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‘The OA’ y otras pifias

La forma en que se resuelve el final de una serie de televisión lo dice casi todo de ella y si hablamos de fiascos Los Serrano ocupa uno de los primeros puestos en cuanto a decepción se refiere. A pesar de que todo se reduce al sueño que había tenido Antonio Resines, esta serie tuvo versiones en  Portugal, Italia, Serbia, Grecia, la República Checa, Turquía y  Eslovenia. Fueron ocho temporadas en España con una media de 4,9 millones de espectadores, que se dice pronto.
No es la única serie que decepciona por su final. Sonado fue el de Perdidos y tampoco se quedaron atrás el de Dexter o Los Soprano. En las plataformas hay (al menos) dos series que te dejan con cara de haber perdido el tiempo.

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“Después de siete años desaparecida, una joven vuelve a casa con unas misteriosas capacidades y recluta a cinco extraños para una misión secreta”, dice la promoción de Netflix para la serie The OA. La plataforma hizo un lanzamiento por todo lo alto con un primer capítulo que dejaba varias líneas argumentales interesantes abiertas. Pero la cosa se va desinflando hasta que un par de episodios antes del final casi se desvela el pastel. Y el desenlace, esa parte que normalmente sigue a la presentación y al nudo, es penoso y lamentable, lo que se traduce en que cuando acaba tienes la sensación de que te han tomado el pelo. Atentos al baile que se inventa la protagonista, Brit Marling, que además es guionista. No contentos, los productores anuncian una segunda temporada. La española Paz Vega tuvo participación con un personaje que ni ella misma parece comprender.
american_odyssey_tv_series-132179593-mmedOtra serie que prometía es American Odissey y que acaba mal, aunque por otros motivos. La trama es interesante y gira alrededor del negocio de la guerra: Una soldado (Anna Friel), un abogado (Peter Facinelli, Nurse Jackie) y un activista/bloguero (Jake Robinson) destapan una operación encubierta en África de un poderoso contratista. Creada por el guionista y director Peter Horton (Anatomía de Grey) y los escritores Adam Armus y Kay Foster (The Following), la serie tiene acción y actualidad, pero vuelve a fallar el final. En este caso porque se prolonga en exceso y se queda en el aire. Para más inri, la productora (NBC) anunció una segunda temporada y poco después informó de que no se iba a rodar más. Un sindiós, que diría Sazatornil en Amanece que no es poco.

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Terceras temporadas que prometen

Hay ocasiones en que las productoras estiran las series como un chicle, con argumentos peregrinos para prolongar el éxito de audiencia. Pero hay otras que te dejan con ganas de más. Hace unas horas se ha sabido que dentro justo de un mes, el 19 de abril, se estrena la tercera entrega de Fargo. Basada en la película de los hermanos Coen, estamos ante una de las series más peculiares de los últimos años. Policías de pueblos de la América profunda a quienes vienen grandes investigaciones complejas (Keith Carradine y Patrick Wilson), asesinos profesionales (extraordinario Billy Bob Thorton), cobardes impenitentes (Martin Freeman), clanes mafiosos e insensatos variados (Kristen Dunn y Jesse Pleamons) han transitado por los paisajes helados de Minnesota y estados colindantes. Las diversas tramas se entrelazan a la perfección y en el guión abunda el sarcasmo, la acción y los crímenes.

 

Este tercera temporada trancurre en 2010 (la primera relataba hechos de 1979 y la segunda, de 2006) y tienen como protagonistas al escocés Ewan McGregor (Trainspotting), que hace un papel doble al dar vida a unos gemelos (atentos, que en uno de los papeles está irreconocible), y Carrie Coon (The leftovers), que interpreta a una sheriff. El creador de esta serie, Noah Hawley, adelantó que el eje de la trama es la relación entre los gemelos. También actúan Michael Stuhlbarg (Broadwalk Empire) y Shea Whigham (El lobo de Wall Street).

damian-alcazarEl protagonista indiscutible de Narcos era Pablo Escobar Gaviria, al que dio vida el brasileño Walter Moura, y aunque muerto este no cabría esperar continuación, la productora ha hecho todo lo contrario. Netflix anunció no una, sino dos temporadas más. La historia parte de los hermanos Orejuela, que heredan los contactos del narcotraficante colombiano que puso en jaque al Estado y que sembró de muertos su país. “Plata o plomo” era su lema. El protagonista de la tercera entrega será el mexicano Damián Alcázar (en la foto), que se mete en la piel de Gilberto González, jefe del cártel de Cali y enemigo de Escobar. Participan tres actores españoles: Javier Cámara, Tristán Ulloa y Miguel Ángel Silvestre.

Las dos primeras partes tienen una particular forma de narrar en la voz de un agente de la DEA Steve Murphy (Boyd Holbrook), al que le roba protagonismo Javier Peña (Pedro Pascal, el príncipe Oberyn de Juego de Tronos que duró dos telediarios), para contar el ascenso y caída de Escobar; todo ello con mucha violencia y sexo.  A finales de año se estrena.

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Estrenos antes de primavera

Las dos primeras entregas de American Crime tenían buena factura. Eran historias sólidas con buenos interprétes, y la tercera temporada, que se estrena este lunes sigue el mismo patrón. Esta serie, dirigida por John Ridley (12 años de esclavitud) cambia de historia y personajes, pero mantiene los principales actores. Regina King (premio Emmy por la primera temporadas), Felicity Huffman , Timothy Hutton y Richard Cabral figuran en el reparto, al que se suma Sandra Oh (Anatomía de Grey). La acción se traslada esta vez a Carolina del Norte y al mundo de la explotación laboral de los inmigrantes. “El sueño americano tiene un precio” es el lema de esta tercera temporada.
American crime toca con desgarro cuestiones puntiagudas de la sociedad estadounidense: la homofobia, el sistema educativo y los abusos sexuales en la primera temporada; las relaciones interraciales, las drogas, la violencia, en la segunda… Y lo hace sin pausa, con crudeza y con abundancia de primeros planos. El director da un giro en algunos capítulos para incluir testimonios reales de casos similares, acercándose al género documental. Se emite a partir de hoy en Movistar Series y son 13 episodios.

catastropheCambio de registro con Catastrophe. Un joven norteamericano y una irlandesa, que jamás se habían visto, pasan en Londres una semana de congreso y ella se queda embarazada. Rob Delaney y Sharon Horgan no solo dan vida a los protagonistas, sino que son los creadores de esta serie. Estamos ante una comedia poco convencional, con un lenguaje directo, políticamente incorrecto y que aborda el día a día de una pareja que decide seguir adelante con la relación cuando apenas se conocen. Quizá esa frescura ante la cámara venga de que Delaney se hizo famoso por promocionarse en Twitter y tener un millón de seguidores. Horgan ha sido presentadora, actriz y guionista y consiguió el éxito la comedia Pulling. Tiene el British Comedy Awards
La segunda temporada reflexiona sobre la paternidad y acaba en una crisis de pareja. Como dato curioso, la recientemente fallecida Carrie Fisher (siempre será recordada como la princesa Leia de La Guerra de las Galaxias) interpreta a la madre de él. Está disponible en Movistar Series desde el miércoles, 15 de marzo.

Otro estreno, aunque a toro pasado. Solo un inglés es capaz de ir al desierto con su traje de tweed confeccionado por un sastre de Savile Road de Londres. Eso hizo George Edward Stanhope Molyneux Herbert, más conocido como lord Carnarvon, cuando buscaba en Egipto una excavación para financiar. Encontró a un joven arqueólogo llamado Howard Carter y de ahí nació una colaboración que dio al mundo uno de los más fantásticos descubrimentos del siglo XX: la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, en la región de Luxor. El joven faraón da nombre a una miniserie británica de cuidada ambientación (como es habitual) con el trasfondo de la rivalidad entre los museos europeos y americanos que buscaban tesoros para exponer y con la primera gran guerra en marcha. El veterano Sam Neill (El piano) da vida al noble, mientras que Max Irons (The host) interpreta al arqueólogo que abrió el último sarcófago de este rey egipcio en octubre de 1925. Está producida por ITV Studio, consta de cuatro episodios y se emite en #0.
familyUn aviso para navegantes: TVE estrenó la serie española iFamily la semana pasada. Visto el primer episodio solo cabe señalar que es de la misma productora que Ana y los siete.

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Jorge Sanz se reinventa

 

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En la primera temporada -emitida por Canal + hace ya cinco años- interpretaba a un actor venido a menos que se ganaba la vida haciendo bolos y al que la gente confundía por la calle con Alejandro Sanz. Tan mal le iba que se dio a la bebida, tocó fondo y sufrió un infarto. Ahora, a Jorge Sanz le van las cosas mejor: se hace fotos por la calle con las señoras mayores, rueda un anuncio de café como el de George Clooney y comienza el rodaje en Budapest de La reina de España con Fernando Trueba, Penélope Cruz, Antonio Resines, Santiago Segura, Javier Cámara y demás, y tiene un romance con dos bellezas: Úrsula Corberó y Pilar Mayo, que es canaria y no cubana. También aguanta una bronca espectacular de Aitana Sánchez-Gijón en una escena redonda. Así arranca, con un capítulo especial, la última entrega de ¿Qué pasó con Jorge Sanz?, estrenada en Movistar Series y dirigida por David Trueba.
Es atípico en nuestro país que los actores se interprenten a sí mismos y que la trama gire alrededor de su vida y de sus actividades profesionales y personales, aunque sea en la ficción. Como también es atípico su formato. No se trata de una serie convencional, con capítulos que se emiten cada semana, sino de episodios especiales, que pueden ser cuatro o seis, según anunció el mismo Trueba, y que no tienen fecha de estreno.

En esa ficción con personajes reales radica en buena parte la originalidad de esta serie, en la que vuelve a cobrar protagonismo el actor menos conocido del reparto. Eduardo Antuña da vida a Amadeo, el desastroso agente artístico de Sanz que antes de representarlo vendía quesos y que compara cualquier cosa (y persona) con este producto lácteo. Pone la nota agridulce en este capítulo de apertura, que sigue explorando el mundillo de la interpretación.
Pablo Carbonell comentaba en el estreno que esperaba ver “una reflexión” de David Trueba sobre “las luces y sombras de este trabajo” y visto lo visto parece que lo consigue. Para completar, la cadena privada ofrece un documental de cómo se hizo el episodio y la temporada anterior al completo lista para descargar.

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Perla cálida

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Juana Costa y Jorge Perugorría, en una escena del primer episodio.

El colapso de la Unión Soviética en 1991 tuvo un efecto dominó en los países comunistas y en Cuba comenzó el periodo especial, una época en la que las restricciones de consumo eran casi diarias. El diario oficialista Granma advertía a la población “sobre medidas adicionales con motivo a la escasez de combustibles y otras importaciones”. En ese ambiente se desarrolla la acción de Cuatro estaciones en La Habana, una serie dirigida por el navarro Félix Viscarret y protagonizada por Jorge Perugorría. El teniente Mario Conde (no es broma) investiga la violación de una profesora que acaba, drogas de por medio, en asesinato; la muerte de un alto cargo corrupto; la de un homosexual hijo de un diplomático, y la de un retornado de Miami que en el pasado había dirigido la sección de Bienes Expropiados. Los guiones están basados en la obra del mismo título del escritor cubano Leonardo Padura y firmados por su esposa, Lucía Lopez Coll. Se trata de ocho episodios, dos por cada estación del año, en los que se resuelven los cuatro crímenes, en los que intervienen Juana Costa, Carlos Enrique Almirante y Mario Guerra, entre otros actores. La serie se puede seguir en Movistar Series Xtra y Netflix.
La decadencia de La Habana acompaña al policía en una ciudad en la que pululan personajes marginales y que en cierta medida escapan al control del régimen, aunque no se profundiza en el mundillo que rodea estas situaciones y muestra apenas unos detalles. Solo el episodio relacionado con la homosexualidad explora algo –y con una gran delicadeza–en ambiente gay en la capital cubana.

Hay quien denominó nordic noir a las series escandinavas de misterio y por contraposición aquí estamos ante el noir caribeño. Al fin y al cabo tocan los mismos temas (el crimen, en definitiva, en sus múltiples variantes), pero en dos sociedades diametralmente opuestas. Aquí se muestra la vida en Cuba: la sensualidad y la sexualidad a flor de piel, la actitud ante una vida que navega entre la escasez y la falta de libertad, las ganas de fiesta con cualquier excusa, de charlar con los amigos para contar los sueños… Padura utiliza el género policiaco para dar una visión de la sociedad cubana del momento.
Las actuaciones son buenas, también la fotografía; la música no puede faltar en Cuba, aunque el protagonista y sus amigos sean fieles seguidores de los Creedence Clearwater Revival y los ritmos locales queden en un segundo plano. Pero por encima de todo queda el escenario: La Habana, con sus calles cruzadas por cables de la luz, fachadas que hace un siglo no ven una mano de pintura, sus carteles revolucionarios, los carros de los años 50 circulando por el paseo del Prado y el malecón, y por supuesto, sus gentes, siempre en la calle. La iconografía revolucionaria al completo.
En el paraíso socialista de Fidel Castro también había crímenes.

 

 

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The night of

La serie Ley y orden, una de las más veteranas de la televisión, creada en 1999 por Dick Wolf y con varias franquicias, contaba en episodios de unos tres cuartos de hora el procedimiento de investigación, detención y puesta de los criminales a disposición del juez, con la intervención del fiscal, forenses, etcétera. Es una forma de conocer el sistema penal de Estados Unidos.

the-night-of_nasirMucho más detallado es el caso de The night of, producción de HBO creada por Steven Zaillan y Richard Price (guionista de The Wire) basada en la serie británica Criminal justice. En ocho capítulos se narra la peripecia de un joven universitario neoyorquino de origen pakistaní que le quita el taxi a su padre para asistir a una fiesta, se encuentra con una chica, con la que pasa una noche de drogas, alcohol y sexo y cuando se despierta, ella está cosida a puñaladas. Nasir Khan (interpretado por Rachid Amed, en primer plano en la foto) es detenido y en la comisaría se topa con un abogado (John Turturro) experto en defender a delincuentes cuya mejor salida es llegar a un acuerdo con la fiscalía. Este es el argumento del primer capítulo, nada original si se piensa, pero hay algo que atrapa al espectador. El chico insiste en su inocencia y siempre planea la duda razonable sobre la autoría del crimen. En los ocho episodios, lentos al principio, quizás demasiado minuciosos con el trabajo policial, se narra su estancia en la prisión de Rikers, la relación con sus padres y los abogados y el proceso judicial y policial. La trama toma vuelo cuando se descubren varios fallos de los investigadores y se da a entender que el caso podría dar un vuelco. Un detalle para quienes les gusten las series: el masca de la cárcel es Michael K. Williams, que interpretó magistralmente al delincuente Omar en The Wire. Aquí toma al protagonista bajo su tutela.

El acusado asiste impotente como un espectador al procedimiento que le envuelve y que se va volviendo asfixiante ante la falta de garantías; todo parece apuntar a que ha sido él. Y tanto es así que esperas que confiese en cualquier momento; pero no lo hace. La trama consigue mantener la tensión, de eso se trata, mientras se analizan las inconsistencias de un crimen  en el que falta el porqué. Buena imagen y ambientación en esta serie que pasó con más pena que gloria por la pequeña pantalla y que fue en su día una apuesta de la productora por el género negro. Se merece más y merece la pena verla. Este blog es un espacio libre de spoiler, pero atención al final, sorpresivo y abierto.

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Vuelven los zombis a trompicones

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The Walking Dead, de la productora AMC y que se emite en España en Fox a través de las plataformas Movistar Plus, Orange y Vodafone TV, dejó alto el listón al final de la sexta temporada con el grupo de Rick (Andrew Lincoln) rendido ante Negan (Jeffrey Dean Morgan) y Los Salvadores. Duro castigo reciben de esa banda, que les somete y les impone tributos, algo difícil de entender después de las entregas anteriores en las que los protagonistas ni pestañean a la hora de matar a alguien. A Negan –un sujeto sonriente y siempre con el cuello torcido– han tenido media docena de ocasiones de abrirle la cabeza, pero parece que no se deciden. Mejores tiranos ha tenido este serie, como el Gobernador, que hacía y deshacía a su antojo en una comunidad, o Gareth, el líder de La Terminal, una estación destinada a matadero. Estos personajes son muy importantes en la trama porque los protas, además de enfrentarse a los zombis en las situaciones más insospechadas, también tienen que lidiar con los malos, capaces de cualquier atrocidad.

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El actor Jeffrey Dean Morgan da vida al malvado Negan.

La séptima temporada (16 capítulos) se divide en dos partes; la primera –y decepcionante– ya ha sido emitida y la segunda –donde esperamos que quiten de en medio a sus rivales— arranca en Estados Unidos el 12 de febrero y un día después en nuestro país se podrá ver la versión dual.


Esta entrega lleva por título Rebélate. Y ya era hora. De vivir emocionantes aventuras rodeados y perseguidos por zombis (parece mentira lo que avanzan a pesar de ir arrastrando los pies), el grupo lleva ocho episodios conteniéndose y recibiendo humillaciones y palizas. Robert Kirkman, el creador de la novela gráfica que dio origen a la serie opina que The Walking Dead debe durar doce temporadas. De momento, la productora ha asegurado que se empezará a rodar la octava entrega. Sería de agradecer algo más de ritmo (es una ficción de aventura), menos capítulos de observación instrospectiva de personajes y menos discursos del malo de turno.

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Misterio frío

La trilogía literaria Millenium, del sueco Stieg Larssen, fue uno de los fenómenos editoriales de la segunda mitad del siglo XX y como no podía ser de otra forma, la industria del entretenimiento tomó nota y adaptó sus novelas a la pantalla. La tradición de novela negra en los países nórdicos viene de largo y abundan los títulos que han sido traducidos a series de televisión. El policía Kurtz Wallander, creado por Henning Mankell, ha dado lugar a dos series: una británica protagonizada por Kenneth Branagh, emitida entre 2008 y 2016, y otra sueca (2003-2013). La BBC rodó doce telefilmes independientes que dividió en tres entregas. Pesimista, divorciado, triste y bebedor, la serie inglesa incidía en las relaciones con su hija, que había intentado suicidarse.

vargveumDe Noruega llegó el detective Var Veum, creación de Gunnar Staalsen. En TVE se emitieron seis de los trece capítulos de que consta esta serie. Trond Espen Seim  (en la foto) interpretó a este singular personaje que no llevaba armas y que mantenía malas relaciones con la policía.

the-killingMás éxito tuvo la serie danesa Forbrydelsen, que tuvo su versión americana en The Killing y que alcanzó altas cotas de audiencia en la BBC. Su actriz protagonista, Sofie Gråbøl (en la foto) , puso de moda los jerseis de colores. Fueron tres temporadas que la convirtieron en serie de culto. Como dijo en una entrevista, uno de los secretos del éxito es que “nunca hay sol y nunca sonríe Sarah Lund”, el personaje que interpretaba.

series-nordicas-bron-broenHasta tres versiones se hicieron de Broen/Bron, conocida en nuestro país como El Puente. Se trata de una coproducción entre Suecia y Dinamarca lanzada en el 2011 y que tuvo su réplica en Estados Unidos con The Bridge (de 2013 y con un impagable Damien Bichir en el papel de un policía mexicano) y El Túnel, producción anglofrancesa también de 2013.

fjalbackaLa lista podría ser muy larga, con títulos como Los crímenes de Fjallbäcka, una adaptación de las novelas de Camilla Läckberg que gira alrededor de una escritora que vive en un pequeño pueblo y que ayuda a su marido, policía de profesión, a resolver casos. A simple vista parecería el argumento de Se ha escrito un crimen, aquella serie norteamericana en la que por donde pasaba la señora Fletcher (Angela Lansbury) con su bolso en ristre se cometía un asesinato. Pero no tienen nada que ver.

Ahora en España se están emitiendo dos interesantes series de este género que viene de Escandinavia: la noruega Absuelto (Frykjent) y la islandesa Atrapados (Trapped). La primera está protagonizada por Nicolai Cleve Bronch, que interpreta a un hombre de negocios que vuelve al pueblo donde nació, en el que fue inculpado del asesinato de su novia, para hacerse cargo de una empresa de tecnología punta. Rodada en un espectacular fiordo, esta serie, igual que otras muchas, pone en cuestión el tan admirado Estado del Bienestar del que disfrutan los países del Norte de Europa. Al crimen se suma el drama del cierre de la empresa, que da de comer a toda la población, el alcoholismo, el adulterio, la violencia doméstica y un amplio catálogo de problemas sociales. Se estrenó en nuestro país en el verano de 2016 y ya va por su segunda temporada.

Atrapados es una de esas series que enganchan. Al contrario de las americanas, que imprimen acción para mantener la atención de los espectadores, las nórdicas exploran más en los personajes –sin llegar a los extremos de Ingmar Bergman— y sus giros argumentales consiguen que el suspense continúe hasta el último momento. Una baza importante son sus protagonistas. El actor Ólafur Darri Ólafson se come los planos no solo por su envergadura. Da vida a un policía que vivió mejores momentos en la capital y que ahora reside en un pequeño pueblo –impronunciable de nombre– de la costa Este de la isla donde se cometen varios asesinatos y que queda aislado en pleno invierno con un asesino en algún sitio. Ólafson se ha convertido en un sex simbol en varios países de Europa. En Francia consiguió esta serie cinco millones de espectadores y en el Reino Unido solo el último capítulo logró una audiencia de un millón. Su compañera Hinrika (Ilmur Kristjánsdóttir) aporta espontaneidad a la trama con su interpretación. A los asesinatos se une un suicidio, trata de personas, la mafia del Este de Europa, especulación del suelo, corrupción policial… todo esto en un país con uno de los índices más bajos de criminalidad.

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Un papa como mandan los cánones

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Parecía en un principio que el papado del ficticio Pío XIII iba a dejar en mantillas al de Francisco por sus aires de apertura, pero era una trampa. El napolitano Paolo Sorrentino (Oscar y Goya en el 2013 por La gran belleza) dibuja un papa que se niega a conceder audiencias, que sale al balcón de la plaza de San Pedro sin que se le vea el rostro para abroncar a los fieles y que impone la misa de espaldas y en latín; además, fuma, mucho y en cualquier lugar. Jude Law da vida en The Young Pope (HBO) a Lenny Belardo, un italoamericano de 47 años, abandonado en un orfanato y que no se sabe muy bien cómo fue elegido por el cónclave.

La estética visual de Sorrentino y la puesta en escena de la Iglesia a la hora de la liturgia juegan un papel importante en esta serie que deja entrever las maquinaciones del Vaticano, aunque sin profundizar y sin hacer de este asunto el centro de la trama. Es el personaje de Law el eje de todo: sus frases (“Soy una contradicción como el propio Dios, que es uno y trino”), su pasión por la ceremonia, su obsesión por encontrar a sus padres o por el control de lo que le rodea dan una imagen de la complejidad del pontífice.

El papa no está solo. Uno de los gestos tramposos del principio de la serie es nombrar a una mujer su asesora personal, algo inédito en la curia. La hermana María (Dianne Keaton) fue quien crió a Belardo y en quien se apoya en los primeros momentos. El secretario de Estado vaticano, el cardenal Voiello (Silvio Orlando), es el prototipo de cura sibilino y también es un seguidor incondicional del Nápoles. Por último, Javier Cámara es el maestro de ceremonias de la Santa Sede, alcohólico y homosexual, al que el papa encarga que investigue un caso de pederastia.

Muchos cinéfilos sostienen que cada fotograma de las películas de Lucchino Visconti era un cuadro, una obra de arte. El director de fotografía de esta serie, Luca Bigazzi, no se queda atrás. La escena de presentación de títulos es impactante y los planos rodados del cónclave de cardenales en la Capilla Sixtina son de impresión.

Sorrentino consigue a lo largo de diez capítulos que Pío XIII fascine, bien para tenerlo como referencia espiritual (es un hombre íntegro) o para todo lo contrario. El propio director, que deja la puerta abierta a una segunda temporada, confesaba que su idea era “indagar en las contradicciones y dificultades en un mundo tan fascinante como el del clero”. Creo que ha conseguido su objetivo, aunque haya pasado de puntillas sobre los temas escabrosos que señalan hacia la Iglesia.

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Por aquí pasó Sherlock

Casi tan antiguas como la propia televisión, las series viven un momento de auge. Sea por la variedad de temática, por la comodidad de poder verlas cuando nos apetezca y en el dispositivo que elijamos, porque directores y guionistas de cine se han pasado a la televisión o porque las programaciones en las cadenas convencionales son cada día más aburridas, las series se han convertido en un fenómeno que engancha. Ahí está Juego de Tronos, un universo de ficción que lleva ganados 38 premios Emmy y que cuenta a sus seguidores por millones. La caja tonta ha mostrado su capacidad de reinventarse y ganar audiencia con las series.  Este sector de la industria audiovisual tiene sus reglas y sus tempos y enero es un mes de estrenos porque las navidades se han convertido en un parón. Las cadenas y las productoras americanas lo tienen todo estudiado y hace tiempo se dieron cuenta de que la audiencia cae a plomo durante las fiestas navideñas. Hablamos entonces de estrenos de temporadas, que no de series.

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La serie más temprana en estrenar este año ha sido Sherlock. La BBC emitía el primer capítulo de la cuarta temporada el 1 de enero y al día siguiente estaba disponible en España a través de Netflix. Son solo tres capítulos los que componen esta tanda que narran desde un curioso prisma las aventuras del detective más famoso de todos los tiempos. Buena parte de su éxito se debe al actor que da vida a Sherlock Holmes, el británico Benedict Cumberbatch, que ha dejado de lado su carrera en Hollywood –nominado al Oscar por The Imitation Game— para volver a encarnar al rey de las deducciones creado por sir Arthur Conan Doyle. Como es habitual le acompaña su amigo John Watson (Martin Freeman) y planea la sombra del malvado doctor Moriarty. No le queda a la zaga Culverton Smith (Toby Jones), filántropo con malísimas intenciones que aparece en el segundo episodio. A estas alturas, el detective no acepta cualquier caso y solo le interesan los retos que no puede resolver sobre la marcha. En estos capítulos interviene su hermano Mycroft (Mark Gattis, que es uno de los guionistas) y Mary Watson, Morstan de soltera y con un oscuro pasado (Amanda Abbington), el inspector Lestrade (Rupert Graves) y su casera, la señora Hudson (Una Stubbs).

La serie ofrece una estética cuidada, una narración fluida  ambientada en el Londres contemporáneo y un magnífico elenco. Sherlock mezcla la seriedad con el humor y la intriga con la acción. Esta temporada riza el rizo en cuestión de misterio porque en las redes ya se habla de un cuarto capítulo. Y es que los guionistas Steven Moffat y Mark Gattis dejaron una serie de pistas que apuntaban hacia una mini serie de la BBC que cuenta con parte del reparto, y de ahí que los seguidores del detective deduzcan que el inquilino del 221B de Baker Street no ha acabado con el caso que llevaba entre manos.

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Con Homeland regresa un peso pesado de las series. Claire Danes vuelve a la piel de la bipolar agente de operaciones de la CIA Carrie Mathison (foto), que ahora trabaja en Brooklyn en una ONG para la integración de los musulmanes.

Basada en una serie israelí de Giddeon Rafft, los guionistas siempre han apostado por la actualidad. En las distintas entregas hemos asistido a la lucha entre el terrorismo islámico y Estados Unidos con escenarios de fondo como Irak o Pakistán.   Si en la quinta temporada se abordaban los atentados yihadistas en Europa (en Berlín en concreto), en esta la acción comprende desde el triunfo en las urnas de Elizabeth Keane (Elizabeth Marvel) hasta su investidura como presidenta del Estados Unidos, que no simpatiza con los métodos de la agencia (la CIA). Los servicios de inteligencia se emplean a fondo para que los simpatizantes del Estado Islámico “no creen redes, como en Europa”, dice uno de sus directores. El otro hilo de Homeland es el agente Quinn (el actor inglés Rupert Friend). Después de ser torturado con gas nervioso en Alemania, el espía está ingresado en un hospital de veteranos en Nueva York donde no le va nada bien.

Se estrena en la FOX en versión original subtitulada el 19 de enero y consta de 12 episodios.

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También se suma a los estrenos de temporada Scandal. Empezó con ritmo y morbo (la protagonista se lió con el presidente de los Estados Unidos), pero va camino de quedarse en un pase de modelitos de marca de la asesora Olivia Pope (Kerry Washington). Shonda Rhimes, creadora de esta serie y de la inagotable Anatomía de Grey (ya lleva 13 entregas), decidió reducir de 22 a 16 los episodios por el embarazo de la protagonista. Atento  a los planos que toma la cámara, porque en el anterior embarazo –que coincidió con la tercera temporada– la actriz parecía que estaba en busca y captura de lo poco que se asomaba a la imagen.   Rhimes también se ha replanteado los guiones porque la trama giraba alrededor de una conspiración de Rusia para alterar el resultado de las elecciones de Estados Unidos. Para más inri, la temporada se estrenó en América el 19 de enero en la cadena ABC, justo un día antes de que Donald Trump comience a gobernar. Todo muy curioso. Desde el 20 se puede visionar en Fox España.

vikingos-2Vikingos llega a su cuarta temporada. Sangre y fuego para contar, entre la historia y la leyenda, las andanzas de Ragnar Lodbrok, un granjero que se convirtió en rey de los nórdicos y que llegó a poner sitio a París en el siglo IX. El australiano Travis Fimmel fue la imagen de una campaña de ropa interior de Calvin Klein antes de protagonizar Vikingos. En esta entrega, Ragnar quiere volver a Inglaterra para vengarse por la muerte de unos colonos, mientras que su hijo Björg ha descubierto que el Mediterráneo existe y que está lleno de ciudades para saquear.

Esta coproducción emite sus diez episodios en el canal TNT los miércoles a las 22.30 horas. La cadena anuncia que habrá quinta temporada.

Más estrenos este enero. Segunda entrega de Into the badlands (18 enero. AMC), de artes marciales e inspirada en una fábula china; Six, miniserie sobre un equipo de los Navy Seals que tiene como misión eliminar a un líder talibán (18 enero. HBO); Broad City, comedia centrada en la vida de dos jóvenes amigas en Nueva York (20 enero. Comedy Central España); Frontier, aventuras en el Oeste filmadas en Canadá y protagonizadas por Jason Momoa, el Khal Drogo de Juego de Tronos (20 enero. Netflix España); La semilla del diablo (23 enero. Dark España aunque ya fue emitida por Cosmopolitan TV); Matador, en la que una estrella del deporte lleva una doble vida como agente encubierto de la CIA (24 de enero. HBO España en versión original subtitulada); Einstein, serie alemana sobre un joven bisnieto de famoso físico que ha heredado su talento (25 de enero. AXN y AXN White) con leves toques de humor (alemán, claro), y la quinta entrega de la canora Nashville, para quien no le guste el rock y prefiera música country,  doblaba al español (27 de enero. Movistar Series).