovarios sanos son un tesoro. El problema es que son otros quienes deciden por ti. Para llegar a ese fin debe sufrir todo tipo de vejaciones y al final es entregada a uno de los comandante del ‘revolucionario’  régimen  (Joseph Fiennes, Shakespeare in love) para tener descendencia que será criada por su esposa (Yvonne Strahovski, Chuck). El reparto lo completan Alexis Bledel (Las chicas Gilmore) y Samira Wiley (Orange is the new black)

Contada en primera persona y con numerosos flashback, está rodada en Boston y la fotografía es un olor reflejo de la trama: el cielo es gris, su ropas son de color escarlata y el ambiente, frío porque no hay mucho lugar para la esperanza, aunque hay un atisbo al final del último capítulo. La serie acaba donde acaba el libro, pero la productora ha preparado una segunda temporada. Y es que las 18 nominaciones a los premios Emmy animan bastante.

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Emmys sin ‘tronos’

Con Juego de Tronos fuera de escena -al haber estrenado su séptima temporada en julio-, otra serie de la HBO parece que va a tomar el relevo en los premios Emmy, que se entregarán el 17 de septiembre. Westworld, con 22 nominaciones, es un drama de ciencia ficción por el que apostó la productora para sustituir a los Lanister, los Stark, dragones y caminantes blancos. Creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy no tuvo el tirón del universo fantástico de los Siete Reinos, pero sí que obtuvo un reconocimiento de la crítica.

 

Basada en una película del mismo nombre (aunque en España se conoce por Almas de metal, protagonizada por Yul Brinner), la acción transcurre en un futurista parque temático del Oeste al que los visitantes acuden para hacer realidad cualquier fantasía. Los sujetos pasivos de esta ecuación son unos androides de perfecta apariencia humana que representan una y otra vez el papel de víctimas de los caprichos de los clientes. Una de las androides comienza a tener recuerdos y rompe el principio básico de su relación con los humanos: es capaz de hacerles daño.

La primera temporada, de diez episodios, se estrenó en octubre en nuestro país. Sus protagonistas principales son Evan Rachel Wood, Anthony Hopkins, Ed Harris, Thadie Newton, Jeffrey Wrigth, James Mardsen, Rodrigo Santoro y Sidse Babett Knudsen (Borgen).

this-is-usEsta serie competirá en la categoría de mejor drama con Better Call Saul, la británica The Crown, The Handmaid’s Tale (que merece capítulo aparte por sus 18 nominaciones), House of Cards, Stranger Things (también 18 nominaciones) y This Is Us (en la foto).

Fuera de esta lucha ha quedado The leftovers, que aunque no explica por qué desparece la gente, sí que tiene un final razonable para ser una obra de Damon Lindeloff, uno de los guionistas de Perdidos. 

 

Los Emmy reparten premios en 18 categorías, pero aquí solo vamos a recoger las principales:

Mejor comedia: Atlanta, Black-Ish, Master of None, las veteranas Veep, Modern Family, Silicon Valley y Unbreakable Kimmy Schmidt, que anuncia una cuarta temporada.

Mejor actor principal de miniserie: Ewan McGregor, por Fargo; Geoffrey Rush, por Genius; Benedict Cumberbatch, por Sherlock; Riz Ahmed, por The night of; John Turturro, por The night of; y Robert De Niro, por The wizard of lies.

Mejor actriz principal de miniserieFelicity Huffman, por American Crime; Nicole Kidman,por Big little lies; Reese Witherspoon, por Big little lies; Carrie Coon, por Fargo; Jessica Lange, por Feud, y Susan Sarandon, por la misma serie.

Actor principal de comedia: Donald Glover, por Atlanta; Zach Galifianakis, por Baskets; Anthony Anderson, por Black-ish; Aziz Ansari, por Master of None; William H. Macy, por Shameless, y Jeffrey Tambor, por Transparent.

Actriz principal de comedia: Pamela Adlon, por Better things; Tracee Ellis Ross, por Black-ish; Jane Fonda, por Grace and Frankie; Lily Tomlin, por Grace and Frankie; Allison Janney, por Mom; Ellie Kemper, por Unbreakable Kimmy Schmidt, y Julia Louis-Dreyfus, por Veep.

Actor principal de serie dramática: Bob Odenkirk, por Better call Saul; Kevin Spacey, por House of Cards; Liev Schreiber, por Ray Donovan; Matthew Rhys, por The Americans; Sterling K. Brown, por This is Us; Milo Ventimiglia, por This is Us; y Anthony Hopkins, por Westworld.

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Actriz principal de serie dramática: Robin Wright, por House of Cards; Viola Davis, por Cómo defender a un asesino; Keri Russell, The Americans; Claire Foy, por The Crown; Elisabeth Moss (Mad Men), por The Handmaid´s tale (foto), y Evan Rachel Wood, por Westworld.