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Humillación indirecta

En inglés se distinguen dos tipos de vergüenza: la que sentimos cuando hemos hecho algo moralmente mal (shame) y la que sentimos cuando hacemos el ridículo (embarrasement). También hay un tercer tipo de vergüenza, la vergüenza ajena, un término típicamente español, aquella que es una humillación indirecta y que tiene su punto de empatía porque nos ponemos en la piel de otro que pone en peligro su integridad al violar alguna norma social. La serie Vergüenza (Movistar) incide en esta última modalidad de la mano de Jesús (Javier Gutiérrez), un especialista en meter la pata sin ningún tipo de remordimiento; al contrario, el hombre es insistente.

 

Creada por Juan Cavestany (Dispongo de barcos) y Álvaro Fernández-Armero (Todo es mentira) cuenta la historia de un fotógrafo de bodas y bautizos con ínfulas de artista, especialista en provocar situaciones incómodas. Arrasó en los Premios Feroz como mejor serie, mejor actor (Javier Gutiérrez, El autor), mejor actriz (Malena AlterioPerdiendo el norte) , mejor actor de reparto (Miguel Rellán, Amanece, que no es poco) y encaja perfectamente en la definición del diccionario (sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos).

El formato es novedoso en el ámbito de la comedia española. No está rodada en un escenario, no tiene risas añadidas y dura cada episodio entre 20 y 25 minutos frente a la hora metida con calzador de otras series, que sí que dan vergüenza ajena. Son 10 capítulos que tendrán continuación en una segunda temporada.

Gutiérrez borda el papel de impresentable, capaz de mirarle el canalillo a su suegra sin sonrojarse, y construye ese tipo de persona que no tiene educación y no sabe (tampoco le da la gana) comportarse en público. Su pareja sueña con tener una vida normal, con quedarse embarazada, pero Jesús supone un lastre difícil de evitar. En una reciente entrevista, Gutiérrez apuntaba que la serie buscaba “incomodar al espectador”. El objetivo está más que cumplido.

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La peste suena mal

Dos mil figurantes, 130 localizaciones, 200 actores y unos 400 profesionales detrás de las cámaras son la tarjeta de presentación de la mayor producción televisiva española hasta la fecha. Diez millones de euros han costado los seis capítulos de La peste, una serie original de Movistar + creada por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, que triunfaron en los Goya con La isla mínima. El inusual despliegue de medios ha dado como resultado una muy buena acogida en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y un amplio seguimiento de la audiencia.

peste-1El argumento gira alrededor de las pesquisas de Mateo (Pablo Molinero, a la izquierda en la foto  junto a Sergio Castellanos), sentenciado por la Inquisición por imprimir biblias protestantes, para esclarecer una serie de crímenes de personas notables en la Sevilla de 1597, una ciudad amenazada por la peste, epidemia que acabó con 60.000 almas, casi la mitad de la población. La bacteria Yersinia pestis se propaga a través de las pulgas infectadas en viven en animales pequeños -léase las ratas-, las picaduras de los insectos transmiten la bacteria que viaja por venas y arterias hasta los ganglios linfáticos y la muerte se presenta en un plazo que va de la semana a los diez días, después de episodios de fiebre, vómitos y dolor de cabeza. A la estreptomicina todavía le quedaban algunos años para que hiciera su aparición.

Con una magnífica dirección artística, la acción nos lleva a las Reales Atarazanas, la Casa de Pilatos o la sala de Capitulares del Ayuntamiento. Pero sobre todo se recorre una ciudad en la que abunda la miseria. Calles embarradas permanentemente, ratas, casas que se caen, un mercado de esclavos en las cadenas de la mismísima catedral, burdeles y tabernas se suceden a lo largo de los episodios. Si Sevilla era el puerto de Indias y la capital más próspera de Occidente cabe preguntarse cómo sería la más pobre. Así, la ciudad se convierte en una protagonista más en un viaje en el tiempo para poner en contexto la narración. Y de esa forma sabemos que cuando alguien contraía la peste era abandonado a su suerte y su destino, tras el paso por los infectos hospitales, era una fosa común.

La peste bubónica paraliza la actividad de Sevilla y las autoridades deciden cerrar a cal y canto las puertas de la muralla, condenando a sus habitantes a un futuro más que incierto. Pero no a todos. Como pasa siempre en las crisis, hay quien se hace rico; poco ha cambiado desde entonces. Es el caso de Luis de Zúñiga (Paco León), a quien la peste le sirve para escalar puestos en la sociedad. En el reparto encontramos a Paco Tous, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Sergio Castellanos, Cecilia Gómez, Tomás del Estal, Antonio Dechent y Lupe del Junco.

La serie ha recibido críticas en medios y redes sociales por el acento andaluz de los actores (León, Dechent y Solo son andaluces y hablan alto y claro; Molinero es de Castellón y susurra como él solo aunque en el trailer se le oiga perfectamente), normal si la acción se desarrolla en Sevilla, aunque la dificultad para entenderlos no está en la manera de hablar, los giros o vocablos que se emplean, sino en la vocalización, más grave cuanto más joven es el actor o actriz. Claro que lo mismo pasó con Narcos. Costaba pillar el tranquillo a tanto hieputa malparido pronunciado por el actor brasileño Walter Moura. Menos mal que la serie dispone de subtítulos. Un gran fallo para una gran serie, que esperamos que se subsane en siguientes entregas.

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Salidas y entradas

 

El momento dulce que vive la industria televisiva se plasma en la cantidad y calidad de las series que se emiten a través de cadenas y plataformas y este 2017 recién acabado ha sido un buen año. A la hora de elaborar una lista las combinaciones son enormes y esta que viene a continuación solo sigue el criterio de que me han gustado

El cuento de la criada

handIndiscutible ganadora de los Emmy por muchos motivos: por su originalidad, argumento, interpretación, fotografía… La novela de la escritora canadiense Margaret Atwood llevada a la pequeña pantalla ha sido una de las grandes sorpresas de este año. El mundo teocrático que dibuja es cuanto menos preocupante vistos los derroteros de alguna que otra sociedad. La productora Hulu prepara una segunda temporada, aunque el libro no dejaba opción de seguimiento de la trama. Será un placer volver a ver a Elizabeth Moss en abril, mes para el que se ha programado el estreno de la segunda entrega.

Babylon Berlín

babylonUna muestra de que en Europa se pueden hacer buenas series. Muy original, narra las aventuras de un policía en la Alemania previa al nazismo y lo hace con unos dignísimos medios y unas buenas interpretaciones. Muy buena ambientación y una música impactante.

 

 

 

 

Strangers Things

La segunda temporada en absoluto desmerece a la primera, que fue un rotundo éxito de público y crítica. Los chicos del pequeño pueblo de Indiana que alberga una puerta de entrada a una terrorífica dimensión cumplen con creces las expectativas de una serie dirigida a los más jóvenes pero capaz de enganchar a los más mayores. Habrá tercera entrega; eso dicen en Netflix.

 

 

Narcos

Aquí no cabe aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”. Es cierto que la ausencia del Emperador de la Cocaína (Pablo Escobar) se hace notar, pero sus sucesores no desmerecen. El cártel de Cali tenía otra forma de actuar, pero seguía siendo una organización criminal como la de Medellín. El agente Javier Peña (Pedro Pascal) estuvo acompañado en esta temporada por varios actores españoles: Javier Cámara, Tristán Ulloa y Alberto Ammán. La próxima entrega se centrará en los cárteles mexicanos. El trailer ofrece una curiosa versión de uno de los boleros más famosos: Dos gardenias para ti

 


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Feud

Cambio de registro total respecto a las series anteriores. Aquí no hay violencia; hay un enfrentamiento dentro y fuera del plató entre dos de las más grandes estrellas del star system de Hollywood. Bette Davis (Susan Sarandon) y Joan Crawford (Jessica Lange) se sumergen en el rodaje del dramón ¿Qué fue de Baby Jane? Y salen a relucir sus envidias, recelos, caprichos y demás que dieron grandes dolores de cabeza al director y al productor. Es conveniente ver la peli antes de la serie.

 

 

 

 

Juego de Tronos

La serie de las series encara su recta final con su despliegue habitual de fantasía, batallas, intrigas y sexo. Solo por ver el episodio La batalla de los bastardos o el último capítulo de la temporada ya merece la pena esta superproducción, buque insignia de HBO. El interés que despiertan los Siete Reinos, el Trono de Hierro, los Stark y los Lannister es más que suficiente para seguir desde el minuto uno esta serie. Hay tiempo para ver todas las temporadas antes de que se estrene la última y seguro que entremedias gracias al pirateo saldrán a la luz detalles del desenlace. El trailer recoge los lugares de España donde se han rodado escenas.

 

Para algunos el 2018 será un año en blanco porque hasta 2019 no se estrenará la última temporada de Juego de Tronos. Hay vida más allá de esta serie y ahí van unos ejemplos.

Expediente X

Clásica donde las haya, el 8 de enero, ya mismo, se estrena en Fox la temporada 11 con Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), quien ha anunciado que será la última vez que interprete a la agente del FBI. Crish Carter sigue a los mandos de esta serie que arranca con la consabida frase de “la verdad está ahí fuera”.


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House of cards

El escándalo de las acusaciones a Kevin Spacey por abusos sexuales, con un menor incluido, llevó a la productora Netflix a variar la entrega final de la serie, que tendrá ocho episodios y que comienza a rodarse este mes. Será Robin Wrigth quien lleve la batuta de un argumento del que no ha trascendido qué futuro se le reserva al presidente Frank Underwood. Quieren estrenar antes de fin de 2018.

 


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Big little lies

Parecía una historia con principio y final, pero su éxito ha llevado a la productora HBO a anunciar una segunda temporada con siete capítulos. Nicole Kidman y Reese Witherspoon actúan y producen este drama que en la primera entrega abordó el maltrato machista. David E. Kelley, creador de esta serie basada en una novela de Lianne Moriarty, es también el guionista.

 

 

La peste

Producción española de Movistar + creada por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos que sitúan la acción en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI. Mateo Núñez (Pablo Molinero), perseguido por la Inquisición por imprimir libros prohibidos, vuelve a la capital andaluza para buscar al hijo de un amigo fallecido, pero los alguaciles le detienen. Llega a un acuerdo con el inquisidor, quien le perdonará la vida si resuelve una serie de crímenes extraños. La acción se desarrolla durante una plaga de peste negra y cuentan en el reparto con Paco León, Manuel Solo y Teresa López Arnáiz en los principales papeles.

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Lingüística forense

Con un cociente intelectual impresionante (167), una carrera en Harvard y un doctorado en Matemáticas en la Universidad de Michigan, Theodore John Kaczynski ha pasado a la historia como uno de los criminales más escurridizos de los Estados Unidos. El FBI le bautizó como Unabomber y solo después de 17 años de investigación consiguió detenerlo gracias a seguir lo que enviaba a los periódicos. Colocó 16 bombas desde 1978 hasta 1995 y estos artefactos acabaron con la vida de tres personas y causaron heridas a otras 23.

sam-worthingtonLa serie de Netflix Manhunter: Unabomber refleja el trabajo del agente Jim Fitzgerald (que por cierto es el asesor de Mentes criminales) que condujo a los policías federales hasta la remota cabaña en Montana donde el terrorista vivía sin luz y sin agua corriente. Y lo hizo gracias a una entonces novedosa técnica denominada lingüística forense. La clave de todo estuvo en que Kaczynski envió una carta a The New York Times en abril de 1995 en la que prometía cesar en la colocación de bombas si le publicaba un manifiesto, La sociedad industrial y su futuro, en el que vertía sus ideales sobre la destrucción que estaba causando la tecnología. Los rectores del diario decidieron publicarlo y el FBI tenía la esperanza de que alguien pudiera identificar al autor a través de ese escrito. Fue el hermano de Kaczynski quien alertó a un fiscal y este se puso en contacto con el FBI.

Tras su captura, Unabomber tuvo que llegar a un acuerdo con la fiscalía para evitar la pena de muerte. Aceptó ocho sentencias de cadena perpetua no revisables y cumple condena en una prisión federal de alta seguridad en Colorado.

Hasta ahí la historia, porque otra cosa es la serie. En Mindhunter, que tiene ya una entrada en este blog, asistimos a la creación de la unidad de estudio del comportamiento en los años 70 y en Manhunter: Unabomber vemos el desarrollo de estos conocimientos y la lucha de Fitzgerald (Sam Worthington, Avatar) para que sus jefes le den medios para investigar. Reveses se llevó unos cuantos porque ninguno de sus superiores creía que estudiando cómo escribe un asesino se pudiera dar con él. Al final se rindieron a la evidencia y se apropiaron de sus éxitos. Don Ackerman (Chris Noth, Sexo en Nueva York) fue el más crítico con él, le desterró al ostracismo pero no dudó de apuntarse al tanto ante la fiscal general Janet Reno (Jane Lynch, Glee).

unabomber-capuchaPaul Bettany (El Código Da Vinci, en la foto de la izquierda) encarna al terrorista y lo hace con convencimiento, sobre todo cuando conversa con su captor ya en prisión y se establece una lucha mental entre ambos que es de lo más entretenido de esta miniserie. El problema de contar una historia como esta es que se conoce el final, de ahí a que los saltos atrás sean un elemento recurrente (a veces demasiado recurrente) para situar en contexto las acciones de Unabomber. Greg Yaitanes (House) es el director de estos ocho episodios que se dejan ver.

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Una del Oeste

Hay veces en que la industria del entretenimiento no se complica la vida y recurre a lo más sencillo, a la historia clásica de buenos y malos, aunque en ocasiones se difuminen los límites. Godless es uno de esos productos. La miniserie de siete episodios de Netflix se centra en el Oeste con todos sus tópicos: vaqueros, indios (no muchos), un pueblo en medio de Nuevo México y un grupo de bandidos muy malos, como debe ser, de esos de gatillo fácil y que no dejan títere con cabeza.

frank-griffin-godless-averseriesEl joven Ray Goode (Jack O’Connell, This is England) abandona la banda de Fran Griffin (Jeff Daniels, Newsroom, en la foto de la izquierda) después del asalto a un tren, se queda con el botín y acaba en un poblado minero, La Belle, donde el sheriff Bill McNue (Scoot McNairy, Monster) le mete entre rejas. Griffin advierte de que todo aquel que dé cobijo a Goode -a quien recogió siendo un niño y al que considera su hijo- morirá y este criminal es un hombre de palabra.

Hasta aquí puede ser la trama recurrente de los westner, pero hay algún que otro detalle que la hacen distinta. La Belle es un pueblo castigado en el que solo viven mujeres y ancianos. La mina se tragó la vida de todos los hombres y son ellas las que mandan y se administran; de hecho negocian la venta con una compañía minera que quiere reanudar la explotación.

michelle-dockery-godless-netflixEspecial relevancia tienen dos personajes: Alice Fletcher (Michelle Dockery, Downton Abbey, en la foto), viuda de un indio y que vive en un rancho a las afueras, y Maggie McNue (Merrit Wever, Nurse Jacky), la hermana del sheriff. Ellas, junto al resto de vecinas, deberán hacer frente a los 30 bandidos que siguen a Griffin. Aparecen personajes femeninos muy curiosos, como la prostituta que por falta de clientes se convierte en la maestra de los niños del pueblo, la inmigrante alemana que cultiva la pintura, la dueña del hotel, que busca un marido desesperadamente… De esta forma los guionistas sitúan al espectador en un escenario distinto, pero no nos engañemos: el eje, el protagonismo de la narración es el enfrentamiento de dos hombres.

Pero la historia hace aguas. No está bien explicado por qué Goode abandona la partida de forajidos, punto fundamental en esta trama. No se sabe bien cuál es el detonante. El director Scott Frank (Caminando entre tumbas) ejecuta varias miradas atrás para ahondar en la relación entre ambos, pero no alcanza a desarrollar ese porqué. Y motivos no faltan.

El reparto es impecable, completado por Sam Waterston (Newsroom), Thomas Brodie-Sangster (Juego de Tronos), Kim Coates ( Son of Anarchy), la fotografía es buena, aunque mejorables las tomas de paisajes, y el capítulo final es lo que se espera: un tiroteo bestial.

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Sin motivo (aparente)

pullmanEn un apacible día de playa, una joven madre apuñala con el cuchillo de pelar la fruta sin motivo aparente a un bañista. Con este arranque la miniserie The Sinner (Netflix) consigue mantenerte pendiente de la pantalla a lo largo de sus ocho episodios. Basada en una novela de la escritora alemana Petra Hammefarh la clave del asesinato está en la mente de la protagonista Cora Tanetti (Jessica Biel, Next) y el detective Harry Ambrose (Bill Pullman, Independence Day, en  la foto) se emplea a fondo para conocer qué hizo que la chica actuara de esa forma.

 

 

 

Aquí no se trata de saber quién es el asesino, sino por qué lo hizo. Para ello, la narración recurre a numerosos saltos atrás para ofrecer una perspectiva de la vida de la chica: criada en una familia católica y con una hermana menor enferma terminal, coquetea con el sexo y las drogas y un día llega a una situación límite. Aparece tirada en un callejón y no sabe dónde ha estado durante los últimos años.

De esta forma se van conociendo poco a poco las piezas del rompecabezas de la motivación para cometer el crimen con una actuación bastante sólida de Biel, que también ejerce de productora, y de Pullman, un policía que al igual que la protagonista esconde sus propios secretos.

Lo bueno de las miniseries es que cuenta historias que se cierran –ya se sabe: presentación, nudo y desenlace– y que se pueden visionar del tirón en uno de esos fines de semana que no apetece salir a la calle. The Sinner cumple estas dos condiciones.

 

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Otro cuento de Atwood que también va de criadas

“Una vez que te encuentran con un hombre en tu habitación, tú eres la culpable, sin importar cómo ha llegado él hasta allí”. Esta frase la pronuncia Sarah Gadon (Un método peligroso), la protagonista de la miniserie Alias Grace, y cobra actualidad por las recientes denuncias de abusos sexuales que han saltado a la luz en el mundo del cine aunque la escena se desarrolle en el siglo XIX.

 

La novelista canadiense Margareth Atwood, que escribió la aclamada El cuento de la criada, serie que triunfó en los Emmy, vuelve a poner en cuestión la sociedad patriarcal y esta vez se centra en la vida de una sirvienta que acaba entre rejas por un doble asesinato en el que colaboró con otro criado.

La joven Grace Marks y su familia emigran de Irlanda del Norte, donde llevaban una vida miserable, a Canadá, donde siguen en la misma situación hasta que su alcohólico y abusador padre la manda a servir a casa de un acaudalado matrimonio. De ahí pasa a estar a las órdenes de un ama de llaves (Anna Paquin, El piano), amante del señor de la casa. Y es allí donde se comete el crimen y Grace, que en ese momento tenía 16 años, acaba en la cárcel después de que la condenaran a la horca y le conmutaran la pena por 30 años de cárcel. Antes hubo un juicio y un paso por un manicomio donde los abusos y torturas estaban a la orden del día. Está basada en una historia real ocurrida en Upper, Canadá, en 1843. 

grace-1El joven alienista –que era el nombre que recibían entonces los psiquiatras- Simon Jordan (Edward Holfcroft, en la foto de la izquierda) se interesa por su historia y le propone que le cuente lo que ocurrió a fin de saber qué es lo que pasa por la cabeza de una asesina; lo hace a medio camino entre la ciencia y el morbo. Y es ahí donde radica el interés de la narración porque la joven relata lo que ve, lo que siente y lo que creen que piensan los demás de ella con una naturalidad que atrapa, con un lenguaje sencillo, que no simple, y con mucho sentimiento. En las entrevistas entre el doctor y la reclusa es ella la que manda, la que corrige, la que puntualiza, y lo hace con respeto –todas sus frases acaban en la palabra señor—y con humildad. Ademas, oímos sus pensamientos, quizás la mejor parte de la historia

Pero no está todo claro en la crónica de los hechos, que no cuadran, y queda una duda que sobrevuela casi desde el principio. ¿Una chica de rostro angelical es capaz de hacer una atrocidad? o  ¿tras esa imagen de inocencia se esconde un monstruo? Porque, además, la versión de la protagonista es la que se escucha en muchas salas de vistas: “No me acuerdo de lo que ocurrió”. Los dos últimos capítulos tiene la clave de esta historia narrada desde un punto de vista femenino y feminista. La productora es Sarah Polley (Away from hell, nominada al Oscar en 2007 como mejor guion adaptado) y la directora es Mary Harron (American psycho), de la que también fue guionista.

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 Papel para el director David Cronemberg (que ha dirigido a la protagonista en tres películas), como el reverendo metodista Verringer, un hombre que quiere ayudar a la chica y que cree que puede ser indultada por su estado mental, y cameo de la propia Atwood (foto), como una de las feligresas de los oficios dominicales en esta miniserie de seis episodios de unos 45 minutos cada uno producida por Netflix.

Hay quien comparará Alias Grace y El cuento de la criada por el hecho de haber sido escritas ambas por Atwood. La primera es una recreación de un caso real; la segunda es una ficción distópica, pero el nexo está en que la mujer queda relegada a un segundo plano en las sociedades que se describen, algo que por desgracia sigue vigente.

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Babylon Berlín

baby-3El cóctel de miseria y opulencia nunca ha dado buenos resultados. La eterna historia de muchos momentos de la humanidad ha derivado en revoluciones y totalitarismo y Berlín, en 1929, no iba a ser una excepción. La ciudad era refugio de pobres venidos del campo tras las duras condiciones que impusieron los aliados en el Tratado de Versalles (1919) al término de la Primera Guerra Mundial, de artistas de todas las disciplinas (allí se hizo fuerte el expresionismo), de pensadores y también de exiliados de distintos puntos de Europa. Entonces no se llamaba Alemania; era la República de Weimar y Berlín rivalizaba con París. A ellos se sumaba una élite despreocupada compuesta de quienes se estaban haciendo ricos con la potente industria alemana. Mientras, un torbellino político acechaba. Solo faltaban cuatro años para que un oscuro sargento que sirvió en la gran guerra tomara el poder ganando las elecciones con un partido que tenía como símbolo una cruz gamada. Ahí cambió la historia para siempre con el Tercer Reich.

Coproducida por la cadena pública alemana ARD, la plataforma Sky 1 y las productoras  X Film Creative Pool y Beta Film, Babylon Berlín es la serie más cara de la historia de la televisión germana estrenada hasta el momento.

baby-1El policía de Colonia Gereon Rath (Volker Brusch, en la foto de la izquierda, protagonista de la miniserie Hijos del Tercer Reich) cumple una misión en Berlín para recuperar una película porno con la que están chantajeando al alcalde de la ciudad renana, que no era otro que Konrad Adenauer, uno de los padres del Mercado Común Europeo. En la trama está involucrado un grupo troskista ruso que pretende derrotar a Stalin. Una compañera temporal de la comisaría (Charlotte Ritter, Liv Lisa Fries, foto de abajo), administrativa de día y asidua del cabaret Moka Efti de noche, le ayuda en la investigación.

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Liv Lisa Fries interpreta a Charlotte Ritter

 

 

El recorrido de los personajes va de la sordidez de los platós del porno a la penuria de los hogares berlineses pasando por el lujo y derroche del cabaret: champán, prostitución, droga y música, mucha música. Alucinante, por cierto, la canción que se marca Svetlana Sorokina (Severija Janusauskaite) con Zu Asche zu Staub (Cenizas al polvo).

La serie está basada en las exitosas novelas de Volker Kutscher Sombras sobre Berlín (2007), Muerte en Berlín (2009) y Un gánster en Berlín (2010) y se ha dividido en dos temporadas (16 capítulos en total) que emite seguidas Movistar Plus Series. Coescrita y dirigida por Tom Tywkers (El perfume), el ritmo de la narración es dinámico, pero alejado de las series norteamericanas, a veces demasiado rápido. Su punto fuerte es la ambientación, desde los hogares cutres a la sede policial y el cabaret y sus entresijos. Y todo ello lo hace con un toque histórico. Una de las escenas la dedica a la manifestación del Primero de Mayo de 1929, en la que la policía se empleó a fondo contra los sindicatos obreros y que acabó con la vida de una treintena de personas. Esta brutalidad en un momento tan convulso era el prólogo de algo mucho peor que estaba por venir.

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Vuelven las cosas extrañas

Un niño que desaparece en un pequeño pueblo de Indiana en los años 80, unos amigos que salen en su busca, la policía no da con pistas, un siniestro laboratorio del Gobierno y la entrada a una terrorífica dimensión -el Mundo del Revés- con un monstruo (dermogorgon) incluido son los ingredientes de la serie Stranger Things, revelación hace un  año de la plataforma Netflix. Aclamada la primera temporada y esperada segunda, la serie no defrauda excepto el doblaje de los chicos al español. Cine (aunque sea en televisión) de aventuras juveniles cien por cien, ese que nos retrotrae a Los Goonies (Chris Columbus, 1985), Super 8 (J.J. Abrams, 2011), Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1987), E.T. (Steven Spielberg, 1982) o la poco conocida Exploradores (Joe Dante, 1985).

En esta ocasión se profundiza en el origen de Eleven (Millie Bobby Brown) y cobran protagonismo dos personajes: el pequeño Will (Noah Schnapp) y el jefe de policía Hopper (David Harbour). El primero sufre las secuelas de su desaparición y es clave en la trama de esta entrega, mientras que el policía se vuelca en desentrañar el misterio que rodea a una serie de sucesos que relaciona con el laboratorio y que no va tan descaminado. La narración arranca esta vez en la noche de Halloween y consigue mantener el ritmo, aunque se podría pensar que alguno de los nueve capítulos está de sobra en caso de que no se prolongue la serie otra (u otras) temporada más. Y es que se incorpora en el séptimo episodio un personaje prescindible: otra chica con poderes y una banda de patanes que la acompaña en sus fechorías para vengarse de quienes la tuvieron retenida como una rata de laboratorio.

En las incorporaciones destaca Bob (Sean Astin, el hobbit Sam de El señor de los anillos), que interpreta al novio de Joyce Beyers (Winnona Rider) y Max (Sadie Sink), una niña pelirroja que se hace un hueco en el grupo.

La serie sigue siendo recomendable, quizás ideal para un maratón de fin de semana ante la tele con palomitas, aunque no engancha tanto como la primera parte. Aun así, los guiños al cine de la época  como Los Cazafantasmas o Alien (atentos al episodio titulado El renacuajo) son refrescantes y solo por ir captando esos detalles merece la pena seguir Stranger Things para aquellos que vivimos los 80. Para ambientar los capítulos, la banda sonora incluye cuatro o cinco temas por episodio de grupos como The Clash, Skorpions, Bon Jovi, Duran Duran … que fueron grandes éxitos en su momento.

 

No sería justo acabar sin reseñar la promoción. Netflix ha vuelto a dar en el clavo y tal y como hizo con Narcos, los vídeos promocionales son originalísimos y muy adaptados a los españoles. Para no perdérselos.

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Cazadores de mentes

En un país como Estados Unidos con un alto índice de criminalidad (tres asesinatos por cada 100.000 habitantes, aunque lejos de los 68 de Honduras), cualquier esfuerzo que se haga para reducir esa cifra es poco. Esta cuestión de la lucha contra el crimen la han abordado cientos de series televisivas americanas, pero Mindhunter (Netflix) se centra en el aspecto del estudio de la conducta de los asesinos. Alguien dirá que ese es el argumento de Mentes criminales, que ya va por su decimotercera temporada. Mindhunter no tiene esa acción de seguir y capturar al asesino; ya están en prisión o en el psiquiátrico. La trama nos sitúa en los años 70 para narrar la historia de dos agentes del FBI, interpretados por Jonathan Groff (Glee) y Holy McCanally (El club de la lucha), que son destinados a instruir a los policías locales de todos los puntos del país en técnicas de investigación y negociación con rehenes, pero lo que de verdad les importa es conocer cómo funciona la mente de un asesino. Tratan de descifrar la pregunta del millón: ¿El asesino nace o se hace? Y más todavía: ¿Cuándo  y  por qué pasa de ser una persona normal a un individuo irrecuperable para la sociedad?

Hablamos de una década en la que abundaban los asesinos en serie en el país de las barras y estrellas. El caso más llamativo fue el de Charles Mason, que junto a su familia mató en 1971 a siete personas, entre ellas la actriz Sharon Tate (esposa del cineasta Roman Polanski), en Beverly Hills y escribieron la palabra ‘cerdo’ con sangre en las paredes. Hemos oído hablar del Hijo de Sam (David Berkovizt), que mató a seis personas en Nueva York entre 1976 y 77 y que cumple 365 años de condena; de Ted Bundy, que se llevó por delante a 30 mujeres entre el 74 y el 78; de John Wayne Gacy, el payaso asesino, que mató a 30 jovencitos, o del Asesino del Zodiaco, del que no se sabe su identidad y que confesó por carta 37 crímenes cometidos en California, aunque solo se pudieron comprobar siete. Menos conocido es Harry Lee Lucas, que se lleva la palma con 350 asesinatos en 20 años. Todo lo que vemos está basado, desgraciadamente, en hechos reales.

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Estos dos agentes se topan con Ed Kemper, magníficamente interpretado por Cameron Britton (foto), el Asesino de las Colegialas, un sujeto que mató a sus abuelos a los 15 años y cuando salió del reformatorio asesinó a seis jóvenes estudiantes en Santa Cruz (California) a las que decapitó o desmembró y luego practicó sexo con los cadáveres. Lo mismo hizo con su madre. Pues este tipo es el que abre los ojos a los policías al contarles en varias sesiones por qué lo hizo, cómo y de qué forma. “No es fácil despedazar gente; es un trabajo arduo”, dice y ahí queda eso. Es el primero en trazar un perfil del criminal en serie: varón blanco, de entre 20 y 40 años, con una infancia difícil… Algo así como el Hannibal Lecter de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). A Kemper no lo pillaron, fue él quien se entregó y la policía no creyó en un principio su relato.

Gracias a las pistas que le facilita logran que confiese un sospechoso de propinar una paliza a una anciana y de matar a otra a golpe limpio. A partir de entonces se toman su trabajo de otra forma y contactan con una psicóloga (Anna Torv, Fringe) que entra a formar parte del equipo, les orienta y les anima a investigar a fondo los casos de asesinatos fuera de lo común que las policías locales no resuelven por falta de medios o conocimiento; o ambas cosas.

El creador de esta serie es Joe Penhall y tiene entre sus directores a David Fincher, que ya abordó en Seven (1995) a los asesinos en serie. La primera entrega sienta las bases de lo que denomina en criminología estudio del comportamiento y de la conducta, se compone de 10 episodios y antes de que se estrenara ya estaba firmada una segunda temporada. Ojo al personaje que sale al principio de los capítulos y del que se revelan pocas pistas más allá de que vive en Park City  (Kansas). Apunta maneras y corre el rumor de que podría tratarse de Monte Risell, otro de los grandes, que violó y mató a cinco mujeres en 1977 cuando solo tenía 19 años.

Aunque sea difícil de creer, la serie evita la violencia; no se ven los crímenes, aunque sí manejan los policías fotos de las víctimas y escenarios de los hechos. Bastante violencia hay con la descripción de los asesinatos que hacen los propios criminales. La narración es pausada, con muchas conversaciones entre los agentes del FBI no solo del trabajo, sino de sus vidas. Mucho más interesantes son las entrevistas a los psicópatas, que cuentan con una naturalidad pasmosa cómo asesinaron a sus víctimas, por qué lo hicieron y cómo se sintieron.

Siempre ha habido y habrá series que hablen de estos criminales secuenciales, como se les denominó en un principio, como Dexter, Hannibal, True Detective o The Killing, por citar algunas. En país como Estados Unidos, donde un estudio de la Universidad de Radford estima que hay 3.204 asesinos en serie, nunca faltará trabajo para equipos como en el que se retrata en Mindhunter.